12 mayo, 2026

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Madres y guerreras

Este mundo no funcionaría sin el ejemplo de esas mujeres que no se quedaron esperando que un hombre ‘las rescatara’
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JORGE ZAMORA
EXPRESO – LA RAZÓN
 
CIUDAD VICTORIA, TAM.- El día apenas empieza a clarear y Micaela ya anda se está tomando su cafecito en la cocina, mientras sus tres retoños aun duermen.
La modesta casita de dos habitaciones, aún en remodelación, atestigua silenciosa su rutina diaria y el ‘cheque en blanco’ que cobrará hasta la última de sus energías, en su jornada laboral que inicia en menos de una hora.

Micaela no habla mucho, pero ni falta le hace, pues a veces una sola mirada basta para disciplinar a sus tres hijos, de los cuales la mayor es quien más alega cuando se trata de lavar los trastes.

El microbús detiene su lenta marcha y el chirriar de balatas se conjuga con el ladrido de cincuenta perros de las manzanas cercanas y el olor a aceite quemado, mientras ‘Mica’, bajita de estatura como es ella, batalla para subir los tres peldaños al ascender al colectivo.

Acelerones y enfrenadas a ritmo de reguetón, van llenando la panza del transporte público, que en su travesía hacia el centro de la ciudad va esquivando baches y motos Italikas que zigzaguean como molestos mosquitos, mientras Micaela, aferrada a un tubo logra mantenerse de pie entre estudiantes, amas de casa y uno que otro amanecido con aroma a aguardiente y sudor.

‘Corriendito’ llega a checar tarjeta en una céntrica supertienda donde pasará las siguientes ocho horas acomodando carritos de mandado, mercancía fuera de lugar, puliendo el piso y lo que se ocupe.

Hasta hace unos cuantos años, Micaela se dedicaba por completo al hogar, pero desde que su marido, Salvador, dejó de trabajar en un taller mecánico y agarró ciertos vicios, la vida le cambió por completo.

Sin dinero, tres críos y una necesidad que no espera a que la providencia voltee a verla, la mujer de casi cuarenta años no tuvo mas opción que tomar un pesado empleo que la deja ‘molida’.

Al cabo de un año y meses, Mica logró obtener un crédito para comprar una casa, sin embargo, las viviendas nuevas cuestan el doble de lo que le fue otorgado.

Por medio de una conocida, supo de una casa en venta, pero prácticamente abandonada ¡y desvalijada!: sin puertas, excusado, lavabo, fregadero, con los vidrios quebrados, y obsceno grafiti en cada una de sus cuarteadas paredes.

El panorama habría lucido deprimente para muchas personas, pero no para Mica, que en su urgencia de salirse de la casa de sus suegros, cualquier construcción con cuatro paredes y un techo representaba un refugio, lejos de su desobligada pareja.

El reloj avanza y la mujer deja el alma en cada tarea asignada, sin embargo, su día está muy lejos de finalizar. Después de su jornada como ‘Micaela, la empleada’, continúa su rol de ‘Micaela, la mamá’ e irónicamente sale de una supertienda para entrar a otra, y comprar abarrotes y verduras que ocupará para preparar un guiso, el cual deberá bastar para cuatro personas por dos días.

Otro trayecto en micro, esta vez cargando varias bolsas de plástico y media tapa de huevos. El sol aún ‘cachetea’ la bochornosa tarde, cuando Mica camina los últimos 50 pasos para llegar a casa, cansada, mal comida, fastidiada y harta, pero aun conserva su optimismo, pues en sus manos lleva los ingredientes de la comida para el día siguiente.

Todo parece ir bien hasta que se topa con su marido, que visiblemente intoxicado por alguna sustancia batalla para articular palabra. Ella ya aprendió que enfrentarlo no lleva a nada bueno; lo escucha y a todo le dice que si, sabiendo que tras unos minutos el hombre no podrá mantener una conversación real, empezará a divagar y finalmente se irá.

Ella, aunque no lo reconoce, aun lo ama, pero de él ya solo queda el recuerdo …un caso perdido. En solo un par de años, ella logró todo lo que ella esperó durante dos décadas que él hiciera: darle seguridad y un hogar propio.

“Una tiene que hacer por su familia lo que tiene que hacer, con o sin ayuda de un hombre” escuchó el Caminante a Micaela decir en alguna ocasión a su comadre Delia, mientras hacían fila al comprar barbacoa unos tres domingos atrás.

Así como Micaela, miles de madres de familia tuvieron dar un paso al frente; la mayoría empujadas por la necesidad, otras porque se cansaron de ser parte del mobiliario de su casa, y muchas más porque decidieron forjar su camino por sí mismas y no depender de un hombre ‘que las salvara’ o ‘las mantenga’. Supervivencia, resiliencia, feminismo o ‘historia de éxito’, usted, amable lector póngale el término que guste …les quedará chico cualquiera que sea, pues, si ser madre es el trabajo mas importante y sacrificado del mundo, salir adelante en mundo creado por hombres y para ser gobernado por hombres es una proeza inigualable.

¡Feliz día de las Madres, señoras queridas!
 
 
 
 
 

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