14 abril, 2026

14 abril, 2026

Lo que callamos los asesores Vol. 1: El precio de no escuchar

EXPOSICIÓN DE MOTIVOS/ JOSUÉ SÁNCHEZ NIETO
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POR. JOSUÉ SÁNCHEZ NIETO

Ser asesor en el quehacer parlamentario es una de las labores más ingratas que existe en ese ámbito; en muchas ocasiones, por más que uno quiera o recomiende, no se puede proteger de todo al legislador, inclusive, ni de sí mismo.

Y es que cualquiera puede dar un consejo o su opinión jurídico-política respecto de algún tema parlamentario, pero la diferencia entre eso y ser un buen asesor implica como manejar adecuadamente las “ansias” de algunos diputados o, inclusive, tener que decirle que no algunas veces.

Explico: como asesores nuestro trabajo implica el estudio minucioso de los temas, aún y cuando eso signifique algunas semanas más de trabajo y represente un poco más de paciencia por parte de los diputados, esto, con la única finalidad de evitarles exhibidas innecesarias, como tener que presentar una iniciativa para reformar gran parte de una Ley que apenas ese mismo día entró en vigor…

Particularmente, me refiero al caso de la diputada Blanca Anzaldúa de Morena, quien propuso la expedición de una Ley de Cinematografía Estatal que se publicó apenas el 6 de abril y en esa misma fecha, ya estaba presentando una iniciativa integral para modificar dicha Ley.

Eso nos lleva a cuestionarnos: ¿Por qué esas modificaciones no fueron propuestas en comisiones? ¿Acaso le ganaron las ansias por presentar esta iniciativa a la diputada Anzaldúa que no se pudo esperar al estudio minucioso del tema?

Aquí solo hay de dos sopas: se le dijo y no escuchó, lo cual es enteramente responsabilidad de la legisladora o no se le dijo y ahí es totalmente responsabilidad atribuible a sus asesores, en cualquiera de los casos, lamentablemente, el costo de los platos rotos lo absorbió la diputada.

Es aquí donde uno cuestiona, ¿de qué sirve que las y los diputados traigan un séquito interminable de “equipo de trabajo” tras ellos si no los van a escuchar o, en su defecto, si no los van a cuidar?

Otra situación muy común es que a las y los diputados los aborden grupos de personas con peticiones o ideas, la mayoría de las veces, para que se traduzcan en iniciativas y aquí entra otra parte importante de la labor del asesor, quien analiza la propuesta y emite una opinión al legislador sobre la pertinencia y/o viabilidad de llevar ese proyecto a Tribuna.

Esta actividad es uno de los puntos más complicados de asesorar en el ámbito legislativo, pues, implica “batear” ideas que en el papel o para “quedar bien” suenan geniales, pero, cuando se analizan bajo el crisol de una perspectiva jurídica o socialmente crítica y objetiva, la realidad es que dejan mucho que desear.

Situación como la que observamos con la propuesta de la diputada Cynthia Lizabeth Jaime, también de Morena, quien recientemente propuso una reforma muy cuestionable donde propone la creación de un Colegio de Periodistas para realizar “recomendaciones éticas” en el ejercicio periodístico…

Hay que decirlo como es: cualquier persona que le entienda, aunque sea lo mínimo al tema de derechos humanos sabrá que, aunque vedado, esto no se trata más que de una medida de control y/o censura para aquellos que no se alineen a las narrativas oficiales.

Tan es así que, inclusive, la misma Secretaría del Congreso y la Subsecretaría de Enlace Legislativo ya se han “desmarcado” de esta propuesta tan controversial y totalmente violatoria a derechos fundamentales.

Tal pareciera que lo que hacemos o dejamos de hacer los asesores parlamentarios, inclusive, lo que decimos o callamos, aunque sea tras los curules en el Pleno si tiene un impacto directo en el encargo de las y los legisladores… ¿vale la pena escucharnos?

Porque al final, todas las ideas y propuestas son respetables, pero no todas son pertinentes, ni viables; y, por mero profesionalismo, la labor de un buen asesor es dejárselo muy claro a las y los diputados que le han brindado su confianza…

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