El anuncio de que la comediante y actriz CARMEN SALINAS haya sido postulada como candidata plurinominal a una diputación federal, no solo ha sido altamente cuestionado sino que ha puesto en el tapete la discusión sobre cuáles deben ser los perfiles de una persona que aspira y que, seguramente como en este caso, llegará a ser parte de un órgano encargado de diseñar el marco jurídico de la Nación.
A DOÑA CARMEN se le conoce ampliamente por su participación en películas sobre temas frívolos y triviales, así como por una obra teatral del mismo corte con la que ha recorrido casi todo el país pero exclusivamente por ese motivo artístico empresarial, sin que, se sepa, haya entrado en contacto directo con el grueso de la población.
Indudablemente que para transitar exitosamente por el medio artístico durante muchos años se requiere de una capacidad especial pues ya se sabe que en el mundo del espectáculo la sobrevivencia es harto difícil. De allí que la promotora de “aventurera” no puede ser catalogada de incapaz, histriónicamente hablando.
Pero de eso a que reúna las calificaciones necesarias para representar a un segmento de la ciudadanía en una instancia como la Cámara de Diputados donde no se escriben guiones teatrales sino las normas regulatorias de nuestro sistema político, hay mucha distancia.
Es el mismo caso de otros personajes conocidos a través de actividades muy distintas a la política, como lo sería el del futbolista CUAUHTEMOC BLANCO que igualmente ha sido postulado por otro partido como candidato a diputado federal o el de un señor de Guadalajara que trabaja como payaso.
No se trata de descalificar a personas en su individualidad o en su género, solo que los mexicanos tenemos el legítimo e incomparable derecho a tener legisladores que entiendan y ejecuten cabalmente sus tareas, aspiración que por desgracia históricamente no se ha logrado, máxime en el caso de los candidatos plurinominales que en su mayoría responden a intereses de grupo, compadrazgos o amiguismo.
En un promocional de cierto partido político, se decía “Buscamos candidatos”, como si se tratara de un aviso clasificado mediante el cual se estaría ofreciendo un empleo. Ello denota que ni siquiera tiene el capital humano propio para ofertar y desata las dudas sobre la legitimidad de su registro que le da derecho a fondos aportados por los contribuyentes.
México enfrenta serios problemas de tipo orgánico, político, social y económico derivados de un mundo globalizado y dinámico en el que los esquemas legales son constantemente superados en los hechos y múltiples situaciones de facto no pueden ser controladas por la falta de regulaciones aptas para ello.
La idoneidad de un representante popular, como es el caso de los diputados y senadores, teóricamente se surte de sus antecedentes, formación profesional, comprensión de la problemática nacional y de su interacción con grupos sociales, además de su comprobada vocación de servicio y honestidad en todos sus actos.
Entonces ¿porqué los partidos reparten candidaturas sin explicar públicamente si los nominados satisfacen tales requerimientos?
Que alguien lo explique.




