29 enero, 2026

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Historia de dos sobrevivientes de la peste

Historia de dos sobrevivientes de la peste

De una u otra manera con
calcetines o sin ellos,
descalzos o con zapatos,
nuestros protagonistas de hoy
habían sobrevivido a la peste.
Si contase aquí la historia de los
zapatos que estos pies se han untado,
contaría al mismo tiempo la historia
de los pies en vez de la de los zapatos.
Pero eso restaría méritos los pies ya
desgastados que han cargado con
un cuerpo desequilibrado y entre
polvo de talco que apenas se ve hacia
delante. Uno de los dos pies, no diré
aquí cuál, viene manejando el jueves
que aquí les cuento.
Hablaré aquí de la conspiración
que puede ser el mover un pie al despertar antes que el otro. La figuración
es mía, pero he visto cómo uno de los
pies se despierta con ligero sobresalto
y se mueve como un perro, que mueve la cola lo he visto varias veces, sin
querer, cuando miro hacia abajo.
Aparte de abrir los ojos, ya uno de
los pies hizo un movimiento como
diciendo “no” varias veces. Entonces
el otro casi al mismo tiempo, pero
después, se mueve y empieza a darse
cuenta que el otro es el bueno, que
antes que él hubo otro con el movimiento del sujeto, para bajarse de
la cama e inspeccionar el cuarto en
busca de un basurero donde tirar
los sueños. El otro pie luce arriba de
la cama, mientras el primero baja
rápido, pisa el suelo y se instala en la
pantufla.
El pie en el aire piensa a qué horas
irá a salir adelante. Tal vez en el
agua de la ducha sea tan valiente de
meterse antes que el otro, pero para
qué ilusionarse si siempre ha ocurrido lo contrario. Entonces el pie, no
diré cuál, si el izquierdo o el derecho,
busca tropezar con cualquier objeto
imaginario porque a decir verdad
al tropiezar es a él a quien le duele
mientras el otro pie observa y observa
con equidad lo que pasa.
Los pies son como dos gatos separados que andan juntos. Da el Salto
uno, luego lo da el otro, a veces caen
juntos en una tabla y luego saltan a
lo que exploran. Hay veces que se
enojan entre ellos, se miran a los ojos
de pescado fijamente hasta que a uno
le duele más que al otro.
Viven separados y a la vez juntos,
han pasado días tranquilos, y también días absurdos, días terribles han
tenido que correr, caminar despacio
y hacer de todo porque no nada más
es caminar hacia adelante, han tenido
que caminar hacia atrás, ciegos han
visto a su gato- que es el cuerpo del
sujeto- caer y levantarse, celebrar
cumpleaños.
Pese a todo, ambos han pasado por
experiencias inolvidables juntos. Las
de Caín apretujados en los zapatos,
otras veces mojados con tenis saltando sudorosos o muy resecos entre
las espinas y las piedras, en amplios
y largos caminos o en el endurecido
pavimento. Y por qué no decir que
ambos sudoroso, y no cualquiera, son
sobrevivientes de la pestilencia. Se
bañan todos los días como si fuera el
último día de su existencia.
Otras partes del cuerpo también
tienen su similar o su pareja, como
los brazos y las manos, las piernas, los
dedos mismos tienen su quiubole, es
decir, su antagónico como el hemisferio izquierdo del derecho y cada uno
tiene sus propias pulsaciones. Yo diría
que uno va más rápido, igual que los
pies, un pensamiento siempre es más
ágil que el otro que piensa diferente.
Pero los pies sostienen al cuerpo y
tienen en la punta de los dedos una
especie de antena que evadende una
piedra con la fina punta, igual con el
empeine.
Con la esquina del juanete, uno de
los dos pies, no diré aquí cuál, da con
una pelota en el ángulo en donde el
portero, con la punta de los dedos la
saca a tiro de esquina, aunque sea una
piedra.

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