TAMAULIPAS, MÉXICO.- Alcaldes, legisladores y funcionarios de todo nivel han entrado en una disputada adelantada por el botín político más próximo: la elección del 2027, cuando se elegirán a los 43 ayuntamientos del estado, se renovará el Congreso local, y las ocho diputaciones federales.
Así, hay ediles en turno que buscan a toda costa la reelección y otros que pretenden pavimentar el camino para dejar a un sucesor a modo. Hay también regidores, directores, secretarios y legisladores desesperados por figurar con la mira puesta en algún Palacio Municipal.
La entidad volverá a entrar en una etapa de euforia política que de hecho, comenzará este mismo año, pues en el mes de septiembre arranca el proceso electoral.
Si se mantienen los usos y costumbres, en el mes de diciembre habrá algunos candidatos confirmados. Antes de eso -muy pronto- presenciaremos una guerra intestina por las posiciones que están en juego.
No será solo la habitual pelea por las candidaturas, el contexto actual permite vaticinar una recomposición del espectro político local.
El evidente enfrentamiento entre el Partido Verde y Morena que cimbra la alianza de la 4T a nivel nacional, tiene sus repercusiones en Tamaulipas.
Desde ahora, se puede pronostica que habrá muchos municipios donde el PVEM competirá por su cuenta con la intención de conquistar territorio con cuadros que, en su mayoría, han declarado la guerra al morenismo, y que están concentrados sobre todo en la frontera bajo la sombra de Maki Ortiz.
A partir de ese razonamiento, se puede inferir que habrá muchos huecos para “rellenar” en la boleta, pues también debe agregarse que en la oposición se ve poco viable la reedición de la alianza del PRIAN, mientras que Movimiento Ciudadano seguirá con su posición de competir por su cuenta.
La grieta en la capital
La capital del estado es uno de esos municipios donde la tensa relación entre Morena y el PVEM repercutirá en las dinámicas electorales del 2027.
El alcalde Eduardo Gattás ganó la elección después de un explosivo proceso interno que incluyó el “destape” de Jorge “Tico” García, a cargo del entonces delegado de Morena, Mario Llergo Latourniere.
El madruguete orquestado por el tabasqueño -cercanísimo a Adán Augusto López- le costó su salida del estado, y terminó en un fiasco, pues al final Morena registró a Eduardo Gattás para buscar la reelección.
Ese fue el momento en que empezó a crujir la alianza, que hoy está virtualmente rota.
La apuesta del Verde, presidido por Manuel Muñoz Cano, es llevar como su candidato a la alcaldía al Secretario del Ayuntamiento, Hugo Reséndez, quien tendría que competir contra un candidato de Morena, más los que se sumen de la oposición.
En el bando oficial hay varios nombres sobre la mesa.
Uno de ellos es la Secretaria del Bienestar del Gobierno del Estado, Silvia Casas González. A la encargada de la agenda social de Tamaulipas, también se la ha situado como aspirante a la gubernatura, pero en el horizonte político se ve más cerca esta posibilidad.
La diputada local Katalyna Méndez también aparece en la lista de aspirantes y aunque no lo ha dicho de manera explícita, sí ha mostrado su interés en el cargo.
Es la legisladora más joven del Congreso donde preside comisiones como la de Participación Ciudadana.
Entre las opciones masculinas para competir por la alcaldía, está el Secretario del Trabajo, Gerardo Illoldi, actual presidente municipal suplente, y enfrentado políticamente con el edil Eduardo Gattas.
Este choque, de hecho, ha marcado el contexto político de la capital y ha profundizado las diferencias entre morenistas y verdes de cara al próximo proceso.
La oposición enfrenta un panorama complejo.
El repentino fallecimiento del ex alcalde y ex candidato, Oscar Almaraz, modificó las dinámicas al interior de Acción Nacional, y del PRI queda muy poco, lo que pudiera impulsar la opción de Movimiento Ciudadano como tercera vía.
Al interior del partido naranja también hay pelea con al menos dos cuadros en clara misión de posicionarse: Juan José Hernández y el regidor Daniel Pérez Vázquez. Y si la candidatura fuera para una mujer, está la posibilidad de la diputada, Mayra Benavides.
Mientras que de las filas del PRI persiste la figura de la ex diputada local, Alejandra Cárdenas Castillejos.
Frontera caliente
Por su relevancia electoral, su tradición política, y el contexto actual, en los municipios del norte se libra desde ahora una batalla sin cuartel.
Reynosa es el ejemplo más claro. Ahí, en realidad, nunca se terminó el pleito del 2024 por la candidatura de la alcaldía que también incluyó zafarranchos, denuncias y descalificaciones.
Es el municipio con la lista más larga de aspirantes con un caso similar al de Victoria: un llamativo protagonismo del Partido Verde para dar cobijo a los cuadros distanciados de Morena.
Se trata de una gran alianza encabezada por Maki Ortiz y José Ramón Gómez Leal, quienes habían estado históricamente enfrentados.
El trato entre ambos, a juzgar por los movimientos evidentes en el espectro reynosense, incluye pactar una candidatura a la alcaldía y fortalecerse ambos de cara a la sucesión de la gubernatura, que a ambos interesa.
Con las puertas casi cerradas en Morena, recurrirán al membrete del Verde. La apuesta electoral para el 2027 sería la diputada federal Claudia Hernández o alguien más que pudieran imponer, y que les garantice lealtad en el manejo del ayuntamiento con el segundo presupuesto más alto del estado.
La gran diputa entonces sería por la otra candidatura de la 4T.
En esa lista hay muchos anotados, empezando por cuatro diputados locales que ya levantaron la mano sin éxito en el 2024: Magaly Deandar, Humberto Prieto Herrera, Marco Gallegos y Armando Zertuche, quien también se ha quejado abiertamente de haber sido relegado de las actividades partidistas del Movimiento de Regeneración Nacional.
Virtualmente expulsado de esas filas, aparece el ex coordinador del Bienestar en la región, Luis Miguel Iglesias, quien ahora busca obtener una candidatura independiente.
Igual que hace dos años, el proceso interno en Reynosa luce como el más complejo, pero hay otros municipios con mucha relevancia y alta temperatura política.
En Nuevo Laredo se vive una condición particular. Su alcaldesa, Carmen Lilia Canturosas, inicia un claro proceso de posicionamiento de cara a la elección del 2028, cuando aspira a ser candidata de Morena por la gubernatura.
Por tanto, la sucesión en el ayuntamiento se vuelve un asunto estratégico.
La posibilidad de impulsar a Carlos Canturosas para que vuelva a la presidencia municipal no puede darse por segura, porque habría que analizarla bajo la óptica de la posición que ha fijado la presidenta Claudia Sheinbaum contra el nepotismo electoral.
Otros cuadros del canturosismo, como el Secretario de Obras Públicas, Carlos de Anda, podrían convertirse en opciones.
Fuera de ese grupo político, pero aún al interior del morenismo, se menciona con insistencia a la Secretaria de Economía de Tamaulipas, Ninfa Cantú Deandar, y se da por descontado que el diputado Sergio Ojeda, volverá a buscar un espacio en la boleta.
En Matamoros, el futuro electoral está marcado por la debacle del alcalde Alberto Granados Fávila.
La cancelación de su visa por el gobierno de Estados Unidos, lo dejó prácticamente fuera de la competencia por una eventual reelección, lo que desde ahora avivó las aspiraciones de otros cuadros de la 4T fronteriza.
Como el diputado local Víctor García Fuentes, ex dirigente municipal del PRI, y actual presidente de la Comisión de Salud en el Congresos, a quien se le ve como el cuadro más fuerte al interior de Morena.
Pero en el complejo contexto local matamorense, se insiste en la relevancia de Adriana Lozano Rodríguez, a quien muchos ven como el verdadero poder detrás de Granados, a esta coyuntura, como la posibilidad de que final dé un paso al frente y ocupe la silla del Palacio Municipal.
Por lo estratégico de su nueva posición, a la lista hay que agregar por default al nuevo Secretario de Finanzas del Estado, Carlos Irán Ramírez.
En la oposición el escenario está dado para que la ex alcaldesa Lety Salazar, sea la candidata.
La relevancia electoral de estos tres municipios es vital de cara al 2028: de los casi 3 millones de potenciales votantes en Tamaulipas, una tercera parte radica en Reynosa, Matamoros y Nuevo Laredo.
El sur convulso
La zona conurbada vive un momento político que no se veía desde hace al menos dos décacadas: los tres municipios son gobernados por Morena.
Sin embargo, esta condición no implica un ambiente sin tensión electoral, ni mucho menos.
Los movimientos internos de los partidos y la presión de la oposición en uno de sus históricos bastiones, han complejidad las dinámicas en el sur.
En Tampico, Mónica Villarreal todavía tiene la posibilidad de reelegirse en el 2027, pero hay cuadros de la 4T que observan con interés la opción de ser candidatas por la presidencia municipal.
Por ejemplo, la diputada Úrsula Salazar, quien ya compitió por esa posición en el proceso interno del 2024, y al final solo consiguió la candidatura para permanecer en el Congreso.
Su compañera de bancada, Lucero Doesdady, también ha desplegado evidente presencia territorial en un momento crucial.
Pero a diferencia de otros municipios del estado, en Tampico la oposición mantiene una posición de fortaleza que le hace pensar seriamente en competir por recuperar el ayuntamiento.
Particularmente con la presencia del ex alcalde Jesús Nader, quien -entre líneas- ha dejado ver su interés en regresar al gobierno municipal.
En caso de darse su candidatura, el actual diputado local Pepe Shekaiban, haría fórmula para ser el candidato a la diputación federal que actualmente detenta Nader.
Con ambos en la boleta, el ala panista contraria al cabecismo buscaría recuperar su bastión en el sur de Tamaulipas.
En el vecino Madero también hay posibilidad de reelección, pero de igual forma se percibe una euforia al interior de Morena por la candidatura municipal, lo que incluye el interés de Adrián Oseguera por volver a la alcaldía, y el abierto proselitismo del diputado local, Claudio de Leija.
Mientras que el panismo, con escasas posibilidades, baraja la opción de una segunda candidatura para Carlos Fernández Altamirano, o darle la oportunidad al ex magistrado, Andrés González Galván, hijo del ex edil, Guadalupe González Galván.
En Altamira, donde Armando Martínez termina su segundo periodo al frente del Ayuntamiento, ya habido fuertes desencuentros entre estructuras morenistas, visibles por ejemplo, durante la instalación de las asambleas municipales.
Ahí, el diputado local, Marcelo Abundiz, busca imponerse como candidato para la presidencia, pero hay muchos obstáculos que todavía se interponen.
Con el mismo interés destaca la diputada federal, Blanca Narro Panameño y Sandra Muñoz Pecina, Secretaria de Derechos Humanos de la dirigencia estatal de Morena.
También en el municipio industrial del sur de Tamaulipas cobra importancia el Partido Verde, que podría impulsar su propia candidatura para la cual suenan nombres como el del ex candidato panista, Ciro Hernández, o hasta el ex presidente Juvenal Hernández, quien de cualquier manera busca la formalización de un nuevo partido, el CSP: Construyendo Solidaridad y Paz.
En el mismo distrito electoral federal, la región cañera destaca porque municipios como Mante, eran hasta hace poco, un sólido cuartel del panismo.
Hoy, el Ayuntamiento gobernador por Patricia Chío está en la mira lo mismo de morenistas y verdes, que de opositores.
En la primera lista aparecen los regidores Omar Salomon Vargas, Luis Gerardo Montes y Astrid Sontoya Muller, así como el tesorero Rigoberto Rodríguez Rangel. También el diputado local por el Distrito 17, Alberto Moctezuma Castillo, o hasta el ex alcalde Pablo González León.
Y en la segunda, están Sheyla Frida Palacios, viuda del alcalde asesinado, Noé Ramos y el ex líder cañero, Alberto Alarcón Hanún.
En este contexto, la lucha por las alcaldías en 2027 trasciende con mucho la disputa local por el control de los ayuntamientos.
Cada municipio se ha convertido en una pieza clave de un tablero más amplio, donde se miden fuerzas, se ajustan cuentas internas y se redefinen alianzas que marcarán el rumbo político de Tamaulipas en los años por venir. Ganar o perder una presidencia municipal implica construir estructuras, lealtades y narrativas que serán determinantes en la sucesión estatal de 2028.
Por eso, la elección municipal se perfila como un verdadero laboratorio del poder en Tamaulipas. El resultado de esa batalla anticipará no solo quién gobierna los municipios, sino quién llega con ventaja a la próxima gran contienda por el control político del estado.
Por. Staff
Expreso-La Razón




