27 abril, 2026

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¿Qué es un “súper El Niño” y por qué preocupa a especialistas?

Francisco Estrada Porrúa, coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático de la UNAM, explica que podríamos tener condiciones de sequía, huracanes y lluvias extremas con impactos en la agricultura y la disponibilidad de agua
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Diversos modelos climáticos internacionales prevén que entre 2026 y 2027 podría desarrollarse un evento de El Niño de gran intensidad, con impactos potenciales en los patrones de lluvia, episodios de sequía, actividad de huracanes y temperaturas extremas.

Francisco Estrada Porrúa, coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático (PINCC) de la UNAM, advirtió que este fenómeno podría alcanzar una magnitud similar a los eventos más severos documentados desde 1982.

De acuerdo con servicios climáticos internacionales y estimaciones de centros europeos, el fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) tendería a transitar hacia su fase cálida en los próximos meses, tras finalizar La Niña y luego de la etapa neutra actual.

Estrada Porrúa señaló que los pronósticos climáticos sugieren que El Niño podría situarse entre los más fuertes desde que se llevan registros instrumentales. Los referentes más cercanos serían los ciclos de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016.

“Es altamente probable que tengamos un El Niño de intensidad moderada a alta. Incluso existe la posibilidad de que sea un evento histórico”, explicó el investigador.

El especialista aclaró que todavía hay cierto grado de incertidumbre debido a la llamada “barrera de predictibilidad de primavera”, época en que los modelos pierden confiabilidad. Sin embargo, recalcó que eso no significa que falten señales claras para identificar riesgos y reforzar acciones preventivas.

Estrada Porrúa, quien también forma parte del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC) de la UNAM, recordó que el ENOS es una oscilación natural del Pacífico tropical que alterna entre su fase cálida, El Niño, y su fase fría, La Niña. Ambas modifican la temperatura, las precipitaciones y la ocurrencia de eventos extremos a nivel global.

No obstante, subrayó que el calentamiento global está cambiando la manera en que se expresa el fenómeno. El aumento de la temperatura del planeta, actualmente estimado en 1.46 grados Celsius sobre niveles preindustriales, ha alterado las teleconexiones del ENOS: las vías por las cuales sus efectos se transmiten a diferentes regiones.

“El cambio climático ya modificó las teleconexiones del ENOS. Cambió su huella en los mapas: dónde ocurren los impactos, con qué probabilidad y con qué intensidad”, detalló.

Esto significa que los efectos históricamente asociados a El Niño podrían ya no presentarse en las mismas zonas ni con la misma fuerza que en décadas pasadas.

Para México, Estrada Porrúa indicó que los patrones típicos podrían variar. Si bien un El Niño fuerte se ha vinculado tradicionalmente con menos lluvias y sequías en gran parte del territorio, análisis recientes muestran que en verano también podría elevarse la probabilidad de precipitaciones extremas en el centro y norte del país.

Añadió que el litoral del Pacífico mexicano sigue siendo una de las áreas más vulnerables, debido a una posible mayor actividad ciclónica y a condiciones propicias para la rápida intensificación de huracanes. Esto se relaciona con el calentamiento anómalo del mar frente a Baja California y California.

CON INFORMACIÓN DE LÓPEZ DÓRIGA DIGITAL

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