3 enero, 2026

3 enero, 2026

Crónica urbana

Los aguaceros de mayo

Crónica Urbana

Esa primorosa melodía que cantaba el Charro Cantor, Jorge Negrete o Pedro Infante, nos suena con toda su frescura entre los tumbos de la trombas y entre los estruendos de las tubas. Porque la musca está en el viento y como la Múcura, mamá, no puedo con ella, es que no puedo con ella.

Pero el viento que desborda el agua en sus arrojos y que nos tapiza los pies en baños de calcetín se mueve en los mantos de cemento de las calles de mi ciudad.

Y es que los aguaceros de mayo nos invitan al café, al pan, al rejunte tardío.

Porque no hay nada mejor que la frescura sobre unas sábanas blancas arremolinados y suspirando con la cara frente a frente.

La lluvia, que tanto gustaba Ernest Hemingway de contar en sus novelas, donde casi siempre aparece la lluvia con sus velos de melancolía, de la nostalgia que escapa en la ventana, del recuento de la gente de los que se van y vienen en la fiesta.

Pocos como el gran escritor norteamericano, que hizo de Cuba su Isla, para escribirnos esa nostalgia de la lluvia entrelazada al amor y a las trincheras de la existencia.

Los aguaceros de mayo han venido con truenos como los de agosto. Aunque los tiempos de lluvia de ahora no son como los de antes, nos despierta la melancolía, nos vierte un halo de nostalgia de los tiempos idos, cuando niños, nuestra generación se recreaba los pies en las calles en los ríos y mares inventados por nuestra inocencia.

Zapatos mojados y los pies húmedos, los charcos eran islas, arremedo de ríos y océanos donde dejamos abandonados nuestros cuerpos adolescentes que muy apenas aprendíamos amar, con los amores de la inocencia y una picardía sana.. Son los aguaceros de mayo.

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