Un alto personaje del panismo tamaulipeco compartía esta semana su lectura sobre
el rumbo de la sucesión en la dirigencia estatal del PAN: la intención, sostiene, es
alargar el proceso para que finalmente, hacia fin de año, se decida mantener
inamovible al “Cachorro”, Luis René Cantú Galván, cuyo periodo venció desde
septiembre de 2025.
Todo indica que así será. La vocería estatal del partido, adelantó que la convocatoria saldrá entre el 5 y 6 de mayo, y reconoció abiertamente que la
próxima dirigencia mantendría una línea política cercana al ex gobernador
Francisco García Cabeza de Vaca, dado que los perfiles interesados comparten
afinidad dentro del mismo grupo político. La frase es reveladora, el partido se
mueve dentro del cabecismo, no fuera de él.
Lo cierto es que todo mundo sabe que el grupo cabecista domina todavía la
estructura panista en Tamaulipas, y que las dos fórmulas en disputa pertenecen, en
origen, a la misma genealogía.
César “Truko” Verástegui y Jesús Nader son cabecistas históricos, lo acompañaron
en todo su trayecto político, fueron sus subordinados cuando el ex gobernador
buscó el poder, uno como secretario general de Gobierno, el otro como secretario
de Administración primero y luego como presidente municipal de Tampico. La
“ruptura” es reciente, y es parcial.
Tienen peso como figuras, sin duda, pero es evidente que aunque actúan por su
cuenta, hay tibieza, hasta temor de enfrentar abiertamente al ex gobernador y a su
hermano. Nunca han alzado la voz para cuestionar directamente a García Cabeza
de Vaca, han preferido el desplazamiento tímido y callado, y mientras tanto el
cabecismo ha utilizado a columnistas alineados para exhibir errores, sembrar dudas
y mantenerlos bajo presión.
En el terreno de la especulación, que en política nunca es inocente, se dice que el
ex gobernador conserva información privilegiada sobre deslices y malos manejos
en los que ambos pudieron haber incurrido cuando despachaban bajo sus órdenes.
Ambos quisieron ser gobernadores en su momento, pero ante un gesto de Cabeza
de Vaca, se sometieron sin cuestionar ni poner un hasta aquí. Esa memoria pesa, y
explica por qué el rompimiento de hoy es discreto y no frontal. Mientras tanto, las
dos fórmulas contendientes han hecho un discreto mutis y solo ocasionalmente
aparecen en el escenario.
César “Truko” Verástegui, en compañía de Gloria Garza Jiménez, planteó en enero
que “llegó el momento de construir una nueva historia para Acción Nacional en
Tamaulipas, vamos a edificar una base sólida con la que construiremos el proyecto
electoral rumbo al próximo proceso intermedio”. Se sabe que están molestos por el
alargamiento del proceso… pero calladitos
Garza aseguró que el partido vivirá “una nueva era con identidad renovada, nos
preparamos en este 2026 para triunfar en 2027 y también en el 2028”. Ambos
exigieron voto directo de la militancia, una demanda que funciona como blindaje
contra la designación cupular.
Del otro lado, Omeheira López Reyna, en mancuerna con Ismael García Cabeza de
Vaca, hermano del ex gobernador, ha mantenido perfil bajo. En marzo declaró que
continúa visitando municipios para “construir en unidad un partido que escuche a
su militancia, recupere la confianza ciudadana y gane elecciones”. El mensaje es
genérico, y lo que no ha dicho es por qué método quiere competir, ese silencio es
elocuente.
Desde Dallas o cualquier otro lugar donde se encuentre, el ex gobernador García
Cabeza de Vaca es quien mueve los hilos, con fuerte influencia en la dirigencia
nacional encabezada por Jorge Romero Herrera. La pérdida del amparo en la
Suprema Corte y la orden de aprehensión de la FGR han debilitado su posición
jurídica, pero no su peso interno.
En el PAN tamaulipeco sigue dominando Cabeza de Vaca, su hermano Ismael es el
brazo ejecutor, y aun los supuestos traidores parecen, más bien, recolectores de
información, como ocurre con figuras menores del aparato.
Más de tres mil firmas de militantes, el respaldo de 23 de los 28 comités
municipales y la presión de la Comisión de Justicia del Consejo Nacional, fueron
necesarios para mover una sola línea del expediente. La militancia activó los
resortes que la cúpula había bloqueado, y aun así el “Cachorro” sigue en el cargo.
Eso habla del estado real del partido.
Mientras se dirime el pleito por controlar el comité estatal, en el panismo
tamaulipeco se advierte inmovilidad y ausencia de figuras que puedan jugar un
papel decoroso y competitivo rumbo al 2027. El partido se consume en su disputa
interna, sin construir cuadros, sin generar propuesta, sin hablarle al ciudadano que
ya no se identifica con ninguno de los bandos.
Por lo pronto, los actores destacados continúan alimentando su apetito de poder,
dejan que las cosas fluyan, y mantienen la apuesta de que el desgaste de Morena
les abra una rendija que ellos, hasta ahora, no están construyendo.
Para finalizar, una pregunta de fondo: ¿quién ganará la dirigencia, sino qué
partido sobrevivirá a la disputa, y si tendrá algo que ofrecer al Tamaulipas que vota en 2027?.




