28 abril, 2026

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Pantallas dejan “ciegos” a niños Tamaulipecos

La alerta fue dada a conocer por la Secretaría de Educación de Tamaulipas, al informar que uno de cada cuatro estudiantes evaluados presenta problemas visuales
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Por Raúl López García
Expreso-La Razón

CIUDAD VICTORIA, TAM.- El uso excesivo de celulares, tabletas, computadoras y videojuegos está dejando una huella preocupante en la salud visual de la niñez tamaulipeca. En días recientes se dio a conocer que el programa “Vive saludable, vive mejor” detectó que 26 por ciento de los alumnos revisados necesita lentes, una cifra que refleja el deterioro acelerado en la visión de miles de estudiantes y que especialistas relacionan directamente con el abuso de pantallas desde la pandemia.

La alerta fue dada a conocer por la Secretaría de Educación de Tamaulipas, al informar que uno de cada cuatro estudiantes evaluados presenta problemas visuales, una incidencia muy superior a la registrada antes de la emergencia sanitaria.
De acuerdo con el secretario de Educación, Miguel Ángel Valdez García, antes de la pandemia solo el 7 por ciento de los alumnos requería lentes, pero ahora la cifra se elevó hasta 28 por ciento, lo que representa un crecimiento de 300 por ciento en los casos detectados.

Tomando en cuenta la matrícula estatal de educación básica, integrada por 606 mil 702 alumnos, este porcentaje significa que alrededor de 157 mil estudiantes necesitan lentes, mientras que antes de la pandemia eran poco más de 42 mil, es decir, más de 115 mil menores adicionales presentan hoy problemas visuales.
La situación local coincide con estudios recientes que advierten un incremento acelerado de la miopía infantil a nivel internacional. Un metaanálisis publicado en JAMA Network Open, basado en más de 300 mil participantes, concluyó que cada hora adicional diaria frente a pantallas aumenta hasta en 21 por ciento el riesgo de desarrollar miopía, especialmente en menores de edad. (DEBATE)

Además, especialistas en salud visual reportan que 68 por ciento de los jóvenes presenta síndrome de ojo seco, provocado por la exposición prolongada a pantallas, lo que genera fatiga visual, irritación, visión borrosa y dolores de cabeza.

Durante la pandemia, niñas, niños y adolescentes pasaron de las aulas a las pantallas. Clases virtuales, tareas digitales y largas jornadas frente al celular se convirtieron en rutina diaria. Esa sobreexposición redujo el tiempo al aire libre y aumentó la demanda visual a corta distancia, dos factores que aceleran la aparición de miopía.

Especialistas advierten que mirar fijamente una pantalla durante varias horas reduce la frecuencia del parpadeo, causando resequedad ocular y mayor esfuerzo visual. Esto provoca molestias inmediatas, pero también favorece alteraciones en el desarrollo visual infantil, sobre todo cuando el uso de dispositivos comienza a edades tempranas.

El problema no solo afecta la salud ocular, sino también el rendimiento escolar. Un niño que no ve bien enfrenta dificultades para leer el pizarrón, seguir instrucciones y concentrarse en clase, lo que impacta directamente en su aprendizaje.

A nivel mundial, la tendencia también preocupa. Estudios recientes proyectan que para 2050 la mitad de la población mundial podría padecer miopía, impulsada por el sedentarismo, la reducción del tiempo al aire libre y la exposición creciente a pantallas desde edades tempranas.

En Tamaulipas, aunque el programa “Vive saludable, vive mejor” ya detectó a los estudiantes que requieren apoyo visual y ha comenzado la entrega gratuita de lentes, las autoridades reconocen que muchos padres no han acudido por ellos, lo que retrasa la atención y prolonga las afectaciones.

El panorama refleja un cambio profundo en los hábitos de la infancia moderna: más tiempo frente a pantallas y menos actividades al aire libre. El resultado ya es visible en las aulas, donde uno de cada cuatro alumnos enfrenta problemas visuales que antes eran mucho menos frecuentes.

La tecnología se volvió parte indispensable de la vida cotidiana, pero su uso sin límites está cobrando factura en la salud visual de miles de menores. Hoy, los diagnósticos en las escuelas muestran que la vista de toda una generación está en riesgo, y que el costo del abuso digital ya comenzó a pagarse en lentes, consultas médicas y dificultades de aprendizaje.

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