Tengo un gran respeto por las redes sociales utilizadas en internet.
Se han convertido en una importante ventana para las inquietudes populares, en una ácida voz para sus reclamos y sin duda, en un termómetro del sentir de un gran sector poblacional. Bienvenidas sean todas ellas.
Pero todo lo anterior, en la opinión de su servidor, no debe ser excusa para utilizarlas como herramienta para desinformar y por lo tanto, para desestabilizar.
Viven estas modalidades de comunicación un momento vital. Pueden llevar al cielo o al infierno a personas o a instituciones y parecen haberse convertido en el fiel más confiable de la balanza para medir aciertos o errores. Basta con ser citado en ellas para por un lado ser el blanco de mofas e insultos hirientes o para ser considerado en su contraparte, así sea un flagrante infractor de la ley, en un héroe. Ejemplos de ambos casos, sobran.
Ayer, cosa curiosa para un comunicado oficial de prensa, un boletín dejó constancia de lo que sucede por manejar las dudas y opinar sin conocimiento del entorno, en esas redes.
El tema es el relativo a la Convocatoria para la Promoción por Profesionalización del Personal de Enfermería, de Trabajo Social y de Terapia Física y Rehabilitación. Las redes crearon un ambiente de confusión sobre el tratamiento a los implicados en esas áreas, al manejar un supuesto e inexistente objetivo de reducir la profesión de enfermería a un oficio.
¿No hubiera sido mejor abordar el tema directamente con las autoridades respectivas y precisar los conceptos integrados en esa convocatoria, en lugar de ventilar el tema en «tweets» o mensajes de Facebook?
La pregunta aplica para cualquier otro aspecto de la vida pública, que con frecuencia primero se distorsiona en las redes y después, cuando se ofrece una explicación oficial, ya nadie la cree porque se piensa que es sólo un intento de salir del atolladero.
En medio de todos estos embrollos, me parece que la reacción de la Secretaría de Salud de manejar un comunicado para arrojar luz sobre esos dimes y diretes es, para estar a tono y aunque suene a redundancia, saludable.
Siempre será mejor, como asienta la voz popular, tomar al toro por los cuernos y salir al quite para capotearlo, en lugar de esperar a que pase el temporal y esperar sentado a que amaine por sí solo. No sólo se intenta aclarar el escenario, sino que también se manda un mensaje de que al sector involucrado le interesa lo que los posibles afectados piensan y opinan. Es como abrir una puerta virtual con una invitación para dialogar.
Ojalá que todas las dependencias actúen de manera similar. Quisiera ver a una Procuraduría General de Justicia, a una Secretaría de Seguridad Pública o a una Secretaría de Desarrollo Económico, por citar sólo algunos casos, enfrentar al manoseo informativo, muchas veces sin sustento, que tanto prolifera en las redes sociales y ofrecer a los interesados explicaciones claras y sobre todo, dejar constancia de que les interesa resolver las dudas.
Tal vez así, podrían recuperar algo de la confianza perdida…
POSITIVA RECETA
No es sólo una muestra de urbanidad electoral, sino también una señal de respeto a la ciudadanía en general.
El ayuntamiento de Altamira firmó ayer un acuerdo con el Instituto Nacional Electoral para definir los espacios que podrán utilizar los partidos políticos para promover a sus candidatos.
Es un principio de orden que los demás cabildos deberían seguir. Evitarían de antemano las feroces pugnas por bardas y postes y no permitirían que se contamine la imagen de sus respectivos municipios con toneladas de basura, que en muchas ocasiones se convierten en riesgos de accidentes viales.
Bien por el alcalde Armando López Flores. Aplica la vieja pero positiva receta de que la mejor manera de evitar problemas, es prevenirlos…
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