19 abril, 2026

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¡Aléjese! ¡Dejen en paz a las tortugas!

El regreso a desovar a las costas de Madero, es un acto que riñe con el sentido común y sin más referencia que el remoto recuerdo de donde nacieron.
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Por. José Luis Rodríguez Castro

Expreso La Razón

CIUDAD MADERO, TAMAULIPAS.- ¡Aléjese!

¡Aléjese! ¡Por favor denle espacio a la tortuga!

La encargada de la Comisión Nacional de Áreas Naturales (Conamp) hace la advertencia a las personas que buscan acercarse a tomar una foto mientras desova en la costa de playa Miramar.

Apenas unos minutos antes, el quelonio emergió del mar entre el fuerte oleaje y viento del norte.

El regreso a desovar a las costas de Madero, es un acto que riñe con el sentido común y sin más referencia que el remoto recuerdo de donde nacieron.

El quelonio ubica un espacio y de espaldas al mar, con ayuda de sus extremidades cava un agujero.

En un instante, comienza a desovar. Uno a uno los huevos abandonan su cuerpo y se depositan , acumulándose hasta llegar al último.
La tortuga, toma un respiro. Ahora toca cubrir el hoyanco. Agita el cuerpo y golpea en repetidas ocasiones hasta cubrirlo.
Los ojos abiertos, obscuros, se llenan de arena. Da la impresión que lloran, lloran las tortugas sobre la arena.

Atentos, los cuidadores esperan pacientes a que finalice el «ritual». Colocan una pequeña rama con una cinta naranja en el extremo para señalar el punto donde se hallan los huevos.

La tortuga gira en movimientos lentos, pausados y se enfila al mar.

Se desliza sobre la arena, se detiene y toma largas pausas antes de continuar. Avanza más de 15 metros. Las aves revolotean alrededor.

El viento del norte golpea la costa. Y tortuga alza la cabeza y ve cada más cerca el mar.

Atrás, sus crías son extraídas por los cuidadores y colocados en una bolsa.

Al frente , tortuga es alcanzada por la primera ola. Luego se sacude y extiende las extremidades, cuando es golpeada de lleno por el oleaje. Apenas un segundo y desaparece en el mar. Tortuga no volvera a tocar tierra hasta el próximo año.

Atrás, a bordo de una cuatrimoto viajan sus huevecillos, bajo el cuidado de los especialistas que los alejan de depredadores naturales y de los voraces seres humanos.

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