El próximo 7 de junio será una fecha especial para todos los mexicanos. Y desde luego, vamos en ese paquete los tamaulipecos.
Ese día, del cual nos separan apenas un par de semanas, votaremos por quienes por lo menos en teoría, nos representarán a los ciudadanos en la Cámara Baja del Congreso de la Unión. En la Cámara de Diputados, para ser más claro.
A lo largo de las campañas proselitistas que terminarán tres días antes de la jornada mencionada, hemos escuchado de los candidatos participantes desde propuestas congruentes y planteamientos con diversos niveles de credibilidad hasta verdaderos disparates por la imposibilidad de cumplir los ofrecimientos que los aspirantes, sin excepción de partido, lanzan al aire en algunos casos con alegre irresponsabilidad.
No han sido campañas exitosas en su mayoría. El interés de los votantes potenciales se ha mantenido a la baja y los compromisos a los cuales se han sometido los hombres y mujeres que protagonizan suenan, por desgracia para ellos y ellas, huecos. Como lo define la voz popular, son mensajes “de cajón”.
Y sin embargo, sobre la aridez de los conceptos y la falta de creatividad de los candidatos, estas campañas me gustan. Me refiero a las que se llevan a cabo en Tamaulipas.
¿Por qué la contradicción?
Para responder al cuestionamiento, basta lanzar una ojeada al proceso electoral federal anterior al actual. Si lo recuerda, vendrán a su memoria las tácticas que dominaron aquellos escenarios, en los cuales los baños de lodo, los insultos y las descalificaciones fueron el pan de cada día, para formar uno de los peores ejemplos de civismo electoral que se hayan vivido en nuestro país.
No cambió mucho este escenario en el plano nacional, como se advierte en los mensajes televisivos y radiofónicos de los partidos a través de sus dirigencias. Para algunos, todo sigue igual.
Pero por favor, gire su vista a Tamaulipas.
Por lo menos hasta ahora, los candidatos en nuestro Estado, podría decirse que de todos los partidos, han dado una muestra gratificante de madurez y respeto no sólo hacia sus adversarios circunstanciales, sino a la sociedad en general, al privilegiar los planes de trabajo y la oferta de beneficios sobre las ofensas intestinales o el intercambio de suciedad, en una especie de bocanada de aire fresco para el ánimo de los ciudadanos en nuestra patria chica.
Y permítame, para finalizar el tema en este espacio, una reflexión personal sobre lo mencionado.
No sé si quienes logren triunfar y llegar así a la Cámara de Diputados cumplan o por lo menos intenten cumplir lo que están ofreciendo. La historia de experiencias cercanas de sus antecesores no admite grandes dosis de optimismo en ese sentido.
Pero algo queda claro. Tamaulipas está dando una muestra clara de que la famosa frase de ¡Sí se puede! en la limpieza de planteamientos es válida para un proceso electoral. Está dando un ejemplo valioso al resto del país y a sus propios líderes formales de que la madurez social no es un atributo inalcanzable.
Felicito a los candidatos tamaulipecos por ese comportamiento. Ojalá que en el cierre de sus campañas no echen a la basura el camino bien andado hasta ahora y nos regalen un broche de oro en ese sentido.
Antes de ganar el voto en las urnas, parecen hasta ahora, haber ganado un voto de confianza…
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