Por Raúl López García
TAMAULIPAS, MÉXICO.- “Ocho casos” bastaron para quebrarle la voz al procurador de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes del DIF Tamaulipas, Jorge Alberto Galván Garcés. Ocho historias de abuso sexual infantil registradas tan solo en lo que va del año en Ciudad Victoria, donde, según reconoció el funcionario, los principales agresores suelen ser las nuevas parejas de las madres.
La declaración no sólo encendió alertas en torno a la violencia contra menores, también dejó al descubierto una realidad dolorosa: muchos niños intentaron hablar antes de que ocurriera la tragedia, pero nadie los escuchó.
“Que escuchen a sus hijos”, pidió el procurador durante la entrevista. “Muchas veces, por querer mantener una pareja, ya no le ponen atención a sus hijos, no los escuchan. Y ahí es donde está la persona que está violentando a sus hijos”.
El funcionario admitió que la mayoría de los casos de abuso sexual infantil detectados este año en Victoria ocurrieron dentro del entorno familiar y que, en repetidas ocasiones, las madres no presentan denuncias, por lo que el DIF debe intervenir legalmente e incluso denunciar a quienes encubren el delito.
“Nosotros presentamos la denuncia, inclusive contra la propia madre, porque está siendo cómplice al no denunciar los hechos”, sostuvo.
Las cifras reveladas muestran un escenario preocupante. Tan solo en temas de violencia infantil, la Procuraduría atiende entre dos y cuatro asuntos diarios, principalmente relacionados con maltrato físico y violencia verbal. Además, reciben constantes llamados del 911 por menores en situación de riesgo.
Sin embargo, los casos que más estremecen son los de abuso sexual. Galván Garcés relató que recientemente atendieron situaciones relacionadas con menores de apenas dos y tres años de edad. Aunque evitó abundar en detalles por tratarse de investigaciones en curso, reconoció que son hechos que “hacen un nudo en la garganta”.
En varios de esos expedientes, dijo, inicialmente se intentó responsabilizar a instituciones educativas o guarderías, pero los estudios forenses determinaron que las agresiones ocurrieron dentro del núcleo familiar.
“Normalmente casi son los padrastros, las nuevas parejas”, insistió el funcionario al ser cuestionado sobre el perfil de los agresores.
El procurador también advirtió que los conflictos económicos, la falta de empleo y la presión dentro de los hogares pueden detonar ambientes violentos que terminan afectando directamente a niñas y niños. Por ello, el DIF mantiene talleres para padres en escuelas, enfocados en crianza positiva, comunicación y derechos de la infancia.
“No puedes educar con golpes o reprimendas fuertes. Tiene que haber comunicación y buen ejemplo”, expresó.
Aunque muchos de los reportes terminan siendo falsos o conflictos familiares exagerados, las autoridades reconocen que cada denuncia debe tomarse con seriedad, porque detrás de algunas llamadas hay menores atrapados en contextos de violencia silenciosa.
El llamado final del DIF fue directo: escuchar cambios de conducta, miedos repentinos, aislamiento o rechazo hacia determinadas personas puede marcar la diferencia entre proteger a un niño o dejarlo solo frente a su agresor.




