Cuando llegó la cuota de género y la paridad en las candidaturas, empezando a cerrar esa brecha con la obligación de abrir espacios para que las mujeres tuvieran acceso a cargos de elección popular, pero también llegó la violencia por razones de género, que no es más que la oposición de la clase política misógina, negada a una verdadera igualdad y de auténtica democracia en los tres poderes de gobierno.
Obviamente, no fueron colectivos masculinos, quienes lucharon por esa paridad, fueron las mujeres quienes salieron a las calles, tocaron las puertas legislativas y electorales para que le ley, reconociera en hombres y mujeres los mismos derechos a formar parte de la composición de los congresos locales, federales, pero también de los poderes estatales y judiciales; por eso hoy vemos que la paridad es vertical, horizontal y de todas las formas que se le quiera ver, pero no fue algo que se logró fácilmente; existe una resistencia entre los partidos políticos, en las estructuras gubernamentales, y de la misma sociedad, que siguen creyendo que ser mujer se reduce a un hogar y ser madre.
Incluso en los partidos políticos, existe la cultura misógina de quienes siguen pensando que solo los hombres pueden dirigir las estructuras políticas y ser representantes populares, como el dirigente estatal del Partido Verde, Manuel Muñoz Cano, quien llamó niña a una diputada local, para minimizar su trabajo legislativo y desacreditar su voz y ponerla en duda.
La violencia política por razones de género no siempre se manifiesta con gritos o agresiones físicas abiertas; muchas veces se disfraza de “chiste” o de condescendencia, como lo hizo el líder del partido Verde en Tamaulipas, quien fue denunciado ante las autoridades electorales por la diputada, quien alzó la voz, para que se aplique la ley, y en su caso tome un taller sobre violencia política por razón de género, que es lo único a lo que alcanza el castigo punitivo para concientizar a quienes incurren en este tipo de violencia , además de hacer una disculpa pública.
Manuel Muñoz Cano, es un agresor de violencia política por razón de género, que no debe quedar en la impunidad; su actitud misógina al llamar “niña”a la diputada Katalyna Méndez, que hizo el pasado 4 de septiembre ante algunos medios de comunicación, en un tono sarcástico y burlón, no solo ejerció violencia política por razón de género, sino que fue más grave, al hacerlo ante algunos medios de comunicación y periodista, que reprodujeron estos estereotipos de violencia que algunos periodistas justificaron.
El dirigente del verde, debe saber que las frases cariñosas, se deben limitar a su círculo cercano; como por qué le va a decir esa palabra a una legisladora con esa supuesta intención; pero además debe saber, cómo un dirigente político, que los “piropos” son considerados hoy agresiones en la vía pública y en otros escenarios y que su comportamiento tiene todos los elementos que desacreditan a una mujer en el poder y a eso se le llama violencia política por razones de género.
Un jefe partidista misógino, no debe estar al frente de este partido, y lo prudente , es que primero se vaya a tomar un taller sobre los derechos de las mujeres, sobre violencia política por razón de género, lo que le ayudará para que no vuelva a incurrir en este tipo de agresiones, porque de lo contrario, tendrá ese partido un agresor en potencia; queda claro que, utilizó su posición de poder para perpetuar la desigualdad, normalizar la violencia y mandar un mensaje de impunidad. Mantenerlo en el cargo es validar que las mujeres en política pueden ser ridiculizadas y deslegitimadas sin consecuencias. Si queremos instituciones democráticas, estos comportamientos deben tener un costo político real.
La diputada Katalyna Méndez, y con ella todas las legisladoras y funcionarias , deben saber que no están solas. La violencia política de género no es un asunto menor, es grave y al Partido Verde le corresponde dar un paso y deslindarse de quienes empañan su imagen y vulneran los derechos de las mujeres.
Por. Dora de la Cruz




