Todo mundo sabe que en primavera las mariposas hacen un largo viaje para encontrar al amor de su vida con quien procrean hijos e hijas para que la vida siga así como la conocemos.
Ciudad Victoria ha sido un paso obligado de una de las ramas migratorias de mariposas que viajan de Canadá al estado de Michoacán. Pasan por aquí también muchas aves, pero de ellas poco se sabe, porque pasan muy altas o por falta de divulgación.
Y si no les hemos hecho nada (¿o sí?) ¿por qué ya no quieren pasar? Al menos no como antes, no con el mismo entusiasmo.
Quizás a la mayoría de nosotros un profesor nos llamó la atención por perseguirlas hasta matarlas. O tal vez para apreciarlas de cerca. Son muy bonitas. Hoy el mismo profesor nos diría que si ponemos atención tal vez veamos una.
En un aparador de palabras escribo en la calle que refleja pequeños papalotes de colores, espigas extendidas volátiles. En los azares de mariposas, cuando la tarde es un lugar de descanso, se ve el cielo y el tumulto tempestuoso de mariposas en las calles, entre los árboles y encima de las casas.
En primavera llueven como flores encima de las bardas, brincan gotas con alas pequeñas. Si llueve, las mariposas desparecen en el aire o se beben el agua. Así se ven las mariposas desde un niño que las mira como pasan altas o muy bajitas por largas temporadas.
Por un tiempo desparecieron de la primavera y de las calles de Victoria, pero este año parece que volvieron, aunque son pocas. Son los tiempos que han cambiado, el daño que le hacemos al planeta.
Antes, al paso de las mariposas por la ciudad, los niños podían disfrutar el colorido suave y natural que tupía el idilio de los cielos. O el espectáculo que se formaba en el espacio tan pequeño de una ala. Y es que las mariposas pasaban de una manera exagerada, abrumaban la ciudad, la cubrían con su lienzo de pétalos. Andaban en las charcas, en las orillas del río que sin ser el Nilo llevaba agua, y por la tarde pasaban por la sombra a la orilla de la sierra madre.
El paso de la mariposa era noticia cuando pasaban. Era nota para los periódicos. En tiempo en que no había notas y era difícil inventarlas. Se podía correr atrás de ellas en cualquier calle. Hoy es difícil el simple hecho de cruzar ciertas calles. Hay muchos carros.
Ha bajado la cantidad de mariposas que pasaban por Victoria. Hay muchos motivos y tal vez solo ellas lo sepan, ya ve usted cómo es de sabia la naturaleza. Ahí arriba, en la cresta de la nube colorida, encabezando la marcha va la mariposa monarca. En la escuela les van a preguntar por ella. Y tal vez si dicen la verdad de que vieron una monarca majestuosa posada en su ventana, no les van a creer. Ya casi no andan. Se dan su taco ya que son las de mayor demanda. Son como divas del espectáculo, no hablan sino hasta podrían con tranquilidad cobrar por fotografía. Les han tomado tantas fotos.
No será que como la canción de Maná, las mariposas nos traicionaron y nosotros a ellas y ahora salimos a las calles a buscarlas. Solo para ver de vez en cuando una. Si hay suerte. Y habrá que decirle a los niños que vean al cielo, que vean esos pequeños papalotes de colores antes de que se acabe el mundo.
HASTA PRONTO




