El judo es una disciplina milenaria. Contiene el espíritu y el cuerpo en una dualidad que los hace mejores. En Tamaulipas se distinguen magníficas competidoras que han obtenido logros para nuestro estado. Jovencitas como Larissa Rosales, son parte de esta actividad renovadora de la disciplina férrea y competitiva. A su corta edad ha tenido magníficos resultados y el medallero a nivel estatal y nacional, demostrando su capacidad y compromiso con esta delicada disciplina que contiene el alma y el espíritu de lucha.
Seleccionada en reciente competencia llevada a cabo en Tijuana, se ganó a pulso un lugar para competir en la Olimpiada Nacional a celebrarse la próxima semana en Monterrey, N. L. Pero este modesto éxito y sus ilusiones fue por la maestra Cecilia Martínez, entrenadora que aplica las reglas de la disciplina con miope autoridad, de la disciplina de la cual es directiva a nivel estatal. Porque le fue negada a Larissa Rosales su derecho a participar en esta importante competencia a nivel nacional, bajo el alegato de un presunto acto de indisciplina de la competidora y entre otros participantes tamaulipecos con el mismo derecho.
Natural que una jovencita como Larissa se sienta decepcionada por las decisiones de su entrenadora que la aleja de las posibilidades de obtención de nuevos logros y al coartar su derecho a los apoyos a contar con la beca de apoyo y uniforme de competencia como estaba programada en función a sus méritos para competir en el mencionado certamen en Monterrey.
Falta de sensibilidad, con aspectos dictatoriales, la entrenadora Cecilia Martínez, sienta un mal precedente en cuanto al buen trato a sus discípulas, que como en el caso de Larissa Rosales es un testimonio latente de lo perjudicial que pueden ser las decisiones arbitrarias y caprichosas.
Justo es que se tomen medidas al respecto, porque estas actitudes en nada contribuyen a la buena marcha del judo, que le ha dado glorias al judo de Tamaulipas.




