Los números fríos
POR: MIGUEL DOMINGUEZ FLORES
Tamaulipas ocupa el tercer lugar nacional en absorción de educación superior con 98.7 por ciento, y el tercer sitio en cobertura en ese mismo nivel con 37.6 por ciento.
Son cifras que el gobierno estatal presentó esta semana con razón: en un sistema educativo con las desigualdades estructurales que tiene México, esas posiciones no se obtienen sin políticas sostenidas.
Los datos adicionales apuntan en la misma dirección. La tasa de abandono en educación media superior bajó 2.6 puntos porcentuales en tres años y medio, de 8.7 a 6.1 por ciento. La absorción en ese nivel pasó de 90.9 a 104 por ciento, un incremento de 13.1 puntos. La eficiencia terminal mejoró 10.2 puntos. Son movimientos que, en la escala de un sistema educativo estatal, representan miles de trayectorias que no se interrumpieron.
La inversión en infraestructura alcanzó casi 2,600 millones de pesos. El programa de útiles escolares distribuyó más de un millón 652 mil paquetes en los 43 municipios, con una inversión acumulada de 792 millones. Mil 800 nuevos nombramientos se entregaron al magisterio a lo largo de la administración.
Todo eso es documentable.
Lo que los indicadores de cobertura y absorción no miden es la calidad del aprendizaje. México arrastra desde hace décadas una brecha entre el acceso y el logro educativo. Estar dentro del sistema no es lo mismo que aprender dentro de él. Las evaluaciones internacionales han documentado sistemáticamente que una proporción significativa de estudiantes mexicanos concluye ciclos educativos sin haber alcanzado las competencias básicas esperadas para su nivel.
El tercer lugar nacional en absorción universitaria dice que Tamaulipas ha resuelto, mejor que la mayoría de los estados, el problema del acceso. El reto ahora es que ese acceso se traduzca en formación con estándares que el mercado laboral y la vida pública del estado puedan aprovechar.




