29 mayo, 2026

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Lo que el Papa León XIV y el derecho digital coinciden frente a la IA

CLICK & LAW / GRECIA NAVARRO
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En mayo 2026 se publicó la carta encíclica del Papa León XIV con el nombre de Magnifica Humanitas, en donde analiza el impacto de la Inteligencia Artificial en la vida humana y como trasciende en el ámbito espiritual, tanto la encíclica como el derecho digital comparten una misma premisa y es la protección de la dignidad humana frente al avance acelerado de la tecnología.

Hoy compartiré cinco puntos importantes en donde la encíclica conecta con el derecho digital, el primero es que ambos ambos buscan la responsabilidad de quienes diseñan, programan y hasta de quienes los utilizan. El segundo es el reconocimiento del desequilibrio del avance tecnológico a una velocidad que las leyes, las instituciones y la conciencia colectiva no han podido seguir, ante esa brecha, las campañas de alfabetización digital se vuelven indispensables, pues una conciencia colectiva desinformada no puede exigir derechos que desconoce. El tercero es que la IA no es moralmente neutra, sus algoritmos llevan inscritos los criterios y prejuicios de quienes los diseñaron, razón por la cual la protección contra el sesgo algorítmico debe reconocerse como un derecho.

El cuarto punto es respecto al control de las plataformas, infraestructuras y datos no está en los Estados sino en empresas transnacionales que determinan las condiciones de acceso y las reglas de visibilidad, en días pasados compartí que Claude la plataforma de inteligencia artificial de Anthropic, cuenta con una constitución interna que busca autorregularse bajo principios éticos propios. Lo peligroso es cuando una empresa fija sus propios criterios sin un marco jurídico que los obligue, ante una controversia dentro de la plataforma se convierte en juez y parte, basta un clic para aceptar sus términos, esto es un llamado para actualizar las leyes mexicanas, especialmente frente a decisiones automatizadas que se toman sin intervención humana y sin que nadie rinda cuentas por ellas.

El último punto es el error que se comete cuando se compara con la inteligencia humana, ya que la IA no tiene conciencia moral, no juzga el bien ni el mal, tampoco capta el sentido último de las situaciones ni asume el peso de las consecuencias, como señala la carta encíclica, «pueden simular empatía, pero no conocen lo que producen», nuestra equivocación sería acostumbrarnos a delegar todas las decisiones e ir perdiendo autonomía. A esto el Dr. Julio Téllez Valdés lo denomina Intermediación Cognitiva Tecnológica, es la capacidad de la IA para condicionar estructuralmente las decisiones de una persona con efectos jurídicos reales.

Después de compartir los puntos que detecté, aclaro que no es una invitación para dejar de usar la inteligencia artificial, sino para empezar a ser más conscientes de cómo influye en nuestras vidas, puesto que existen las alucinaciones de la IA y la famosa caja negra, es decir, la falta de transparencia sobre cómo estos sistemas obtienen los resultados que comparten al momento de que los consultamos. A modo de reflexión ¿Cuántas decisiones delegamos a ChatGPT al día? ¿Sabemos distinguir cuándo una respuesta es real o falsa?.

Por Grecia Navarro
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