14 mayo, 2026

14 mayo, 2026

Trump y su exitoso manual para perder amigos

Faljoritmo/Jorge Faljo
Facebook
X
WhatsApp

La guerra contra Irán se describe en los medios de Estados Unidos como una “war of choice” -una guerra de elección- lo que da a entender que fue prácticamente un capricho personal de Trump. La expresión remite a las guerras de Irak y Afganistán, basadas en engaños a la opinión pública. Tal descripción es en sí misma una condena que refleja la creciente impopularidad del conflicto.

Una de las últimas sorpresas del conflicto fue la abrupta suspensión del Proyecto Libertad tras solo dos días. Esta operación implicaba acompañar con una importante fuerza naval y aérea la salida de los buques mercantes y las tripulaciones atrapados en el Golfo Pérsico. Bajo una fachada humanitaria era en realidad una provocación que llevaría de manera inevitable a una escalada del conflicto.

Ahora se sabe que el factor determinante de su fracaso fue la negativa de Arabia Saudita y Kuwait a permitir que su territorio y espacio aéreo, incluidas las bases militares norteamericanas, fueran empleadas en esa operación militar. De nueva cuenta Trump había anunciado el Proyecto Libertad sin consultar con sus aliados en la región.

Es evidente que la vieja ilusión de que las bases militares norteamericanas les brindaban protección se ha desmoronado. Por eso pagaban sus costos. Ahora saben que lo importante para Estados Unidos era y sigue siendo la protección de Israel y sus afanes de expansionismo territorial. Para las dictaduras árabes de la región, vulgo monarquías, lo que era una ilusión de protección se ha convertido en enorme riesgo. Una escalada del conflicto podría destruir no solo a sus gobiernos, sino las bases de la existencia misma de sus poblaciones.

Irán ha demostrado una y otra vez, su capacidad para responder con represalias calculadas para cada nivel de los ataques recibidos. Durante al menos veinte años construyó instalaciones militares bajo montañas de granito en las que acumuló decenas de miles de drones y misiles desde los más simplones, con motor de motocicleta, hasta otros de enorme sofisticación que demuestran un desarrollo tecnológico propio.

Irán podría destruir las instalaciones eléctricas de los países del golfo y dejarlos sin capacidad para obtener agua potable desalinizando agua de mar, y sin aire acondicionado. Dos elementos indispensables para sobrevivir a los calores superiores a los 50 grados centígrados que están a pocas semanas de darse en la región. Millones tendría que escapar de la zona.

La ruptura con Arabia Saudita y Kuwait se suma al agotamiento del muy caro arsenal norteamericano en la región. Reponerlo tomará años. Trump que lleva a cabo una guerra personal prácticamente perdida. Su objetivo inicial era derribar el régimen iraní y desquiciar al país; bajó de tono al reclamar la suspensión de todo desarrollo nuclear en Irán; ahora su objetivo central es reabrir el estrecho de Ormuz. Y posiblemente tenga que aceptar que sea bajo el control de Irán y el cobro de derechos de peaje.

De momento parece haber perdido a dos de sus más importantes aliados en la región y posiblemente también las otras monarquías aliadas estén repensando donde encontraran seguridad en el futuro. Para empezar tendrán que manejar una nueva relación, respetuosa, con Irán y para ello el mejor camino podría ser obtener el apoyo de China y Rusia.

Todo apunta a un cambio geopolítico de enormes consecuencias en el que Estados Unidos podría reducir su presencia a tan solo Israel.
Trump es experto en perder amigos. Esta guerra ha sido un punto de quiebre con los aliados tradicionales de los Estados Unidos en otras partes del mundo; con los miembros de la OTAN, es decir Europa y Canadá e incluso con Japón y Corea del Sur. En el ataque norteamericano israelita a Irán ningún aliado fue consultado, ninguna coalición fue construida y, a diferencia de otros conflictos no se le intentó maquillar con argumentos de legalidad y aprobación internacional. No se intentó repetir algo similar a la falsa acusación de que Irak tenía armas de destrucción masiva ocultas.

Europa está pagando una factura energética y de crecimiento que los propios estadounidenses resienten poco por ahora. Todos sus países han reducido su perspectiva de crecimiento económico y, de continuar el conflicto, podría llevarlos a una recesión. Una encuesta seria en 31 países indica el rechazo de la población a esta guerra y, tal vez de mayor importancia para el futuro, solo el 39 por ciento considera que Estados Unidos tendrá un impacto positivo en el mundo en la próxima década; el 50 por ciento piensa que China tendrá un impacto positivo.

Es un cambio de percepción radical que señala el declive de la legitimidad de Estados Unidos que los lideres europeos no podrán seguir ignorando.
Pedro Sánchez, presidente de gobierno de España declaró el rechazo de su gobierno a la acción unilateral de Estados Unidos e Israel y negó el uso de sus bases militares para vuelos relacionados con la ofensiva. Friedrich Merz, el canciller de Alemania, dijo que Estados Unidos está siendo humillado por la capacidad de negociación, o de no negociación, dijo, de Irán. Trump respondió con la absurda acusación de que apoya que Irán tenga bombas atómicas. Macron, presidente de Francia advirtió que esta operación militar fuera del derecho internacional socava la estabilidad global y dijo que lo que más quería es que los europeos recuperen el control de su propio destino.

El primer ministro de Canadá, Mark Carney dijo que muchas de nuestras antiguas fortalezas, basadas en el estrecho vínculo con Estados Unidos se han convertido en debilidades que debemos corregir.
Trump, engolosinado en su egolatría, su propia importancia y su supuesta infalibilidad, ha despreciado y destruido las alianzas históricas de su país. Muchos pensaban que era parte de su genio político el continuo cambio de posiciones que desconcierta tanto a amigos como a adversarios. Ahora crece la percepción de que se trata más bien de descuidos o errores posiblemente asociados a un declive mental.
El caso es que Estados Unidos se aleja de Asia, Africa, América Latina, de Europa y Medio Oriente, de una manera que ya es característica estructural de su mandato. No es una anomalía, es un patrón de conducta con el que Trump debilita a su país.

DESTACADAS