El 4 de enero se conmemora el Día del Periodista en México en memoria de Manuel Caballero, considerado uno de los pioneros del periodismo moderno en el país. Caballero defendió un ejercicio periodístico crítico, independiente y comprometido con la vida pública, en una época en la que informar también implicaba confrontar al poder.
Con el paso del tiempo, esta fecha también ha quedado marcada por la violencia contra la prensa. El caso de Manuel Buendía, asesinado por su labor de investigación, evidenció uno de los principales riesgos del oficio: denunciar la relación entre el poder y la delincuencia organizada, una de las causas más recurrentes del asesinato de periodistas en México.
En Tamaulipas, como ha ocurrido durante décadas, el gremio ha enfrentado amenazas constantes, desplazamientos forzados y censura. Alzar la voz se ha ejercido en un contexto de violencia e impunidad, particularmente para las mujeres que ejercen una voz pública.
El asesinato de María Elizabeth Macías Castro, ocurrido en 2011, periodista de Nuevo Laredo, marcó un antes y un después.
Su caso fue documentado por el Comité para la Protección de los Periodistas como el primero en el mundo de una comunicadora asesinada por informar a través de redes sociales.
Su asesinato no solo evidenció la vulnerabilidad de las mujeres periodistas, sino que anticipó una violencia que hoy se ha normalizado: la que busca silenciar desde lo digital a la realidad.
Poco tiempo después, el caso de María del Rosario Fuentes Rubio, conocida por utilizar redes sociales para alertar sobre situaciones de riesgo y hechos violentos, confirmó que informar, aun desde el anonimato digital, podía ser motivo de persecución y de muerte.
Actualmente, la violencia no siempre se presenta con armas visibles. Se ha adaptado a los tiempos digitales y a las nuevas formas de comunicación. La agresión ya no solo ocurre en la calle o en la redacción; ahora invade pantallas, redes sociales y espacios personales.
No es casualidad que los ataques incluyan amenazas sexuales, cuestionamientos sobre la vida privada, burlas sobre el cuerpo o la maternidad, y un constante intento por desacreditar la capacidad profesional. No critican el trabajo: castigan la osadía de hablar.
En Tamaulipas, ejercer el periodismo con perspectiva crítica y de género implica navegar entre el riesgo físico, la precariedad laboral y una violencia digital que pocas veces es atendida por las autoridades.
Este Día del Periodista es un llamado urgente a reconocer que la violencia contra las mujeres periodistas es estructural. No empieza ni termina en una pantalla; es una forma de censura.
Por. Daniela Plata Flores
Coordinadora de la Red de periodistas con visión de género Victoria




