La capacidad corruptora del narcotrafico y sus multimillonarias ganancias siempre han asediado a las estructuras del poder económico, el poder político y a las fuerzas encargadas de perseguir los delitos y de procurar justicia en todo el mundo, en Europa, Asia, África, Oceanía y América incluyendo a los grandes países productores de drogas como Colombia, Bolivia, Perú, México y desde luego los grandes consumidores como Estados Unidos. También hay grandes productores en Hong Kong, Birmania, en la Rusia europea, en Afganistan y en Sudáfrica.
Empresarios, comerciantes, prestadores de servicios, productores del campo, jefes militares, jefes de policía, jueces, ministros, magistrados, diputados, senadores, fiscales y procuradores de justicia, y los políticos del más alto rango han sucumbido al poder del dinero y de las armas de los narcotraficantes, los que no ceden ante el soborno lo hacen ante la amenaza.
El grado de influencia que obtienen los grupos delincuenciales varía de acuerdo al continente, el país, la región y las ciudades específicas en donde actúan. El nivel de de presencia y de violencia es diferente en cada lugar y tiene que ver con el interés que tengan cada uno de ellos de acuerdo a su ubicación geográfica, a la importancia económica del lugar, la corruptibilidad de las autoridades y las comunidades y a la demanda de las drogas o de dinero.
La Oficina de las Naciones Unidas para las Drogas y el Delito en su reporte de 2025 informa que un poco más de 270 millones de seres humanos consumieron en todo el mundo alguna droga y de ellos casi 24 millones tienen un problema de adicción. El reporte señala que la droga de mayor consumo es la marihuana, seguida por la cocaína, la metanfetaminas y sus derivados, heroína, la morfina y el fentanilo que siendo de una droga de las de menor consumo es la de mayor letalidad.
Las hemerotecas, los archivos cinematográficos y las bibliotecas contienen miles de testimonios de la presencia y la influencia de los grupos delictivos desde la época de la prohibición en los Estados Unidos hasta la fecha. Desde Tokio hasta Johannesburgo, desde Medellin hasta Culiacán, de Guadalajara a Los Angeles, Nueva York, Marsella o Madrid, de Londres a Nápoles, desde Washington a Ciudad de México, el trafico de drogas trasciende todas las fronteras y contamina las estructuras económicas, políticas y culturales en todo el mundo.
Luis Astorga, en su artículo del 9 de agosto de 2009, publicado por la revista Nexos dirigida por Héctor Aguilar Camín, documentó la presencia corruptora en México del narcotráfico desde los años 30 en hechos como el asesinato del gobernador de Sinaloa, coronel Rodolfo T. Loaiza, en un hotel de Mazatlán, hasta la influencia (desde los años 40) que tenían los narcotraficantes en aquella región del país “se sabía quiénes eran los que se dedicaban a la siembra (de drogas) vecinos, conocidos, campesinos y pequeños propietarios; la Policía Judicial sabía quiénes eran los productores; el Jefe de la Policía en el que iba y controlaba el `por ciento’ que les tocaba, a cambio del disimulo, el apoyo o lo que se quiera. De tal suerte que el Jefe de la Judicial era un personaje con poder, porque tenía importantes ingresos de dinero. Además, el cargo entrañaba y significaba mucha relación con el Gobernador”.
Describe Luis Astorga en su artículo que: “Con base en informes de Harry J. Anslinger, comisionado de narcóticos del gobierno estadunidense de 1930 a 1962, se ha llegado a decir también que cuando los Estados Unidos entraron a la Segunda Guerra mundial, los mafiosos estadunidenses ligados al grupo de Luciano, especialmente Benjamín «Bugsy» Siegel, propusieron impulsar el cultivo de adormidera en México para suplir la escasez de heroína y morfina en el mercado del país vecino. Una vez aprobado el proyecto, Siegel hizo su aparición en el D.F acompañado de Virginia Hill. Organizaron «las fiestas más fastuosas de que se tiene memoria con el fin de `convencer’ a los políticos de entonces que a ellas asistían. Siegel regó dinero a montones y obtuvo el `visto bueno’ que buscaba. A continuación se le vio por Nayarit, Sinaloa, Sonora y Baja California. Estaba en pleno proceso de organización». A raíz de esto, México se habría convertido en el principal proveedor de los Estados Unidos.”
La influencia de estos grupos y su forma de operar se expandió a otros estados de la república, primero hacia Michoacán, Jalisco, Zacatecas, Durango y Sonora, y posteriormente al resto de la república, sin embargo, las autoridades no dejaron de hacer su trabajo en la persecución de esos grupos en un entendido tácito o expreso, según el tiempo y el lugar, de que el disimulo se mantenía con la condición de que su actividades no afectaran a la población civil y se concretaran a producir y traficar drogas hacia los Estados Unidos.
Aún los gobiernos de la época neoliberal, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo y Vicente Fox, desde los años 80 hasta el año 2005, perseguían a las bandas delictivas y detenían a jefes como Ernesto Fonseca, “Don Neto”, Rafael Caro Quintero, Miguel Ángel Félix Gallardo, Héctor Luis “el Güero” Palma, Juan García Abrego, Oziel Cárdenas Guillén, y Joaquín “el Chapo” Guzmán entre muchos otros.
A partir del 1 de diciembre de 2006 el Presidente Felipe Calderón tomó una decisión radical, declaró una guerra al narcotráfico, dijo en su discurso de Toma de Posesión hablando de la violencia en los estados de la república “Se que restablecer la seguridad no será fácil ni rápido, que tomará tiempo, que costará mucho dinero, e incluso y por desgracia vidas humanas, pero ténganlo por seguro, esta es una batalla en la que yo estaré al frente, es una batalla que tenemos que librar y que unidos los mexicanos vamos a ganar a la delincuencia”.
El presidente puso al frente de la lucha contra el narcotráfico a Genaro García Luna. El ejército y la marina salieron a las calles de las principales ciudades del país para suplir a las policías estatales y municipales que fueron desaparecidas por falta de confianza, decenas de miles personas murieron en las calles y carreteras de México como producto de la violencia de esa guerra que se desató en todo el país. El sexenio de Calderón terminó, pero la guerra siguió.
En 2019 las autoridades norteamericanas detuvieron en Estados Unidos a Genaro García Luna y lo acusaron ante una corte en Nueva York, de traficar drogas hacia Estados Unidos y de recibir sobornos de un cartel del narco del área del pacífico mexicano, fue sentenciado a 38 años de prisión y quedó claro que la guerra del narcotráfico de Felipe Calderón era parcial y favorecía a algunos grupos que protegía su gobierno que se dedicaban a traficar drogas hacia los Estados Unidos.
En el inicio de su mandato el Presidente Andrés Manuel López Obrador declaró que su gobierno no llevaría a cabo más matanzas de mexicanos, refiriéndose a las ejecuciones que hacían las autoridades en distintos lugares del país y que fueron documentadas en algún momento por los medios de comunicación y grupos de ciudadanos en las redes sociales, y para reafirmar su decisión el Presidente utilizó la frase abrazos y no balazos, pero su gobierno mantuvo el trabajo de las autoridades para detener las actividades de los grupos criminales.
La Presidenta Claudia Sheinbaum desde el primer día de su gobierno inició una Estrategia para la Construcción de la Paz y la Seguridad de México que ha tenido como resultado la detención o neutralización de los narcotraficantes, el decomiso de drogas, armas y dinero, y la destrucción de laboratorios clandestinos, lo que ha resultado en una disminución sensible de los delitos de alto impacto.
Sin embargo, es notoria la estrategia de los medios y las redes sociales controladas por la derecha opositora para minimizar el esfuerzo y responsabilizar a los gobiernos de la cuarta transformación de una situación general de inseguridad que persiste actualmente el país, pero que tiene su origen y su explicación perfectamente definidos por hechos concretos y comprobados que nadie puede negar, el gobierno del PAN que encabezó Felipe Calderón estaba involucrado en actividades de narcotráfico y es el responsable histórico del inicio de una escalada de violencia en México que aún no ha terminado, los gobiernos de Morena trabajan para recuperar la paz y dar a los mexicanos la seguridad que anhelan y merecen, el análisis debe valorar por su méritos los hechos en su justa dimensión




