CIUDAD VICTORIA, Tamaulipas.- El incremento de denuncias por ciberacoso sexual infantil, también llamado “grooming”, ha encendido la alerta en Tamaulipas y motivado una mayor intervención de la Policía Federal División Científica para dar seguimiento a los casos y detener a los criminales.
Y es que, tan sólo en una secundaria de Victoria, existen seis casos de jovencitas que han sido acosadas a través de las redes sociales y obligadas a tomarse fotos desnudas para publicarlas, casos que se encuentran debidamente documentados en la Procuraduría General de Justicia de Tamaulipas.
En enero de este año, la Secretaría de Educación de Tamaulipas ha impartido conferencia entre los alumnos de nivel básico para advertir de los peligros del acoso cibernético que cometen algunos adultos contra menores, tales como el “grooming” y “sexting”.
A nivel legislativo, se llegó a proponer que se equipare el hostigamiento sexual con el delito de violación a fin de castigar con severidad a los depredadores y delincuentes, pero la propuesta sigue en estudio.
Para investigar este y otros delitos como la trata de personas o el secuestro, desde principios del 2015, llegó a Tamaulipas una de las unidades móviles de la Policía Federal, División Científica, misma que cuenta con equipo de extracción forense y herramienta de alta tecnología para investigar estos delitos.
Esta unidad móvil cuenta con una unidad de laboratorio y el equipo más moderno, con el que se puede extraer información de cualquier celular, aún cuando la misma haya sido eliminada de Facebook, WhatsApp o correo electrónico.
El grupo de expertos llegó con la unidad para integrarse a la estrategia de seguridad que fuerzas federales y estatales tienen en el estado y la función es el combate de cualquier delito que se cometa a través de Internet por cualquier dispositivo.
La facilidad para que más personas cuenten con dispositivos móviles, tabletas, iPads o computadoras, eleva exponencialmente el riesgo para que individuos de manera personal o que forman parte de una red criminal, abran perfiles en redes sociales y se hacen pasar por niños para identificarse, hacer amistad con los menores y tras ganarse la confianza, los convencen de enviar fotos sin ropa u otras acciones del tipo sexual bajo amenaza de que si no lo hace, pueden lastimar a alguien de su familia.
PRECAUCIÓN
• De acuerdo con un especialista de la Policía Federal, División Científica, las redes sociales, mensajes de texto y todo tipo de chats por celular, son la puerta para que estos delincuentes “acechen”, especialmente a menores de edad y jovencitas
La pesadilla de Ana
Por Ángel García
En diciembre de 2014 una estudiante de segundo de secundaria, llamada Ana, aceptó una amistad a través de su cuenta de Facebook; luego de 13 meses, esa solicitud se convirtió en una pesadilla de amenazas de muerte, acoso sexual e intento de prostitución.
Andrea, la madre, se encuentra interesada en relatar la amarga experiencia que vivió su hija Ana en redes sociales, pero la joven se niega a relatar su caso. Tiene miedo que el agresor pueda afectar a su familia o divulgar contenido privado a través de internet.
“Es que no quiero que la demás gente vaya a saber lo que me pasó, me da miedo que vaya a pasar algo”, comenta la joven con nerviosismo.
Luego de hablar con su mamá, Ana acepta contar su historia, pero con la clara condición de que no se revele ningún tipo de información que la pueda identificar ni a ella ni a su familia.
De acuerdo con Ana, todo inició en diciembre del año 2014 cuando en su cuenta de Facebook recibió la invitación de un adolescente con varios amigos en común. Ella decidió aceptarlo pensando que era un
compañero de la escuela.
“El chavo me habló y pues empezamos a hablar normal, pero luego de un tiempo me empezó a pedir fotos desnuda y me decía que si no se las mandaba iba a hacerle cosas a mis papás, que ya sabía dónde vivía”, relata Ana.
Por temor a sufrir un atentado, Ana accedió a las peticiones del contacto, quien además le hablaba por Whatsapp, pero ante el temor de lo que había sucedido decidió bloquearlo definitivamente.
Los meses pasaron y todo parecía volver a la normalidad, sin embargo, en agosto del año pasado un mensaje llegó a la cuenta de Ana, de un usuario desconocido que le pedía fotos desnuda y la amenazaba con difundirla en caso de negarse.
“Cuando empezaron a molestarme otra vez, yo me empecé a preocupar más y luego de platicar con una amiga decidí comentarlo con mis papás”, agrega la estudiante.
Ante esto la familia optó por acudir a interponer una demanda ante el Ministerio Público.




