Aunque era un secreto a voces, el excandidato presidencial del PRI, Francisco Labastida Ochoa, confirmó que la llegada de Vicente Fox a la presidencia no fue obra de la democracia como se ha tratado de hacer creer, sino producto de un arreglo político celebrado en lo oscurito entre México y los Estados Unidos.
De acuerdo con algunos párrafos del libro “La duda sistemática” escrito por el sinaloense, que leyó la presidenta Sheinbaum en la “Mañanera del Pueblo” el pasado 29 de enero, el presidente Bill Clinton aceptó otorgar al gobierno mexicano el préstamo de 40 mil millones de dólares que le pidió el presidente Zedillo para sortear la crisis económica de 1994, pero a cambio de que entregara al PAN la presidencia en las elecciones federales de 2000.
La razón, que los gobiernos priistas habían dejado de ser garantía de estabilidad política y económica.
El 23 de abril de 2023 el propio exgobernador de Sinaloa denunció el suceso: “A mí no me ganó Fox, me ganó Zedillo”, al que acusó incluso de haber amenazado a tres gobernadores para que colapsaran la campaña electoral y facilitaran el triunfo del vaquero panista del rancho de San Cristóbal, Guanajuato.
Otro excandidato a la presidencia del Revolucionario Institucional, Roberto Madrazo, aseguró que la alternancia del poder que sacó al tricolor de Los Pinos se negoció ante el gobierno estadounidense. “Zedillo, -señaló el tabasqueño- jamás apoyó a Labastida, lo abandono y lo dejo solo”.
La noticia, sin embargo, adquirió relevancia cuando la presidenta Claudia de la República tocó el tema hace cuatro días para señalar que las cosas han cambiado con la llegada de la 4T al gobierno; por más que los adversarios de Morena digan que la situación sigue siendo igual como cuando gobernaban el PRI y el PAN para confundir a la gente.
La diferencia estriba –expresó la mandataria- en que nosotros defendemos la soberanía y preguntó: ¿quiénes fueron los que plantearon que se catalogara a los grupos criminales mexicanos como terroristas y pidieron que los EE. UU. ingresaran a México a combatirlos?
La denuncia formulada por Labastida demuestra quiénes fueron los que negociaron la transición política y que los Estados Unidos se entrometieran en los asuntos internos, a petición del propio gobierno mexicano, sometido totalmente a los intereses y directrices dictadas desde Washington.
En plan de autocrítica, además, el secretario de gobernación durante el gobierno del presidente Zedillo condenó la matanza de estudiantes perpetrada el 2 de octubre de 1968 por el presidente Gustavo Díaz Ordaz. “Fue –dijo—un acto de barbarie, un hecho inhumano, cruel, dramático y retrógrado”.
Con el mismo tono enérgico repudió la sangrienta represión de estudiantes de la UNAM y el IPN del 10 de junio de 1971 ordenada por el presidente Echeverría, del que dijo, además, que fue un agente de la CIA, los dos mandatarios miembros distinguidos del PRI, ahora en desgracia.
Al partido de la Cuarta Transformación podrán acusarlo sus detractores de lo que quieran, menos de que ha sido un gobierno represor, a pesar de la sarta de barbaridades, insultos, injurias, difamación y vituperios que a diario ejercieron contra AMLO, sin que el tabasqueño los haya amordazado ni demandado legalmente, como lo hiciera F0x contra la periodista Olga Wornat.
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