12 mayo, 2026

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Poética de la novela, Dieciséis años para renacer

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Por Alejandro Rosales Lugo
Expreso-La Razón

Uno es un personaje dividido en rostros que se hilvanan en un orden dirigido al lector que abre sus ojos para encontrar. Y encuentro, en cada capítulo, no el orden de la novela, sino una poética que la autora colombiana recrea con poesía: un retrato de infancia y aliteraciones sensibles a la prosa de quien narra con imaginación viva y dramática.

La autora nos ofrece desde el principio un marco poético:
“Dispuesta a disfrutar el día, me senté al amparo de la sombra proyectada por las bugambilias en flor que cubrían la estructura maciza de la pérgola recién construida en la terraza. Acaricié con agrado la urdimbre del asiento, uno de varios sillones adquiridos en mis viajes y trenzado por las cansadas manos de aquel campesino colombiano (…)”.

Luz Mery gravita en un espacio que es su casa, donde se derraman los milagros y los recuerdos; las manos que cultivan lo mismo la tela de su madre que el café, dejando su atmósfera de color y sabor en la mesa y el “focolare” del amor familiar.
No son vivencias aisladas. Su corazón late en la medida en que asciende a otras capas del sentimiento, en lo doloroso de un hecho criminal donde la niña se ahoga de miedo y no deja de narrar, con una mirada fantástica, una realidad que trasmina impactos de soledad. El pánico marca los momentos adversos, y la escritora asume el mando de una extensa y vigorosa narrativa, espejo de su luz y su sombra.

Luz Mery no recrea: inventa un juego familiar donde los afectos y las querencias nos retratan un paisaje de felicidad y los golpes de la vida. Son como el cincel en el mármol que define su entorno y sus emociones; las querencias, como decimos en el norte de México. No son pasajes, sino testimonios vivos: las raíces del renacer.
Los capítulos tienen el trazo de una ventana. La escritora abre la cortina de las letras y narra, en la humedad y la sombra, un paisaje amoroso por la tierra que la vio nacer.

“Yo siempre amé inmensamente a mi padre, sintiéndome su consentida. Él fue muy especial conmigo; podía sentir algo hermoso e inexplicable cuando nos leía cuentos, los que me transportaban a un mundo mágico”.
Renacer es comenzar de nuevo sobre los escombros. Las páginas deshiladas fueron un libro que el viento de los presagios echó a volar. La autora templa sus palabras para revivir ese paisaje funeral que le robó una noche envuelta en gritos y llanto.
Luz Mery revive y, con sus dedos, toca las páginas negras y dibuja con su gis blanco palabras de compasión y piedad en el cielo de estrellas.

“Yo observaba silenciosamente cuando, de pronto, mis padres empezaron a discutir a gritos. Sin comprender nada, empecé a sentir un escalofrío en todo mi cuerpo; mi corazón quería salirse de mi pecho y sentía crecer en mi interior el ambiente hostil y pesado de esa negra noche”.

Luz Mery toma aire del viento de ayer, cercano a sus hombros donde descansa su cabeza de niña, en los albores de la casa: comedia y tragedia en una poética del espacio donde el corazón no deja de latir. Renacer es tomar el pasado y sacarlo del espejo de la tragedia para llevarlo al espejo del amor. Su imagen mantiene el curso del lector y ofrece caminos a una literatura donde el paisaje interior se amalgama con el tema, la pasión y el drama que el amor visualiza en la madurez de nuevos ojos. Es el amor y la ternura creciendo y desbordando sus ilusiones para volver a renacer.

Cada capítulo es una ventana de la casa que la joven escritora colombiana abre una y otra vez, donde desborda la memoria de un viento que se amotina en el paisaje con un sentimiento amoroso. La vida es una ilusión pasajera, pero la ilusión tiene las estaciones de un tren cargado de sueños que, como la hilandera, alarga una extensa tela, como Penélope esperando recuperar el tiempo.

Ada Prado no es un fantasma: es el espíritu de una niña que retoma el camino del ser. La novela Dieciséis años para renacer no es una aventura literaria; es la reconciliación de los encuentros del ser en un paisaje que ilumina la esperanza y el amor como un cuerpo interior de la casa de la escritora.

La obra muestra vitalidad y una trama que perfila a Luz Mery Sánchez como una vigorosa mujer de palabras poéticas, de prisa alegre, que ya otea en las letras de nuestro continente. Porque, ciertamente, la vida es un sueño que nos embarca en la realidad.

El libro aparece bajo el sello editorial de La Caverna, la escuela de escritores que viene del mar.

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