POR. JOSUÉ SÁNCHEZ NIETO
En el trabajo y la gestión de grupos, el manejo de egos y personalidades juega un papel muy importante; es aquí donde se ponen a prueba las habilidades de quienes son los encargados de hacer que el engranaje funcione de manera eficaz y eficiente.
Por lo regular, quienes ocupan los lugares con estas funciones suelen ser liderazgos de segunda línea, es decir, personas que no son las figuras principales, pero que si tienen un papel trascendental para el adecuado funcionamiento de un determinado sistema.
Algo así como los directores y auxiliares técnicos de un equipo de futbol; si bien es cierto, en ellos recae la importante tarea de dirigir la táctica y la estrategia del juego, también lo es que gran parte de su labor es lograr que todos los perfiles de un equipo puedan convivir de la mejor manera, de forma armónica y, con ello, sacar lo mejor de cada persona para ponerla al servicio de todo el grupo.
Claro, eso pasa en el “deber ser”, en un mundo ideal, en el plano utópico, pero la realidad es que cuando estas figuras fallan en su labor, el grupo o equipo empieza a “hacer agua” y es aquí donde suelen aparecer los principios de los naufragios.
Y va a decir usted, mi querido y amable lector: ¿eso qué tiene que ver con el Congreso de Tamaulipas?; y la respuesta se encuentra a simple vista para quien quiera verla…
Es una realidad que desde hace algunos meses hemos observado una notable y marcada crisis legislativa en nuestro Estado —como también las hemos visto en los regímenes priistas y panistas, cuando existen mayorías “aplastantes”—, pero ello es solo la punta del iceberg, lo que vemos a simple vista; hay cuestiones que pasan hacia el interior que, si prestamos atención, nos ayudarían a comprender un poco mejor la crisis actual.
Al interior del Congreso existen dos figuras sobre las que recaen las funciones y atribuciones más importantes, después de las de los legisladores: una de esas figuras tiene a su cargo la coordinación y de supervisión de los servicios técnicos y administrativos del Congreso; la otra, es la que se encarga de las cuestiones más legislativas como tal.
Estas figuras constituyen dos de los pilares más importantes sobre los que descansa la función legislativa y si no funcionan adecuadamente, el interior del Congreso puede convertirse en un infierno.
Ambas funciones requieren atención de tiempo completo, por lo que es prácticamente imposible que alguna de estas posiciones sea compatible con alguna otra actividad, dada la naturaleza tan demandante de las funciones.
Sin embargo, en los últimos meses ha sido muy evidente que algo está pasando con dichas posiciones en la presente legislatura, lo cual ha hecho, aún más evidente la crisis parlamentaria de nuestro Estado.
Y eso es algo muy normal cuando no se tiene la cabeza y la concentración total en las funciones encomendadas; como cuando una persona ocupa un puesto muy importante a nivel legislativo, pero su atención ya se encuentra en buscar la alcaldía de un municipio vecino de esta Capital…
O bien, cuando el mismo ejercicio faccioso y tendencioso de las labores y funciones encomendadas están provocando una división al interior del grupo mayoritario de legisladoras y legisladores, al favorecer solo a unos cuantos e ignorar a muchos otros…
Ahora sí que como dijera el ex presidente Calderón: “haiga sido como haiga sido”, tal parece que lo que hagan o dejen de hacer estas importantes figuras al interior del Congreso ya es parte importante de la severa crisis parlamentaria.
Ya vemos como algunas de las funciones más básicas de la labor legislativa están comprometidas o de plano fallando… vaya usted a saber si por apatía, por tener su atención en otras cuestiones o por simple incapacidad, pero ojalá que, por el bien de todos, se resuelvan pronto, porque el Congreso está haciendo agua y no vaya a ser que se nos hunda de cara al 2027.




