POR STAFF
Este sábado 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel iniciaron una operación militar coordinada contra la República Islámica de Irán, en lo que ambos gobiernos denominan una acción destinada a desmantelar capacidades estratégicas y presionar por un cambio de régimen en Teherán. La ofensiva, que incluyó ataques aéreos y lanzamiento de misiles contra diversos objetivos dentro del territorio iraní, representa una escalada significativa de tensiones en la región. 
En un mensaje público difundido esta mañana, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que el objetivo de la operación es neutralizar “amenazas existenciales” emanadas del régimen iraní y crear “las condiciones” para que los iraníes puedan redefinir el futuro de su país tras el fin de las hostilidades. Trump también hizo un llamado directo a la población civil iraní a tomar el control político una vez que la situación se estabilice, una postura que fue respaldada por el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. 
Hasta el momento no existe un balance oficial consolidado de víctimas por parte de organismos internacionales; sin embargo, las autoridades iraníes han reportado ya decenas de víctimas mortales en ataques específicos, incluyendo un impacto en una escuela primaria femenina en la provincia de Hormozgán. Según informes locales, al menos 40 niñas habrían muerto y otras más de 45 personas resultaron heridas en ese ataque, que ha causado conmoción nacional y condenas de Teherán. 
Además de este trágico suceso, se han registrado explosiones en la capital Teherán, así como en otras ciudades como Isfahán, Qom y Karaj, con movilización de equipos de emergencia y servicios de salud para atender heridos, aunque aún no se han publicado cifras oficiales adicionales. 
Irán, por su parte, ha respondido con el lanzamiento de misiles y drones hacia territorio israelí y bases militares estadounidenses desplegadas en países del Golfo Pérsico, incluidas instalaciones en Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, según informes de medios regionales. Este contraataque forma parte de la estrategia que Teherán ha denominado “Verdadera Promesa 4” y que busca presionar a los Estados atacantes ante lo que considera una agresión injustificada contra su soberanía. 
La escalada bélica ha generado reacciones diversas en la comunidad internacional. La Unión Europea ha pedido que se respete el derecho internacional humanitario y ha urgido a la calma y a la protección de civiles, mientras varios gobiernos han enfatizado la necesidad de una solución diplomática. Algunos aliados de Estados Unidos han expresado respaldo parcial a la acción, aunque instando al mismo tiempo a evitar una mayor desestabilización regional. 
Organizaciones de derechos humanos han advertido sobre el creciente costo humano de los enfrentamientos, haciendo hincapié en cómo civiles y especialmente niños pueden convertirse en víctimas de la violencia, y han llamado a todas las partes a tomar medidas para evitar más pérdidas inocentes. 
La relación entre Irán y el dúo Israel–Estados Unidos se ha caracterizado por décadas de confrontación indirecta y tensiones crecientes en torno al programa nuclear iraní y a la influencia geopolítica de Teherán en Oriente Medio. Intentos anteriores de presión diplomática y sanciones económicas no lograron resultados duraderos, y acciones militares en años recientes han provocado varias escaladas, como el enfrentamiento militar de junio de 2025, que dejó cientos de muertos en ambos bandos. 
En medio del actual conflicto, la preocupación internacional se enfoca no solo en el número de víctimas y el impacto humanitario directo, sino también en las posibles consecuencias geopolíticas que esta ofensiva pueda tener en la estabilidad del Medio Oriente y en los mercados globales.




