Maestra…,maestra…”, le hablaba la niña mostrándole su más amplia sonrisa que reflejaba no solo felicidad, sino también orgullo.
Beatriz, la maestra se volvió hacia ella y le contestó; “Buen día Carlita, veo que estás de muy buen humor, me da mucho gusto”, “Si maestra que cree, ayer mi hermanita y yo hicimos tres comidas” -le dijo con orgullo. “¿Y qué comiste Carlita?” -preguntó la maestra, “En el desayuno leche con chocolate, en la comida taquitos de huevos revueltos y en la cena molletes de frijoles, y todo lo preparé yo” nuevamente dijo la niña.
Historias como la anterior, o como la de un niño que se quejaba de dolor de cabeza porque el frío no le había permitido dormir bien la noche anterior ya que la única cobija que tenían la habían utilizado para tapar a su hermanita menor, son comunes en la escuela por la pobreza en que viven las personas de esa comunidad.
En el caso de la niña que “había hecho sus tres comidas”, esto fue posible gracias a que por las tardes después de la escuela trabaja como “despicadora” de mariscos, es decir, limpiando jaiba o camarón, regularmente su paga la recoge la madre de ella y la usa para comprar bebidas alcohólicas, el fin de semana anterior había podido esconder el dinero y comprar lo necesario para hacer sus comidas.
La escuela José María Morelos y Pavón de la colonia Morelos es a donde asiste la niña mencionada al inicio de esta columna, fue fundada en 1965, en general se encuentra en buenas condiciones, aunque se notan carencias de presupuesto para operar adecuadamente, el agua que les surten para tomar no es suficiente, me sorprendió ver aires acondicionados en un par de salones, eran desechos que les habían regalado y entre los padres de familia habían pagado su rehabilitación.
Un buen porcentaje de los niños que asisten, regularmente hacen solo dos comidas diarias, la primera el desayuno que lo hacen en la escuela donde se los venden a 10 pesos, con lo que reciben huevo y agua de horchata o Jamaica, a veces dos o tres entomatadas y cuando se junta suficiente dinero del cobro de los desayunos del día anterior, hasta hot cakes.
Quien no lleva dinero no recibe el desayuno, aunque a veces las maestras pagan la cuota. Las compras necesarias para los desayunos son hechas tanto por la dirección de la escuela como por el DIF y complementadas con los 10 pesos de los niños.
En la escuela están inscritos 288 alumnos, la mayoría son hijos de madres solteras quienes tienen entre 2 y 4 hijos y los padres comúnmente no proporcionan dinero para la manutención.
Las madres trabajan como “despicadoras” por 150 pesos al día, y quienes viven en la colonia el Moralillo tienen que gastar 18 pesos diarios por niño en pasaje, lo que propicia ausencia de niños a la escuela por falta de dinero para el transporte.
De lo anterior me di cuenta ya que una amiga de nuestra familia nos invitó a celebrar el día del niño en esta institución y nos dijo que si podíamos aportáramos algo para que los niños tuvieran una bonita fiesta.
Así pues, pudimos llevarles pizza, espagueti, juguitos, una piñata con dulces y por supuesto bolsitas de dulces y pastel.
Sobra decir que todos lo disfrutaron plenamente y que afortunadamente pudieron repetir dos y hasta tres veces de la comida.
A la hora de romper la piñata trataron de tomar el mayor número de dulces posibles que caían de ella, y sorprendentemente fueron respetuosos con sus compañeros y no hubo arrebatos ni pleitos.
Todos regresaron a sus casas con dulces, pastel y algunos de ellos hasta pizza, pero sobre todo contentos por haber disfrutado como se espera que lo hagan, el Día del Niño.
El mañana volverán a enfrentar el reto de comer dos veces al día o menos.




