MÉXICO.- En México nos hemos acostumbrado a contar muertos, los muertos de Calderón, los del Covid, los que votan, las muertas en feminicidio, los niños de la guardería ABC, los jóvenes de Ayotzinapa, los de los sismos, los de Tlatelolco, los candidatos tumbados en campaña y ahora los pasajeros de la línea 12 del metro en la CDMX.
Vamos de tragedia en tragedia, no salimos de un luto cuando ya estamos lamentando más pérdidas humanas, esto nos entristece el alma y no encontramos consuelo por ningún lado, por el contrario, los políticos ya ven aquí otra oportunidad para espetarse culpas los unos contra los otros, en plena contienda electoral.
De nuevo los del poder, traerán a cuentas al pasado y los de antes no tendrán misericordia en utilizar este lamentable accidente como un motivo más para descalificar la mala gestión actual.
Qué triste es contar muertos y que estos se usen como artillería en medio de las campañas políticas y más cuando seguimos inmersos en tantas crisis: sanitaria, económica, social y emocional, que se nos amontonan.
Así como se descarriló el vagón, así se descarrilarán muchos proyectos que buscaban afanosamente perpetuarse en el poder, también se traerán a colación a los involucrados en los negocios de la obra pública, de todos los partidos, que se meten a veces por la rendija de la corrupción, en acciones y decisiones administrativas que derivan en más accidentes fatales.
Del baúl de los recuerdos dolorosos sacarán eventos similares para hacer crudas comparaciones, los del poder y sus contras removerán conciencias, pero no las propias, ni siquiera se detendrán por el dolor de las familias de las víctimas.
Es pronto para definir qué pasó la trágica noche del 3 de mayo en el metro, pero las especulaciones se harán rodar desde aquí y hasta el 6 de junio. La tragedia, que según saldo preliminar oficial ha dejado 23 muertos y cientos de heridos, debe llamarnos a la solidaridad, a la empatía con las víctimas y sus familias, a condolernos junto con ellos y no subirnos al tren del “meme” electoral, que se activó casi al mismo tiempo que se activaron las alarmas de protección civil, no es necesario echar más limón en la herida, ni hacernos partícipes de una guerra de frases despiadadas que divagan sobre un “sabotaje” o “atentado”, palabras que siembran más miedo, en un escenario político que cada vez se hace más perturbador.
Ciertamente al presidente Andrés Manuel López Obrador le faltó empatía y sensibilidad frente a este hecho, en tanto que la alcaldesa de la CDMX, Claudia Sheinbaum, actuó con sobriedad y ha pedido esperar los peritajes para deslindar responsabilidad, investigaciones que podrían durar meses, y estamos a un mes de la elección.
Así que no adelantemos veredictos. A la distancia las circunstancias se ven de distinta forma, pero también duelen, sin embargo, el humanismo colectivo nos vuelve a confortar, nos podemos quedar con las imágenes de los vecinos de la zona del desastre, que durante toda la madrugada se mantuvieron ahí para asistir a los a los rescatistas, dotar de café y alimentos a los familiares de las víctimas y ayudar con labores de tránsito para que ambulancias y servicios médicos entraran y salieran con prontitud, otros más ofrecían su wifi y casa para asistir a sobrevivientes.
También encomiable la cantidad de donadores de sangre que se presentaron en los nosocomios que atienden a las víctimas.
Todos, héroes y heroínas desde el anonimato que no necesitan una camiseta partidista para salir en auxilio en medio de una noche triste, son civiles que enaltecen la calidad humana de los mexicanos, que, aunque sigamos contando tragedias, la solidaridad, que siempre nos define en momentos funestos, nos levanta.
EN BOCA DE TODOS / GUADALUPE ESCOBEDO CONDE
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— Expreso (@ExpresoPress) January 5, 2021




