A la mitad de la primer semana de campañas, aquello de que esta será la elección más importante del estado, la más intensa, o la más peleada, se ha quedado solamente en los pronósticos de la comentocracia política tamaulipeca.
Lo que hemos visto hasta el momento es algo similar a lo ocurrido en todas las elecciones anteriores, y me refiero a las de todos los niveles.
Somos víctimas de un aluvión de spots políticos a los que ningún ciudadano -sano mentalmente- les pone atención en más de una ocasión, y eso si bien les va.
Nos encontramos a diario con las brigadas de impacto (sí, así les llaman pomposamente los gurús del marketing político) de los candidatos que, con batucada incluida, no hacen sino complicar todavía más el tránsito por las avenidas principales de nuestras ciudades.
Pregunta seria: ¿alguien se siente «impactado» positivamente por esos grupos de jóvenes que insisten en entregarte propaganda del candidato para el que trabajan?
¿Cuál es el destino de esos miles de papeles en forma de folletería que entregan en mano todos los días? Los botes de basura, casi siempre.
Ocurre lo mismo con las calcomanías que casi siempre sin permiso, pegan en vehículos y ahora hasta en las fachadas de los domicilios (yo ya llevo dos en tres días).
Estamos pues, ante un ejemplo del claro divorcio que existe entre la ciudadanía y la clase política. Las campañas solo interesan a quienes por alguna razón participan en ellas, o perciben la posibilidad de un beneficio directo si gana tal o cual candidato.
Lo más grave es que los partidos no parecen estar interesados en esta coyuntura.
Lucen satisfechos con seguirse comunicando estrictamente con su público cautivo, el 30% ó 40% de la población que les permite ganar una elección.
Por eso, si este va a ser un proceso electoral inédito para Tamaulipas, me temo que la ciudadanía no se ha enterado. Y los partidos no han encontrado -quizás algunos no han querido- la manera de incluirla en su dinámica.
Desde luego esto apenas comienza.
Y en la boleta aparecerán varios candidatos con la capacidad suficiente para generar debates importantes y trascendentales para Tamaulipas.
Ojalá, por el bien del estado, que hacia allá transite esta elección. Que por una vez pasemos de la canción más pegajosa o la mejor sonrisa.




