12 mayo, 2026

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Desgracia política mexicana

El Mundo de Nunca Jamás/Pedro Alfonso García Rodríguez
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La actual crisis que atraviesa Morena desde el interior y el exterior muestra, ahora sí, el final de la partidocracia como modelo político. La última alternativa de un buen gobierno terminó conforme aumentan los señalamientos provenientes de Estados Unidos.

Durante dos décadas, desde la elección presidencial de 2006, la ilusión obradorista de un verdadero cambio político cobró fuerza mientras el PRI ya se encontraba severamente señalado por su régimen de partido, y el panismo, por sumergirse en callejones sin salida, dejó como legado una crisis en materia de derechos humanos.
Y el fin del ciclo llega de la mano de una democracia degradada y afectada por medidas retrógradas que bien se pueden considerar propias de un régimen autoritario.

El romanticismo de un proyecto transformador como la 4T poco a poco se desvanece entre el descrédito total de muchos de sus personajes, cada vez más cerca de desvanecer la imagen del expresidente Andrés Manuel López Obrador.

La escena política global actual es de extremos, y las medidas aplicadas en el país en su combate al narcotráfico son una evidente muestra de intervencionismo. Pero los señalamientos tienen sustento y revelan que, más allá de defender la soberanía, lo urgente es tomar acciones concretas.

Lo que inicialmente parecía un avance político sistémico en el país, con la apertura de mayores espacios de poder para las mujeres, termina pulverizado por los dos frentes que atraviesa actualmente el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Primero, con los constantes intentos de la herencia obradorista de pasar por encima de la investidura presidencial con decisiones como la del establecimiento del periodo vacacional en todo el país.

Además de todos los reveses legislativos que impidieron a la presidenta imponer su agenda política.
Desde su gabinete, desde el partido, desde los gobiernos estatales, son pocos los que han mantenido su lealtad y apoyo.

Pero esos mismos grupos que ahora intentan sostener la influencia del expresidente Andrés Manuel López Obrador son requeridos por el gobierno de Estados Unidos, que además de revelar todas las redes de intereses en el tráfico de huachicol fiscal y con los cárteles de la droga, les anticipó su desgracia política.

La oposición poco a poco salió de su escondite para sumar fuerzas en una campaña de señalamientos a la corrupción de Morena y de cómo su lema de combatirla terminó en más de lo mismo.
Morena aún conserva como fuerza el padrón de beneficiarios de sus programas sociales como un instrumento de legitimidad masivo. Pero la narrativa de origen se va degradando.
La desgracia generalizada de los obradoristas corta poco a poco los tentáculos que le quedaron al grupo del expresidente para la operación política del próximo proceso electoral. La cacería estadounidense los ata de manos.

Los poderes locales en municipios y algunos gobiernos estatales se entrelazan con el negocio prolífico del huachicol fiscal y con alianzas con el crimen organizado.
Y su fortaleza es ahora su desgracia. El gobierno estadounidense ampliará su lista de requeridos y, aun si lo hace de manera deliberada para golpear las estructuras de poder morenistas, sus intereses económicos legitiman su llamado a rendir cuentas con la justicia.

Desde los aliados del Plan B, el Verde, desde su origen, mantiene su condición de satélite, aunque siempre con el respaldo de las estructuras priistas, como sucede actualmente en Tamaulipas con el apoyo directo de un exgobernador.
En algunos estados, como Tamaulipas, cuentan con el suficiente respaldo de otros aliados circunstanciales para crecer políticamente y emular la fórmula de otros estados como Chiapas y San Luis Potosí.

El Partido Acción Nacional intenta recuperar identidad ya sin requerir su alianza con el PRI, y el tricolor se encuentra en el peor momento de su historia, al borde de la extinción.
Movimiento Ciudadano, el PT y el Verde podrán aumentar su presencia política, pero sus escasas estructuras les impiden ganar una elección de no ser en alianza con Morena.

Morena conserva la fuerza del gobierno de la presidenta, respaldado por las fuerzas armadas, además de la plataforma de Bienestar, que a pesar de los golpes en contra de morenistas, mantiene la preferencia por el proyecto de Morena.
El proceso de depuración en Morena, que ya ha iniciado en algunas partes del país, va de la mano con el rescate de algunos grupos de poder morenistas que al menos no arrastren señalamientos de las autoridades estadounidenses.

Morena tendría que replantear sus candidaturas, además de enfrentar las limitaciones en la operación electoral, que nuevamente quedaría en manos de los grupos locales, en gran parte del territorio mexicano influidos por la delincuencia organizada.
Mientras impera en el ambiente el temor al aumento de los alcances intervencionistas de las autoridades estadounidenses, como una operación militar directa en el país.
En los próximos meses Morena podría transitar hacia una depuración de cuadros sin más confrontaciones o el inicio de un profundo proceso de división.

Y en ambos casos es previsible que cualquiera de los dos escenarios termine en desgracia política.
@pedroalfonso88

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