CIUDAD VICTORIA, Tamaulipas.- La venta de revistas y periódicos en pequeños estanquillos ubicados en la zona centro de la ciudad, tuvo su mayor auge en la segunda mitad del siglo XX.
Y aunque en aquellos años parecíaun negocio redituable, hoy en día sobreviven muy pocos establecimientos dedicados a este giro. Tal es el caso del Estanquillo Ovaciones, que tiene más de 50 años funcionando.
“Dejaron de venir a comprar los papás que son los que traen a los niños por los libros, ahora están muy gastados con todos los útiles que les piden en las escuelas”, dijo la señora Olivia Ortiz, empleada del Estanquillo Ovaciones.
El Estanquillo Ovaciones se ubica en el 16 y 17 Miguel Hidalgo. dijo que para sobrevivir tuvieron que ampliar su gama de productos a la venta, por lo que introdujeron refrescos, cigarros, dulces y galletas, para diversificar el ingreso.
“Aquí nos afecta mucho que los papás ya no tienen dinero para venir a comprar, en las escuelas les piden materiales muy caros y son muy estrictos con lo que les piden. Que si la libreta, pero no sólo la libreta, también hay que forrarla de cierto color, sacarle el espiral y coserlas con estambre y si no hay tiempo hay que mandarlas a coser y es mucho el dinero que gastan, así no eran antes las escuelas”, explicó Olivia Ortiz.
Para el señor Celso Martínez García, las ventas no han variado mucho, pero lo que gana hoy en día ya no le alcanza como hace 20 años, cuando inició la venta de periódicos nacionales, estatales y locales en la esquina de Hidalgo y Canales.
“No me alcanza, todo cada vez cuesta más, aquí estoy trabajando todos los días de siete a siete, llueva, truene o relampaguee. Y aún así es insuficiente. He buscado ayuda de las autoridades para ver si por mi edad me pueden apoyar, pero nunca están disponibles”, aseguró Celso Martínez García, quien tiene 84 años de edad.
Otro aspecto que afecta a estos comerciantes es la inseguridad, Olivia Ortiz asegura que los negocios zona centro están expuestos a la delincuencia, lo que provoca que tengan que cerrar temprano.
«Nosotros abrimos de ocho de la mañana a cinco de la tarde, la inseguridad no nos permite abrir más tarde, aquí en las tardes a veces ni luz hay, como las lámparas son solares, luego no prenden, la policía no pasa por aquí”, explicó Olivia Ortiz.
Y aunque el negocio de la venta de revistas, periódicos y libros en la ciudad ya no es rentable, los comerciantes buscan estrategias de venta para sobrevivir.




