28 abril, 2026

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Robótica con acento victorense: niños tamaulipecos conquistan México con talento, disciplina y sueños gigantes

La pasión por la robótica nació de distintas maneras para cada participante. Algunos llegaron por curiosidad, otros atraídos por el uso de piezas similares a los juguetes de construcción, y otros descubrieron ahí un espacio distinto, ordenado, creativo y libre para imaginar
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Por Raúl López García
Expreso-La Razón

CIUDAD VICTORIA, TAM.- Mientras muchos niños aprovecharon las vacaciones para descansar, jugar o salir de paseo, un grupo de estudiantes de Ciudad Victoria eligió pasar largas jornadas frente a pistas de prueba, robots y códigos. Esa decisión hoy los tiene en la cima de la robótica nacional. Integrantes de la escuela Algoritmia Robótica y Programación Infantil regresaron de Puebla convertidos en campeones del Torneo Mexicano de Robótica 2026, luego de conquistar dos medallas de oro en categorías de primaria y secundaria, demostrando que el talento victorense puede competir y vencer a los mejores del país.

Bajo la guía del mentor Osiel Juárez, los equipos de Algoritmia lograron el primer lugar en la categoría RoboLine Kids, con Benjamín Juárez y Rubén González, así como en Rescue Line, con Alicia Juárez y Javier Charles. Además, Maximiliano Coronado y Abdiel Catalán Cantú destacaron en la categoría OnStage como novatos del año.

La hazaña no fue menor: enfrentaron a delegaciones fuertes de distintos estados, entre ellos Nuevo León, uno de los referentes nacionales en robótica educativa. Sin embargo, la preparación constante, la pasión y el compromiso de los alumnos fueron suficientes para colocar a Tamaulipas en lo más alto del podio.

Para Osiel Juárez, detrás de cada medalla hay mucho más que robots armados y códigos programados. Hay niños aprendiendo a pensar, a resolver problemas y a enfrentar la frustración. Explicó que la robótica enseña a “probar, fallar, corregir y volver a intentar”, un proceso que fortalece habilidades mentales y emocionales desde edades muy tempranas. En la academia, dijo, llegan niños inquietos, dispersos o hiperactivos, pero al enfrentarse al reto de construir y programar, canalizan esa energía en concentración, creatividad y disciplina. “La robótica no es para crear ingenieros, es para crear niños que aprendan a pensar y a solucionar problemas”, resumió.

Ese aprendizaje quedó reflejado en las voces de los propios campeones, quienes narraron que uno de los mayores retos en competencia fue mantener la calma cuando los robots fallaban en plena prueba. Ajustar códigos en segundos, detectar errores y reaccionar sin perder tiempo fue parte del desafío. Detrás de esa capacidad hubo meses de preparación intensiva: jornadas de hasta cinco horas diarias, entrenamientos durante vacaciones y simulaciones constantes para anticipar cualquier escenario. En los torneos, explicaron, la pista definitiva se conoce apenas minutos antes de competir, por lo que la rapidez mental y la capacidad de reacción son tan importantes como la programación previa.

Pero más allá de la técnica, la experiencia dejó enseñanzas profundas en cada uno de ellos. Los niños hablaron de perseverancia, sacrificio y recompensa. Reconocieron que hubo días en que querían salir a jugar como cualquier otro niño, pero entendieron que sin compromiso no habría resultados. Uno de ellos relató incluso cómo continuó entrenando pese a sufrir un esguince, motivado por el deseo de llegar preparado a la competencia. Esa determinación se transformó en una recompensa inolvidable cuando escucharon que eran los mejores del país, validando cada hora de esfuerzo invertida en el laboratorio.

La pasión por la robótica nació de distintas maneras para cada participante. Algunos llegaron por curiosidad, otros atraídos por el uso de piezas similares a los juguetes de construcción, y otros descubrieron ahí un espacio distinto, ordenado, creativo y libre para imaginar. Lo que comenzó como un juego terminó convirtiéndose en una pasión capaz de desarrollar habilidades que, aseguran, les servirán en cualquier profesión futura. Entre sus sueños hay quienes quieren seguir en la robótica, quienes imaginan carreras en la ciencia o incluso combinar la tecnología con otras pasiones como el deporte, pero todos coinciden en algo: aprender a crear les cambió la forma de ver el mundo.

Actualmente, la escuela Algoritmia atiende a alrededor de 80 alumnos de entre 4 y 16 años, quienes avanzan según sus habilidades más que por edad. Desde pequeños que programan con figuras sin saber leer, hasta jóvenes que compiten a nivel nacional, todos comparten una misma filosofía: “si lo puedes imaginar, lo puedes crear”. Ese lema resume el espíritu que llevó a estos estudiantes victorenses a conquistar el país y que pronto los llevará a representar a México en un certamen internacional. En una época donde abundan las distracciones, estos niños están demostrando que la disciplina, la creatividad y la pasión también pueden construir campeones.

Lo que ocurrió en Puebla fue más que una victoria en robótica; fue la prueba de que en Ciudad Victoria hay talento capaz de competir contra cualquiera cuando encuentra apoyo, formación y confianza. Entre cables, sensores y pequeños robots, estos niños no solo ganaron medallas: construyeron una lección de esfuerzo que inspira a toda una ciudad.

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