12 mayo, 2026

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Tres bombas de racimo

Hora de cierre/Pedro Alfonso García Rodríguez
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Otra vez, en la antesala de los procesos electorales que abren el camino para la sucesión en Tamaulipas, el ambiente político vuelve a estallar como ha sucedido desde 2010.

El magnicidio del entonces candidato priista Rodolfo Torre Cantú llevaría a Tamaulipas a una dinámica en su vida pública en la que imperan como una constante las embestidas políticas a gran escala y los choques de fuerzas que han llevado al estado a puntos de tensión jamás vistos.

Cada proceso ha superado al anterior, pero cada uno ha dejado consecuencias trágicas y desastrosas que han sumido al estado en total vulnerabilidad e inestabilidad.
La transición del gobierno priista de Egidio Torre Cantú al panista de Francisco Javier García Cabeza de Vaca se dio en medio de un estado desolado por la violencia y el choque entre el Cártel del Golfo y los Zetas, además de la purga política derivada de la persecución de los exgobernadores Tomás Yarrington Ruvalcaba y Eugenio Hernández Flores.

La parálisis política y un contexto nacional propicio para el grupo de Felipe Calderón Hinojosa llevaron a Francisco Javier García Cabeza de Vaca a la gubernatura, trabajada desde las delegaciones federales del calderonismo y solapada por el grupo del entonces secretario de Hacienda y de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray Caso, y del entonces secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.
En la sucesión y nueva transición política del PAN a Morena, Cabeza de Vaca hizo lo mismo con la persecución de morenistas como el alcalde victorense Eduardo Gattás y su secretario del Ayuntamiento, Hugo Reséndez, de Carlos Peña Ortiz, del diputado Carlos Canturosas y también del ahora gobernador Américo Villarreal Anaya.
En la antesala de cada proceso electoral previo a la gubernatura, fueron distintas las dinámicas: un magnicidio, una cacería de “narcopolíticos”, una persecución política a carpetazos. Y pareciera que, conforme se aproxima la sucesión en Tamaulipas, sucederá lo mismo, ahora a mayor escala.

En los últimos meses son tres los frentes políticos que enfrenta el morenismo tamaulipeco (todos aterrizados en Tamaulipas).
El primero, todo el caso relacionado con el extinto Sergio Carmona y sus redes de intereses tejidas en torno al huachicol fiscal y a todas las fuerzas políticas vinculadas. El segundo, el escándalo del abogado tampiqueño Juan Pablo Penilla, reclamado por las autoridades estadounidenses.

Un caso evidente pero a la vez complejo, que poco a poco revelará a más personajes morenistas y de oposición involucrados.
Y, por último y a manera de cacería política, el caso del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, quien apoyó a lo largo del país los proyectos políticos del obradorismo.

Son tres frentes políticos que directa o indirectamente involucran a prácticamente toda la clase política estatal, además de los ya sumados en los recientes procesos electorales.
Son tres bombas de racimo que, al ser activadas, detonan en múltiples ocasiones hasta reducir a polvo sus objetivos.

Y ese, tal vez, es el principal objetivo de la agenda judicial y mediática que actualmente prevalece en el gobierno de Donald Trump en Estados Unidos, aprovechada por los remanentes de la oposición, que intentan desde sus refugios debilitar la fuerza de la élite obradorista.
Todo, en el contexto de un estado controlado por cacicazgos y grupos político-económicos relacionados con la delincuencia organizada, y de un estado que comenzaba a recuperar gobernabilidad y que ahora corre el riesgo de acciones intervencionistas directas.
Los estragos de una escalada en las acciones desestabilizadoras, con los tres frentes que atraviesa la vida pública del estado, detonarían una ola de políticos emergentes, la desgracia de bastiones políticos, un respiro para otros tantos debilitados y, probablemente lo más lamentable, la resurrección de jurásicos ahora pintados de verde.

La borrega y el río revuelto

Mario López, con el cinismo de siempre, lanzó acusaciones y señalamientos en contra de sus compañeros morenistas.
El exalcalde de Matamoros se negó a ingresar en el negocio del huachicol fiscal, pero le abrió las puertas de su ayuntamiento, con total descaro, a la delincuencia organizada.
Ante el silencio que impera entre los morenistas señalados, aprovechó para poner más leña al fuego y acaparar reflectores.
Probablemente patrocinado por la misma familia reynosense que no ha soltado el poder del municipio en prácticamente 12 años…

@pedroalfonso88

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