Faltan menos de cinco días para que inicien las campañas de los candidatos a alcaldes y diputados locales y en el ambiente político hay pocas señales de que esté por comenzar otra batalla trascendental para el futuro de Tamaulipas.
Da la impresión de que son muchos los que le apuestan a ser impulsados -a ver si no terminan arrastrados- por la ola de su candidato a la gubernatura.
En el caso de Matamoros, priístas y panistas aspiran a dejarlo todo en las manos de Baltazar y Cabeza de Vaca, cuando ambos han enviado suficientes señales de que cada candidato tendrá que rascarse con sus propias uñas.
La orden desde las alturas tricolor y blanquiazul es clara para sus candidatos: la campaña requerirá una inversión importante de trabajo y de capital político y económico. Nadie se debe guardar nada.
No es para menos, por más que arrecie la guerra de encuestas, en la intimidad de los círculos más cercanos se sabe que las preferencias electorales están cerradas y seguramente así permanecerán hasta el final.
Ningún candidato en el territorio tamaulipeco puede darse el lujo de tirarse a la hamaca como si tuviera la elección ganada, ni siquiera en aquellos municipios donde en efecto se vislumbran grandes diferencias entre primer y segundo lugar.
Los reportes que llegan desde los búnkers en Matamoros coinciden en que priva el desconcierto. A menos de una semana de que comiencen las actividades proselitistas no están claras las funciones que desempeñará cada uno de los colaboradores.
En el caso del Acción Nacional el problema es mayor porque todavía nadie entiende cómo harán campaña en unidad los tres candidatos al Congreso y la candidata a la alcaldía.
Al grupo político que ganó la candidatura para Verónica Salazar se le vino el tiempo encima y hay todavía demasiados cabos sueltos de cara al inicio de la campaña más corta de la historia.
Mientras que en el PRI sigue presente el fantasma de los golpes bajos entre los “locales” y los enviados de Victoria.
Este es el panorama de los dos partidos con posibilidades reales de obtener la alcaldía de Matamoros y las tres posiciones en juego para el Congreso del Estado. Y si las cosas no cambian de manera rápida, más que impulso, los candidatos locales se convertirán en un dolor de cabeza para los aspirantes a la gubernatura.
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