Por Rigoberto Hernández Guevara
Al papá de mi bisabuelo ya no lo recuerdo. Es decir que no recuerdo su nombre pues resulta imposible haberlo conocido personalmente. Nos ocurre a todos a menos que tengamos una fotografía en la pared de la casa de los abuelos o que hubiese sido un hombre famoso. Aparte mi padre ya no está en este espacio terrenal como para preguntar detalles del tatarabuelo.
El futuro aquel es el presente de hoy. Somos lo que el pasado construyó de cierta forma. Por eso dicen que me parezco a mi bisabuelo. No soy tan feo. ¿Pero qué tal si soy más similar a mi tatarabuelo? Nunca lo sabré. Tampoco sabré si tuvo hermanas, que en su caso sería mis tataratías, si fueron bonitas o feas. Si todos juntos anduvieron en la bola de la guerra por la Reforma con Porfirio Díaz al que luego nuestros abuelos desterraron después de una larga dictadura.
Jamás sabré cuáles eran los gustos de aquellos tatas, si fueron valientes de a caballo no hay forma de saberlo. Las fotos de entonces eran solamente para gloriosos protagonistas o por casualidad frente a un tren, perro incluido, en una de muchas fotografía del archivo Casasola que ya dieron vuelta al país.
Son cosas que ni siquiera puedo reseñar por el hecho mismo de no haber registro. Con eso de que la historia la cuentan los ganadores y se escriben y graban puras cosas buenas; y ninguna derrota es financiada así como para permanecer echándonos el borrrascoso pasado en la cara. Decirlo en el tiempo pudo haber llevado a uno que otro a las masmorras.
Recio viene el futuro y la imaginación lenta queda corta y asombrada. Viendo cómo el futuro una y otea vez nos alcanza. Imagino estar ahí sentado viendo a otros inmortales como yo viéndonos el asombro. Nunca imaginamos que esto fuese a pasar.
El Futuro tampoco se logra imaginar fácilmente, sino podemos interpretar el presente, menos podemos predecir el futuro cada vez más incierto como manipulable. Por ello si me atrevo a vaticinar, o cualquier otro aburrido lo hace, es posible que les mienta. Pues tanto el pasado como el futuro son lugares donde no estuvimos presentes. La comunicación es así de gacha, se le van acomodando los datos hasta que encaje y a cualquiera se le van las cabras.
Hernan Cortez fue bueno para algunos españoles pero para nuestra historia es negativo. Desvivió a muchos nativos. Benito Juárez fue bueno para los liberales, pero no tanto para los católicos. Actualmente es difícil decir algo que realmente haya existido en el pasado o que vaya a ocurrir en el futuro.
En el presente igual que al pasado vemos que hay tendencia a manipular el futuro y predecirlo. Novedosas formas de comunicar bombardean las mentes curiosas de los cautivos e ingenuos consultando las redes, no todos. Dicen que viene el anticristo, se ha soltado el rumor de guerra instando al miedo durante el almuerzo.
Y sin embargo todavía quedan restos de humildad. La sensación que ocasiona un semejante sano y tranquilo. Un ser humano sencillo y neto de los cuales quedan pocos garantiza algo, no se qué pero lo hace. Si el futuro es bueno o malo, deseo estar del lado bueno, ¿pero cómo identificarlo? Supongo que todos lo añoramos, como en todos los tiempos. No obstante el mundo de cada quien gira sobre las cabezas, cada uno con su cada cual.
Lo más seguro, aún cuando no sabría comprobarlo, es que mi tataranieto me olvidará. Preguntará si existía, si usaba el pelo largo y nadie podrá describirme con certeza, certeza con la cual ahora mismo no cuento. Y posiblemente para entonces, uno de tantos miles de habitantes del planeta, haya borrado todos los datos del Facebook, por inútiles y falsos, y quien lo sabe qué más cosas.
HASTA PRONTO




