Nadie debería asustarse de que en las campañas políticas se contrasten ideas, a veces con acaloradas discusiones.
Tampoco debería espantar que los candidatos exhiban las falencias de sus contrincantes, si eso sirve para que los electores tengan más conocimiento de las opciones entre las que tendrán que elegir.
Hay sin embargo, límites que no deberían traspasarse, primero porque así lo dicta la ley y segundo porque a los candidatos y sus equipos también deberían exigirse mínimos estándares de calidad humana.
El primero, y acaso el que más se ignora, sería el de no mentir. Las redes sociales están inundadas de difamaciones y calumnias que se divulgan desde cuentas falsas en total impunidad.
Si a eso se suman otros rasgos negativos como la homofobia, la discriminación y la misoginia, obtenemos como resultado una guerra de lodo que a nadie conviene, y que en muchos casos dice más de quien la promueve que del personaje objetivo.
Ejemplos sobran en todo el estado.
En la capital, Pilar Gómez ha sido víctima desde hace semanas de una campaña negra que se ha ido recrudeciendo conforme se acerca la elección.
Ni uno solo de esos señalamientos están relacionados con su paso por la función pública, sino que apuntan con mentiras a su vida privada con un evidente tufo a misoginia, que no debería tolerarse en una democracia madura y moderna.
A sus contrincantes les correspondería por un mero acto de decencia, deslindarse de estas agresiones que se reproducen en el anonimato.
Pero no es la única: candidatas de todos los partidos, de la frontera a la zona conurbada, han tenido que soportar este tipo de ataques que deben ser vistos como violencia de género, y como tales, investigados y sancionados por la autoridad electoral.
FÓRMULAS DISPAREJAS
Si bien es cierto que en la fórmula de Acción Nacional por la capital del estado no todo es miel sobre hojuelas, parece que la de Morena empieza a presentar fisuras más grandes.
¿Cuántas veces ha visto a José Braña, candidato por el Distrito 14, recorrer las calles de la ciudad con Lalo Gattás? Las podrá contar con los dedos de la mano; y en el caso de Juan Vital Román, candidato por el Distrito 15 todavía peor.
Eso por no hablar de Gerardo Illoldi que, como candidato propuesto por el Partido Verde, no ha terminado de ubicarse en el equipo de la cuarta transformación.
Todos por su lado, y a su manera, están esperanzados en que la marca Morena por sí sola les dé el triunfo.
En el sur, la situación no es muy diferente: es evidente la falta de química entre Noemí Magaña la candidata local al distrito 22, proveniente del ala de los fundadores, con Olga Sosa la candidata a la alcaldía.
Mientras que en el PAN, los que nunca terminaron de hacer clic (ya solo quedan tres semanas de proselitismo) son los candidatos que compiten en Madero, y hasta para salir en la misma foto batallan.
¿Y EL SISTEMA LAGUNARIO?
Ayer el presidente de la República, a pregunta expresa del periodista David Castellanos en la mañanera, se refirió a la crisis del agua salada en el sistema lagunario.
De su respuesta quedó la impresión de que no está informado sobre el tema, pero aseguró que la titular de la Comisión Nacional del Agua se ocupará del asunto.
Ojalá así sea.
De paso, si de buenos deseos se trata, no sería mucho pedir que los candidatos para todos los cargos de elección popular, locales y federales, en Tampico, Madero y Altamira le presenten a la gente propuestas viables y profesionales para empezar a resolver esta situación que amenaza con convertirse en el problema más crítico para la zona conurbada en la próxima década.
POR MIGUEL DOMÍNGUEZ FLORES




