Las remesas son una fuente de ingresos complementaria para muchas familias tamaulipecas, sin embargo, para otro segmento de la población no es un “extra”, es la diferencia entre pagar la luz o atrasarse; entre surtir la despensa o recortar porciones; entre comprar medicinas o “aguantar tantito”. Y, ahí es, donde las finanzas diarias nos cuentan una historia que no siempre se alcanza a visualizar.
Lo primero es entender algo básico; las finanzas no son solo números; son decisiones cotidianas que se toman con lo que hay, cuando se puede, y muchas veces bajo presión. Por lo que, administrar el dinero, no siempre es una elección libre. Con frecuencia es una estrategia de supervivencia frente a restricciones muy reales como empleo inestable, servicios deficientes y acceso desigual a oportunidades.
Es en este contexto donde las remesas se convierten en un alivio, pero la incertidumbre continúa, es decir, no siempre llega igual, no siempre llega a tiempo y no siempre alcanza. En la práctica, eso cambia la forma de consumir, de ahorrar y de endeudarse.
Durante 2024, Tamaulipas recibió mil 16 millones de dólares. En 2025, se recibieron 973.6 millones de dólares, es decir, hubo una reducción de (-)4.2% en la recepción de remesas en el estado. Esto quiere decir que, la recepción ha sido menor. Posiblemente afectando el consumo de los hogares receptores de remesas.
Cabe señalar que las remesas tienen un detalle adverso, y es que dependen del tipo de cambio. Durante 2024, el promedio de tipo de cambio fue de $18.33 pesos por dólar; para 2025, el promedio fue de $19.20; mientras que, para lo que va de 2026, el tipo de cambio ha sido de $17.49 pesos.
Por tanto, si a la menor recepción de remesas, le añadimos que el tipo de cambio ha ido disminuyendo, no solamente hablamos de que se ha recibido menos dólares, sino que también se reciben menos pesos por ellos, generando un ingreso irregular para los hogares receptores de familias migrantes.
Así que, cuando el ingreso es irregular, el hogar prioriza lo urgente. No es casual que muchas familias terminen usando crédito para completar la semana. Y, es aquí donde las finanzas diarias se vuelven el lugar donde se nota lo que de otra manera es invisible: los hogares se endeudan no para invertir o mejorar, sino para cubrir necesidades básicas como alimento, salud o transporte.
Y aquí viene un punto clave: a veces se juzga a las familias por no ahorrar. No obstante, hay que tener consideración en que hay meses en lo que no existe margen, puesto que todo el ingreso está comprometido en lo esencial, el ahorro deja de ser una meta realista y se vuelve un lujo. Por eso es importante mencionar que la vulnerabilidad financiera no es únicamente un tema de disciplina, muchas veces es resultado de un entorno que traslada el riesgo a los hogares.
Por eso, cuando hablamos de remesas también hablamos de exposición al riesgo. Si el dinero llega, el hogar se mantiene a flote; pero sigue caminando sobre la cuerda floja. Y, cuando no hay red (ahorro o seguridad social), cualquier sacudida se vuelve grave.
Pero, ¿qué puede hacer una familia que recibe remesas? Sin romantizar, hay estrategias útiles que pueden funcionar. Por ejemplo, es importante separar ingresos fijos de lo variable, ya que, de este modo, se puede saber qué cubre la renta, los servicios y la escuela, y el resto se puede volver metas financieras.
Un aspecto fundamental, es elaborar un fondo de emergencia mínimo en el que el objetivo inicial realista es que aborde una semana de gastos, luego un mes, hasta alcanzar al menos 6 meses de fondo de ahorro.
Este escenario muestra que las remesas ayudan, pero también nos recuerda que muchas familias viven con el presupuesto al límite y que, en la vida real, la estabilidad no se mide solo por ingresos, sino por la capacidad de planear, anticipar y elegir, aunque sea en márgenes pequeños.
Si algo es importante tener en mente, es que el cuándo el dinero del día a día apenas alcanza, no es por falta de ganas, es por falta de piso. Y construir ese piso es tan importante como cualquier consejo de ahorro.




