La noticia, de alto interés para los maderenses por el impacto en su desarrollo económico, incluye también en sus raíces una estampa de dos de los caicazgos que ha registrado el sur de Tamaulipas.
Me refiero al acuerdo para liberar legalmente la zona comercial ubicada en la plaza isauro Alfaro, cuyos establecimientos comerciales, ubicados en la zona subterránea, son un monumento a la mala planeación y a las decisiones políticas «al vapor». Bien por ese municipio que ahora podrá, una vez liquidados los adeudos, explotar económicamente esos espacios.
¿Por qué hablar de cacicazgos?
Sucede que en esa plaza tuvo asiento hasta la década de los setentas una escuela primaria que llevaba el nombre precisamente de Isauro Alfaro, fundador del Gremio Unido de Alijadores.
Tal vez el plantel hubiera permanecido en ese lugar durante muchos años más, si no se hubiera enfrentado Gerardo Gómez Castillo, dirigente del Gremio y en ese tiempo alcalde de Tampico, con Joaquín Hernández Galicia, en ese entonces omnipotente patriarca de la urbe petrolera, quien protagonizaba una abierta invasión del puerto con el apoyo de la CTM, donde pavimentaba calles, remozaba mercados y entregaba apoyos sociales entre otras cosas, sin consultar a nadie, en abierto desafío a la autoridad municipal.
Gómez Castillo no cesaba de denunciar a «La Quina» en todos los ámbitos donde pudiera ser escuchado y éste, en respuesta, conminó al primero a retirar la escuela Isauro Alfaro, «por afectar al desarrollo urbano» maderense. Gerardo lo ignoró y arropado por Raúl Pego, dirigente de la CROC, arreció sus ataques.
Una mañana, al llegar los alumnos a las aulas recibieron una sorpresa. En lugar del edficiio había un gigantesco montón de escombros. Joaquín había ordernado la demolición en uso de su inmenso poder y de manera unilateral resolvió el problema.
Gómez Castillo gritó hasta el hartazgo, pero nadie lo respaldó. Era una pelea perdida en la cual nadie deseaba compartir sus amarguras.
Derrotado, Gerardo se vio obligado a aceptar la generosidad de «La Quina», quien levantó otra escuela con el mismo nombre, Isauro Alfaro, pero alejada de su ubicación original.
Fue un precio amargo para el ego de Gómez Castillo, pero no pasó de un trago amargo para su vanidad y jerarquía política. Su principal aliado no corrió con la misma suerte.
Raúl Pego Núñez, ya fallecido igual que Gerardo Gómez Castillo, fue acusado por fraude en agravio de los residentes de una colonia. Fue encarcelado y exhibido públicamente de una manera feroz. Aún recuerdo el titular a 8 columnas, acompañado de la fotografía del líder obrero tras las rejas, del periódico El Mundo, incondicional de Joaquín: «Falso Redentor Preso». Así con mayúsculas en cada palabra, como se estilaba en esos días.
Como ve, toda historia al parecer brillante, casi siempre tiene un lado oscuro.
EL RECORD IMBATIBLE
Tuve el honor de conocer en forma personal a Vidal Efrén Covián, uno de los hombres más eruditos en la historia de Tamaulipas y en especial de Ciudad Victoria, de la cual fue cronista.
Hoy se cumple un año más de su partida final de una vida en la cual luchó contra santones acartonados en esa materia y hasta con laureados autores de libros, para a la manera de un renovado Quijote, enmendar errores y deshacer entuertos.
Junto a él aprendí en esos años a querer a la capital del Estado, cuando a mis 28 años llegué a lo que entonces era bucólico rincón de nuestra patria chica. Junto a él también tuve la enorme suerte de convivir con íconos del periodismo tamaulipeco como Manuel Montiel, Bladimir Joch, Alfonso Pesil o Guadalupe Díaz Jr.
¡Cuánto aprendí de ellos!
Donde esté, profesor Covián, ojalá aún pueda disfrutar el haber logrado mantener aquel memorable record que él mismo pregonaba con júbilo: Nunca haber pagado ni siquiera una sola taza de café…
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