A pocas horas de terminar el cese al fuego de dos semanas para dar oportunidad a un dialogo entre Estados Unidos e Irán, Donald Trump anunció una prórroga por tiempo indefinido. Antes de entrar a la información de última hora conviene un breve recuento del proceso de diálogo.
Trump anunció un cese al fuego del 8 al 22 de abril, como una oportunidad para que Irán, en su lenguaje típico que da lugar a diversas interpretaciones, “hiciera lo correcto”. El alto a las hostilidades fue impulsado por Pakistán que actuó como mediador de los mensajes entre los dos contendientes.
A pesar de que Trump planteó el acuerdo como una victoria total el hecho es que aceptó que la negociación se llevaría a cabo sobre la propuesta iraní de 10 puntos y no sobre sus demandas de 15 puntos que implicaban de hecho la total rendición de Irán a sus demandas.
La guerra contra Irán es de muy larga duración, con ataques militares y periodos intermitentes de relativa calma y constantemente acompañada de sanciones directas e indirectas, ataques menores y asesinatos de lideres militares y científicos. En junio de 2025 Israel y Estados Unidos atacaron Irán de manera sorpresiva y cuando estaban anunciadas negociaciones que iniciarían en un par de días. Fue la llamada guerra de 12 días. A fines de 2025 el estrangulamiento financiero, presumido por el secretario del tesoro de los Estados Unidos, provocó la devaluación de la moneda e importantes protestas sociales, acompañadas de hechos de violencia. Trump presumió haber enviado armas a agentes infiltrados en lo que, desde la perspectiva occidental se convertiría en una rebelión que tumbaría al gobierno.
El 28 de febrero ocurrió otro ataque sorpresa de Israel y Estados Unidos, otra vez en plenas negociaciones. Al igual que el de nueve meses antes, este consiguió decapitar a buena parte de la elite política, militar y religiosa del país. En ese momento las demandas de Estados Unidos e Israel eran: fin de todo desarrollo nuclear, incluso para el uso civil y pacífico, en Irán; suspensión del apoyo a sus aliados regionales; desarme y entrega de los misiles capaces de llegar hasta Israel y, sobre todo, un cambio de régimen que diera lugar a un nuevo gobierno más flexible.
A más de 54 días de iniciada una guerra que, desde la perspectiva de Trump, duraría pocos días, ninguna de los objetivos iniciales se ha conseguido. Por lo contrario Irán mostró una capacidad de represalia militar sorprendente, producto de la acumulación de fuerza militar en instalaciones bajo tierra a lo largo de décadas. Irán estaba, en secreto, preparado para una guerra de resistencia de largo plazo. La acumulación de decenas de miles de drones y misiles de Irán le ha permitido una respuesta acompasada, con una escalada contenida y diseñada para agotar la capacidad de defensa y de ataque de Estados Unidos e Israel, es decir sus misiles y antimisiles.
En este contexto el cese al fuego dio pie a un primer dialogo entre representantes de Estados Unidos, con la presencia de su vicepresidente Vance y de Irán, encabezada por el líder y vocero de su parlamento. Este dialogo llevado a cabo el 11 y 12 de abril duró unas 21 horas. En lugar de negociar sobre la base de los 10 puntos de la propuesta iraní, el vicepresidente Vance planteó las demandas maximalistas de los 15 puntos planteados por Estados Unidos y las partes se retiraron sin acuerdo alguno.
Ahora Estados Unidos ha abierto la posibilidad de un segundo encuentro que podría llevarse a cabo hacia el 24 y 25 de abril; si se superan un par de importantes obstáculos. Para el primer dialogo tuvo que cumplirse la demanda iraní de un cese al fuego amplio en lo que considera una sola guerra regional en múltiples frentes; es decir que Israel tendría que dejar de bombardear Beirut la capital de Líbano. A regañadientes Netanyahu ha tenido que aceptar la presión norteamericana para suspender los bombardeos pero sin retirarse de las zonas que tiene ocupadas y en las que pese al cese al fuego sigue demoliendo la infraestructura aunque ya sin causar numerosas muertes civiles. Es decir un alto al fuego relativo continuamente roto Israel y Hesbolá.
Durante el cese al fuego Irán abrió el estrecho de Ormuz, pero Trump instrumentó su propio bloqueo impidiendo la salida de petróleo iraní y de buques que pagaran un derecho de peaje a Irán. Irán volvió a cerrar el estrecho y ahora, bajo un doble bloqueo el cierre es total.
Trump convocó a un nuevo dialogo en Islamabad, señalando que respondía a una solicitud de Pakistán e insto a Irán a enviar a sus delegados. Sin embargo la respuesta iraní ha sido el silencio total. Ya antes había dicho que el bloqueo norteamericano era un acto de guerra y que no dialogaría bajo esa presión.
Desde la perspectiva de la Casa Blanca el silencio iraní refleja una disensión interna y, por ello, le concede a Irán unos días más para ponerse de acuerdo sobre sus demandas. Sin embargo buena parte de los noticieros, analistas y humoristas de los Estados Unidos consideran que otra de las muchas veces que Trump se echa para atrás.
A lo largo del cese al fuego Trump ha mostrado una alta volatilidad política y discursiva; con mensajes muy amenazantes que hablan de total destrucción del país a otros que hablan de un acuerdo cercano entre las partes. Trump intenta avanzar en dos direcciones opuestas; la amenaza bélica que doblegue a Irán y los mensajes que den calma a la bolsa de valores y atenúen la elevación del precio del petróleo y otros insumos. Sin embargo Irán, la bolsa de valores y el mundo responden cada vez menos al estridentismo volátil de Trump y empiezan a entender que hay que fijarse en sus acciones y no tanto en sus palabras.
Es posible que el silencio de Irán al llamado de Trump a negociar no sea una señal de indecisión interna. Hasta el momento sostiene las mismas demandas centrales: paz en toda la región y garantías de que no volverá a ser atacado; fin de las sanciones y reintegrarse al comercio y la economía mundial; desarrollo nuclear pacífico; reparaciones de guerra y/o control del estrecho de Ormuz para cobrarse los daños sufridos mediante la imposición de pagos de peaje.
Son demandas que implicarían la derrota de Estados Unidos e Israel. Trump tiene que elegir entre el bienestar ya mellado de su población y del mundo, o el interés de Israel de dominar toda la región.
Tal vez Trump se muestre más flexible en la próxima ronda del dialogo en Islamabad, suponiendo que ocurra, por el descontento que enfrenta dentro de los Estados Unidos; por el riesgo de que los países árabes del golfo sean destruidos por Irán en represalia a nuevos ataques; y por el riesgo de una depresión que hunda al planeta en la ruina económica.
Mark Carney, el primer ministro de Canadá el 19 de abril, dijo que los lazos económicos entre su país y los Estados Unidos eran antes una fortaleza y ahora son una debilidad. Que lo diga el dirigente del país tan cercano a Estados Unidos en cultura, geografía y economía es una lección que rebasa al conflicto militar e ilustra la distancia creciente entre Trump y el resto del mundo.
Por lo pronto los daños a la economía global ya son cuantiosos y todos tardaremos en recuperarnos incluso si el conflicto termina de inmediato.




