Ustedes lectores observaran que ya no hay junta de perros y perras. Las imágenes de perros ganchados con las perras han pasado de moda. Raro es encontrar a un perro perreando a las perras. Memorable encontrar a la pandilla de perros sobre la perra, que arrinconada recibía la dote acuosa y lagrimosa por las ancas. Pienso que ser perro es una vida de silencio, de ladridos monótonos. Bien dicen que «lleva una vida de perro» porque siempre al más flaco se le pegan las pulgas. Las perras bravas si existen, pero las tienen en cautiverio, y ahora con el imperio de las mascotas y la cadena de negocios que se desencadena, los perros son tratados, no como perros, sino como seres humanos, si como perros. La perra brava dicen que no muerde al amo y menos a la ama. Pero cuando se vino la euforia por adquirir perros chinos, y digo perros de la china, no los chinos, un perro de esos de gran tamaño mordió la pierna de una bella vecinita. Le arrancó un cachito de carne viva, que si no se la comió es porque le pararon los perros.
Cuando el sagaz caballero de la triste figura, El Quijote, avanzaba por las calles, los perros le ladraban, lo que asentó «que cuando los perros ladran es señal de que iban avanzando», Sancho y Don Quijote.
El diccionario perruno es abundante, llevar una vida de perro, ser un perro en el trabajo o en la escuela, es resultado de la iconografía fantástica de los perros y sus gestos idílicos.
Ser un buen perro es ser un buen amante, un buen hombre. Un pinche perro es el lamedor, el lamegüevos, que abundan como los venaditos en la serranía. Una perra es aquella que da mucha lata, una perra muy brava que se va a las manos. Perrito es el faldero, el marido faldero obediente y perrita por las mismas. Perrilla es la que brota en los parpados y duele. Perra vida es la que nos asalta con la subida del dólar que pega sobre la inmensa mayoría de perros pobres que rebasan las estadísticas de la demagogia. Mientras existan perros tendremos perras y perrones. Un Mastin es un gran perro, el Doberman un perro terrible, los perros de agua son tampiqueños, los perros falderos son para jugar, los perros de engorda son los antiguos estudiantes de la Escuela Industrial Álvaro Obregón. En perros y perras van a lamer, ahora que ya se viene el cambio de estafeta en el gobierno federal y se prepara el perro de engorda que puede ser gobernador. Los políticos son bien perros y no dejan ni un solo hueso para los pobres, por desgracia, los más perros, los pulgosos y garrapatientos famélicos. No los de Perros Bravos, N.L. sino el que viene como candidato libre, y hay que chingarse desde ahora con el perro.




