CIUDAD VICTORIA, TAMAULIPAS.- Con el alma encendida por la fe y el corazón lleno de amor, miles de victorenses desafiaron la fría madrugada para rendir homenaje a la Virgen de Guadalupe, madre y protectora del pueblo mexicano. Las escalinatas del Santuario de Guadalupe se convirtieron en un océano de luces y plegarias cuando las velas iluminaron los rostros de quienes, con devoción sincera, entonaron ‘Las Mañanitas’.
Desde las primeras horas, familias enteras llegaron al santuario, llevando ofrendas florales y promesas guardadas en el alma. El fuego guadalupano, traído desde la Basílica de Guadalupe, fue símbolo de esperanza renovada y unión espiritual.
El obispo Óscar Efraín Tamez Villarreal presidió la misa solemne, elevando una oración por la paz y la reconciliación en los hogares y en la nación entera. “En esta noche santa, María nos recuerda que Dios nunca se aparta de nosotros. Ella nos mira con ternura y nos llama a abrirle el corazón”, expresó con voz serena y mirada esperanzadora.
Conmovido, invitó a los fieles a ver en cada rostro a un hermano, a ser portadores de luz y esperanza. “Nuestra Señora de Guadalupe es el faro que guía nuestras vidas. Que su amor nos envuelva y su ejemplo nos inspire a ser mejores cada día”.
La emoción se desbordó cuando miles de voces se unieron en un coro imponente, llenando el aire con cantos cargados de amor y gratitud. Las lágrimas rodaron en más de un rostro, reflejo de anhelos, agradecimientos y súplicas personales.
“¿Qué nos inquieta esta noche?”, preguntó el obispo. “Si le abrimos nuestro corazón y nuestra vida, ella nos llenará de júbilo y esperanza”.
Al concluir la misa, el santuario permaneció abierto, acogiendo a quienes quisieron quedarse un poco más, hablarle a la Virgen en silencio y dejar en sus manos sus más profundos anhelos. Fue una noche de fe inquebrantable, donde cada oración se elevó como un rayo de luz en busca de consuelo y milagro.
Por Raúl López García




