Si los terremotos de septiembre le bajaron el acelerador al proceso electoral en el país, porque no era ‘ético’ ni moral andar tras el voto cuando miles estaban (están) en desgracia, la caída de Eugenio Hernández Flores en manos de las autoridades locales, le metió tremendo freno a la hasta antes desenfrenada carrera por las alcaldías y diputaciones federales, porque los ‘escopetazos’ de la cacería se escuchan cada vez más fuertes, cada vez más cerca.
Así es mis queridos boes, la captura del ex gobernador priísta de Tamaulipas, cuando nadie lo esperaba, los priistas no lo imaginaban y Geño mucho menos, tiene en calidad de ‘pasmado’ al tricolor, que ya venía con el apendeje de la derrota del 2016.
En el PRI cuerudo parecía que agarraban aire tras el proceso de elección de dirigente estatal, en el que con todo y la rudeza con que se manejaron habían vuelto a los medios, se notaban vivos y tirando mordidas, aunque fuera entre ellos, pero vivos.
Se antojaba de hecho un PRI autocrítico, porque con Sergio Guajardo como dirigente (porque líder es otra cosa), se inauguraba también una corriente disidente fuerte que encabezaría Óscar Luebbert, tras su derrota en la interna y con sus serias diferencias, irreconciliables con el mando gubernamental en la Entidad.
Como fuera el PRI estaba de regreso, ya por todos lados se comenzaban a mover los que querían ser alcaldes en los municipios que hoy gobierna el PAN y en
los pocos que el tricolor se había mantenido los presidentes municipales no ocultaban sus deseos de ir por la reelección.
Pero el 6 de octubre todo cambió, a Geño lo bajaron de su moto y fue conducido al Penal de Victoria, pensando que uno de tantos amparos le serviría para
salir airoso y continuar con su viaje en moto a Zacatecas, pero no se pudo.
Desde entonces la situación del ex gobernador se complica cada día más, Estados Unidos le reclama y ahora está en manos de la justicia federal en un proceso que todo indica terminará en una corte del sur de Texas donde le imputan al menos tres delitos, los tres graves.
¿Y por qué la situación legal del ex gobernador le puede afectar tanto al PRI?, muy sencillo, porque no se podría explicar el resultado de la renovación de la dirigencia estatal del tricolor sin la intervención de los priistas más cercanos a Eugenio.
Fueron los geñistas los que en tres días le dieron la vuelta al pronóstico que indicaba que Óscar Luebbert ganaría hasta por tres a uno a Checo Guajardo.
Alcaldes en funciones, delegados de acá y de un poco más hacia el centro de la República le echaron todos los kilos y ‘convencieron’ a los consejeros tricolores que la opción era el ex de SEDATU y la CNC.
Parecía entonces que se inauguraba una nueva relación entre los priistas afines al geñismo y la jefatura política estatal de color azul.
En la capital se decidirían las candidaturas del PRI de todo el Estado, palomeados se consideraban muchos, como muchos se sentían agraviados por la
frontera, en Reynosa y Matamoros para ser exactos.
Hoy la realidad del PRI cuerudo es otra, porque la de los amigos de Eugenio, es una incógnita.
¿Y a qué le tendrían qué temer todos ellos?, al brazo de la justicia, a las 14 averiguaciones abiertas que los propios abogados del ex gobernador dijeron que tiene la Procuraduría General de Justicia que encabeza Irving Barrios.
A eso se explica que los que se sentían listos para la campaña del 2018 hoy estén poco menos que agazapados en espera de ver quien está en la lista, pero en la lista de las ‘presas’a las que la escopeta de Irving Barrios está cazando.
Porque en 14 averiguaciones caben muchos, muchas, unos con fuero aún, otros con cargo y en funciones, muchos que se veían de regreso, incluso algunos que andan coqueteando fuera del PRI, hoy cualquiera de ellos preferiría tener segura su libertad que prenderse otra vez a la urbe pública.
Los panistas por su cuenta también bajaron la velocidad, porque la batalla en muchos municipios ahora es diferente, hay sitios donde la cosa estaba muy complicada y con el nuevo escenario les pinta más sencillo.
Se desgrana el Verde…
Tras 10 años de militancia y liderazgo, ayer renunció al Partido Verde Marco Castillo Ávalos, quien aún funge como regidor en Mante. No es cualquier salida, el interfecto obtuvo para los verdes el mayor porcentaje en el Estado; un 18 por ciento.
En Madero todo es casi un hecho la salida de Azahel Portillo, luego del portazo que le dieron los ‘dueños del membrete’ mangoneados por Jesús Macías.
Marco Castillo se fue ayer con toda su raza y si Azahel se va lo hará también con todos los suyos. Insisto a la raza del aún delegado de SEMARNAT le quedará sólo el membrete.
Comentarios:
meliton-garcia@hotmail.com
Twitter: @melitong




