28 enero, 2026

28 enero, 2026

Crónica urbana

El arte, medicina social

Crónica Urbana

El arte cumple funciones sociales porque cura a quien lo practica y enaltece a quien lo enseña. El arte, expresión de sentimientos, el arte cautivador de la cólera, el arte medio para respirar con la belleza  de la materia, que amorfa o inerte recobra vida y transforma el entorno visual como obra de arte.

Decía un galeno neoyorkino (perdí su nombre), que «el hombre era una obra de arte inacabada».

Y que nos «hacemos» en el arte de vivir y de soñar.

Cuando empleamos la palabra «soñar» la gente común entiende como si se estuviera fuera del mundo. Soñar es una confrontación con la realidad tangible que un artista propone. Realidad que está en los dobleces de nuestros sueños donde el artista y el escritor amasan sus fantasías, esa realidad de lo imposible donde corre y viaja la imaginación. 

Pero toda obra de arte, lo que se crea no es tampoco la «obra de arte», aquella que reúne las condiciones fundamentales para ser considerada obra de arte.

Es la obra de arte en proceso. Falta todavía la consideración crítica, la necesidad de los testigos que complementan a través del tiempo la veracidad de la obra, su invención como nueva sensibilidad, como innovación estética, como asombro que nace desde su forma y vitalidad única.

Es aquí donde se inicia  el camino en torno a la obra y su función social: ser parte de ese proceso en el cual el arte convoca al ser social.

Y el arte no modifica sistemas, como decía el poeta español Gabriel Celaya, «no destruye dictaduras» si en cambio ofrece salidas a su goce que si contribuye al sentido crítico de la realidad en tanto conmueve al lector y al espectador, en la manera en que aparece en el espectro real, tangible de su belleza creada, belleza que puede no ser bella, pero que transforma a nuestros sentidos.

Aprendemos a sentir, nuestro gusto evoluciona y crea un panorama distinto como un chaleco de maya grato al cuerpo y a nuestra alma.

Podrán cambiar las técnicas y la creación de la obra de arte, pero la sensibilidad del arte sigue siendo el gesto humano extraordinario más cercano a Dios.

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