13 mayo, 2026

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El lugar dónde la fe y la virgen hacen milagros

En este hermoso lugar de Tamaulipas la aparición de la Virgen lo ha convertido en un centro religioso con la visita de miles de creyentes dónde los rezos, las danzas y el fervor se complementan con el arrullo de la cascada que acompaña a los peregrinos.
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CIUDAD VICTORIA, TAMAULIPAS.- El estruendo de la tambora subía por la montaña como un latido antiguo que despertaba al cerro y hacía vibrar el aire.

Los danzantes avanzaban por el camino terregoso, agitando sonajas y panderetas de aluminio que tintineaban como ecos metálicos de otra época.

Entre ellos irrumpía el diablo, desafiante, abriéndose paso con su mueca burlona.

Al frente, dos muchachas sostenían la imagen de la Virgen de Guadalupe, que parecía flotar sobre el tumulto y guiar el ritmo de la procesión que ascendía sin detenerse.

A los lados del sendero desfilaban rostros marcados por la esperanza, la fe y el dolor. Hombres y mujeres maduros avanzaban de rodillas, y sus hijos o nietos les colocaban cojines para aliviar la aspereza del suelo mientras murmuraban plegarias detenidas en el pecho.

Las oraciones se perdían entre el polvo que levantaban los pasos y el aire cálido de la sierra. Para muchos, ese sacrificio era una promesa: la posibilidad de un milagro que devolviera la salud, la reconciliación o el regreso de quien había partido para siempre.

En el trayecto hacia la cueva surgían tiendas improvisadas que ofrecían fruta, aguas frescas, gorditas y pequeñas figuras de metal dorado. Un brazo, una pierna o un corazón eran testimonios mínimos de historias que buscaban cerrarse con una bendición cumplida.

El puente tendido sobre el arroyo de aguas cristalinas anunciaba la entrada al santuario.

El murmullo del agua golpeando las piedras acompañaba a los peregrinos mientras subían y alzaban el rostro para distinguir la figura tallada en la roca enorme de la gruta.

La tradición cuenta que un día apareció ahí, sin aviso, como lo hacen las revelaciones destinadas a quedarse.

Desde entonces, la montaña guarda el eco de los pasos, las súplicas y los silencios de quienes llegan buscando alivio o una señal que los sostenga.

En Semana Santa y cada 12 de diciembre, El Chorrito convoca a miles de visitantes del Noreste de México y del sur de Texas. Para ellos, la fe no es solo práctica, sino convicción: volver a andar, recuperar la vista o curar el mal que ha golpeado a la familia.

Otros piden encontrar al hijo extraviado o llamar de regreso al amor que se fue por un camino sin retorno. Aquí nada se pide a medias; cada plegaria se entrega completa, con la esperanza puesta en un milagro que pueda inclinar el destino.

Desde finales del siglo XIX y a lo largo de todo el siglo XX, este centro religioso ha sido destino de peregrinos que llegan desde los rincones más remotos. Sus historias quedan suspendidas en la sierra, mezcladas con el viento y el sonido constante del agua.

Hoy el sitio adquiere un nuevo impulso con la obra monumental erigida por iniciativa del gobernador Américo Villarreal Guerra. La escultura se levanta cerca de la cima, donde cae el agua del Chorrito, y desde ahí se abre un paisaje que parece no terminar nunca.

El valle verde y el espejo de la presa Pedro José Méndez completan una vista que abraza al visitante. El lugar se vuelve más que un santuario: un mirador natural donde la fe, el silencio y la luz se juntan sobre la piedra y el rumor del agua que no cesa.

La obra es creación de la escultora mexicana Elizabeth María de Fátima Pesquera Caballero, reconocida por su arte sacro y por integrar paisaje, estructura y emoción. Su trabajo en El Chorrito incluye modelado previo, diseño estructural y montaje en la montaña.

Pesquera cuidó que la pieza dialogara con la roca, la caída del agua y la forma del cerro que protege el santuario. El resultado es una escultura que no compite con el entorno, sino que lo completa y lo convierte en un símbolo más profundo del lugar.

El Chorrito, en el municipio de Hidalgo, se renueva como bastión de la fe y como destino de familias que buscan un remanso de paz. Tradición y paisaje se enlazan para darle nueva vida a un sitio que lleva más de un siglo recibiendo peregrinos.

El Chorrito, en el municipio de Hidalgo, es uno de los centros de devoción más antiguos del noreste, su historia comienza a finales del siglo XIX, cuando habitantes de la sierra hallaron en una gruta la silueta de la Virgen tallada de manera natural en una roca. Desde entonces, el sitio se volvió destino de peregrinaciones que crecieron durante todo el siglo XX.

La nueva obra monumental de El Chorrito, en el municipio de Hidalgo, Tamaulipas, fue diseñada y dirigida por la escultora Elizabeth María de Fátima Pesquera Caballero, reconocida por su trayectoria en arte sacro y por integrar técnica, simbolismo y entorno natural en sus piezas. Ella encabezó el modelado, la definición estética, el diseño estructural y el montaje final.

La iniciativa surgió del gobernador Américo Villarreal Guerra, como parte de un proyecto para fortalecer el valor religioso, cultural y turístico del santuario, uno de los más antiguos y concurridos del noreste del país.

La escultura tiene 32 metros de altura, lo que la coloca entre las obras religiosas más altas de México. Fue construida con estructura metálica, ensamblaje modular y recubrimientos preparados para resistir las condiciones climáticas de la Sierra Madre Oriental.

Su construcción se realizó en etapas:
– Modelado y diseño estructural.
– Fabricación de piezas modulares.
– Traslado y maniobra en la cima.
– Montaje panel por panel.

– Integración visual con el paisaje y la caída de agua que da nombre al lugar.

El proceso tomó varios meses de trabajo especializado, con participación de artesanos, soldadores, ingenieros y personal técnico. La inversión total no ha sido hecha pública en la información disponible hasta ahora.

Con su escala monumental y su emplazamiento en la montaña, la escultura se convierte en un nuevo referente espiritual y visual para Tamaulipas, ampliando la identidad de uno de los santuarios más emblemáticos del noreste mexicano.

POR STAFF
EXPRESO-LA RAZON

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