1 marzo, 2026

1 marzo, 2026

Dio salto histórico el salario mínimo

En menos de una década el salario mínimo en Tamaulipas pasó de 62.33 a 278.80 pesos diarios, un salto de 347 por ciento que modificó nóminas, consumo y debate empresarial en todo el estado, con un diferencial fronterizo que casi duplica el esquema general
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Por Nora M García
Foto/Jorge Castillo
Expreso-La Razón

A partir del 2018 y hasta el 2026, el salario mínimo en Tamaulipas pasó de 62.33 pesos diarios a 278.80, una variación de 347 por ciento nominal que atravesó dos administraciones federales.
La modificación alcanzó a cientos de miles de trabajadores en el estado y convirtió al salario mínimo en variable central del debate económico regional.

En un repaso de cómo evolucionaron los cambios, entre 2012 y 2018 el incremento acumulado fue de 41.8 por ciento nominal, con aumentos anuales promedio cercanos a seis por ciento, según la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos.

Esa velocidad apenas igualaba la inflación, sin recuperar poder adquisitivo en los hogares tamaulipecos de menor ingreso ni revertir el deterioro acumulado desde los años noventa.

De la contención al salto histórico

Entre 2012 y 2018 la política salarial se reflejaba en Tamaulipas en nóminas comprimidas y un comercio minorista con márgenes limitados.

La industria maquiladora usaba el mínimo como referencia contractual, sin que funcionara como motor de crecimiento interno ni como incentivo para la formalización laboral.

Entre 2013 y 2016 los incrementos se movieron entre 3.9 y 4.2 por ciento anual, en 2017 subieron a 9.6 por ciento y en 2018 llegaron a 10.4.

Fue el inicio de una recuperación gradual que no alteró la estructura salarial del estado de manera profunda ni cambió el ingreso disponible de los hogares vinculados al salario mínimo.
La ruptura llegó en 2019, el salario pasó de 88.36 a 102.68 pesos diarios, un aumento de 16.2 por ciento que marcó el inicio de una curva sostenida al alza.

A partir de ese año los ajustes no mostraron señales de desaceleración en ninguno de los ciclos anuales de negociación que siguieron.
En 2020 el salario llegó a 123.22 pesos diarios, en 2021 a 141.70, en 2022 a 172.87, en 2023 a 207.44 y en 2024 alcanzó 248.93.

El piso salarial se había más que duplicado en cinco años, y Tamaulipas, con su doble esquema general y fronterizo, registró ese proceso con mayor intensidad que la mayor parte del país.
El incremento acumulado entre 2018 y 2024 fue de 181.8 por ciento nominal, 160.57 pesos adicionales por día, con un promedio anual superior al 20 por ciento.

Eso representó más de tres veces el promedio del sexenio anterior, con efectos directos en la nómina de decenas de miles de trabajadores tamaulipecos.
En términos reales, descontando inflación, la recuperación acumulada del poder adquisitivo superó 110 por ciento, según estimaciones del INEGI y resoluciones de la Conasami.

Una variación sin precedente en décadas que en Tamaulipas se expresó de manera diferenciada según la zona geográfica del estado.
La creación de la Zona Libre de la Frontera Norte en 2019 modificó el mapa salarial en Reynosa, Matamoros y Nuevo Laredo, donde el mínimo inició en 176.72 pesos diarios.
Para 2024 ese salario había llegado a 374.89 pesos, un componente que no se replicó en la mayoría de los estados del país y que transformó la dinámica laboral en los tres municipios fronterizos más poblados de Tamaulipas.

El incremento acumulado en esa franja fue de 112.1 por ciento entre 2019 y 2024, si la comparación parte del nivel general de 2018 el salto supera 320 por ciento nominal.

La brecha con el centro y sur del estado se amplió de manera sostenida con cada ciclo de ajuste, hasta configurar dos mercados laborales con lógicas distintas dentro del mismo territorio.
Dos Tamaulipas salariales conviven desde entonces, la franja fronteriza opera bajo el esquema de zona libre con salarios que casi duplican el salario mínimo general.

Ciudad Victoria, Tampico y Madero, en el centro y sur, siguen el esquema nacional sin ese diferencial.
En 2025, ya bajo el gobierno de Claudia Sheinbaum, el salario mínimo general subió a 278.80 pesos diarios, un incremento de 12 por ciento sobre el nivel de 2024.

En la franja fronteriza tamaulipeca llegó a 419.88 pesos, el acumulado del nuevo sexenio marcó 12 por ciento al primer año con continuidad en la política de incrementos sostenidos.
Ese ajuste representó 29.87 pesos adicionales por día en el esquema general y 44.99 en la franja fronteriza.

Cifras que en Tamaulipas se traducen en mayor capacidad de gasto para hogares que dependen del ingreso mínimo, donde el costo de vida varía según la distancia a la frontera o al corredor industrial.

Lo que los números significan

En términos mensuales el salario mínimo general pasó de 2,650 pesos en 2018 a 7,467 en 2024, un diferencial de más de 4,800 pesos al mes.

Una distancia que incide directamente en el consumo de los mercados locales, el pago de servicios básicos y la cobertura de la canasta alimentaria.
El padrón del Instituto Mexicano del Seguro Social registra alrededor de 710 mil trabajadores asegurados en Tamaulipas, entre 10 y 14 por ciento cotiza con un salario mínimo.

Eso implica entre 70 mil y 100 mil personas en el estado que perciben ese ingreso de manera formal y cuya situación económica se modifica directamente con cada ciclo de ajuste.
Si se amplía el rango a quienes ganan hasta 1.5 salarios mínimos la cifra puede superar las 250 mil personas directamente afectadas por cada negociación anual.

En un estado con una población ocupada cercana a 1.6 millones, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI, el salario mínimo es referencia para una porción significativa de la fuerza laboral.
Más allá de quienes lo cobran directamente, el salario mínimo funciona como referencia indirecta en el sector informal tamaulipeco.

Los acuerdos de pago en comercio, servicios domésticos y trabajo por cuenta propia suelen tomar ese piso como punto de partida en la negociación cotidiana.

Al subir el salario base aumentaron las cuotas obrero-patronales y las aportaciones para el retiro, la base de cotización creció en el padrón del IMSS estatal.
Con ella creció también la cobertura del sistema de seguridad social, un efecto acumulativo que fortalece la plataforma de protección laboral desde el eslabón más bajo de la escala salarial.
Los efectos directos se miden en ingreso disponible y mayor capacidad para cubrir la canasta básica.
Los indirectos incluyen derechohabiencia más amplia y mejor capacidad de crédito, una cadena de beneficios que tarda en percibirse pero que modifica la posición económica de los hogares en el mediano plazo.

Respuesta del sector empresarial

Ciudad Victoria registró incrementos en ventas vinculados a mayor liquidez en hogares de bajos ingresos, perceptibles en temporadas altas y en el gasto de fin de quincena en mercados y tiendas de proximidad.

Reynosa y Matamoros vieron en el salario fronterizo un mecanismo de retención laboral frente al mercado estadounidense.

El diferencial con Texas en puestos de baja calificación se redujo de manera significativa, lo que contribuyó a disminuir la rotación de trabajadores hacia el lado americano de la frontera.
Nuevo Laredo, principal puerto terrestre del país, procesó el impacto de manera distinta, el sector logístico absorbió parte del costo mediante ajustes de productividad.

El mayor salario presionó márgenes operativos, pero también dinamizó el consumo interno sin que eso implicara pérdida de competitividad en el movimiento de carga internacional.

Tampico y Madero, donde el tejido productivo combina petroquímica, servicios portuarios y comercio, registraron un efecto más gradual.

La estructura de ingresos en esa zona depende menos del salario mínimo como referencia directa, pero el ajuste impacta en los eslabones de menor calificación de la cadena de servicios locales.
Cámaras de comercio y organismos patronales de Reynosa, Matamoros, Ciudad Victoria y Tampico reconocen la recuperación del poder adquisitivo.

Señalan, sin embargo, presión diferenciada sobre micro y pequeñas empresas según la zona del estado, sin que exista una posición unificada sobre el ritmo de los incrementos futuros.
El argumento recurrente es que el incremento salarial debe acompañarse de incentivos fiscales, reducción de cargas administrativas y mejoras en productividad.

Sin esas condiciones el costo laboral adicional se traslada a precios o comprime la operación de las unidades económicas más pequeñas en municipios con menor capacidad de absorción.
La maquiladora de los tres municipios fronterizos absorbió los aumentos mediante negociación colectiva y ajustes en eficiencia operativa.

El entorno fronterizo y la escala de producción generan condiciones distintas a las del comercio y los servicios en el centro y sur del estado, donde el margen de maniobra es más estrecho.
El debate empresarial en Tamaulipas no se centra en la legitimidad del incremento sino en la velocidad de los ajustes y la capacidad de absorción de cada sector y cada zona.

Productividad y formalización aparecen como las variables que determinan si el modelo puede sostenerse sin generar quiebres en la estructura del empleo formal.

Balance y retos estructurales
La desvinculación del salario mínimo como unidad de cuenta facilitó el proceso, al separarlo de contratos indexados, multas y créditos los aumentos no generaron presión automática en otros rubros.
El instrumento operó con mayor precisión como herramienta de política pública sin efectos secundarios no deseados en el sistema financiero local ni en los contratos de largo plazo.

En indicadores sociales la pobreza laboral en Tamaulipas muestra reducción gradual desde 2019.
El salario mínimo dejó de operar como referencia simbólica y se convirtió en instrumento con impacto medible en el ingreso real de los hogares ubicados en los deciles de menor ingreso.

El contraste entre ambos sexenios es directo, el promedio anual de incremento pasó de seis a más de veinte por ciento, el acumulado entre 2018 y 2024 casi cuadruplicó al del periodo 2012-2018.
Una inercia de décadas fue interrumpida por una decisión de política federal que modificó la velocidad del ajuste y el peso del salario mínimo como variable económica en Tamaulipas.

Más trabajadores formales con base salarial superior implican mayor aportación al sistema de seguridad social y mayor cobertura de derechos laborales.
Una plataforma más sólida para la movilidad económica de los hogares en los deciles más bajos, un efecto que se acumula en el padrón del IMSS tamaulipeco con cada ciclo de ajuste.

El reto estructural es sostener ese crecimiento en un entorno de inflación controlada, productividad y estabilidad macroeconómica determinan la viabilidad del modelo en el mediano plazo.
Sin ese acompañamiento los incrementos nominales pierden tracción y el poder adquisitivo recuperado por cientos de miles de trabajadores tamaulipecos vuelve a erosionarse.

La frontera tamaulipeca opera como laboratorio económico dentro del propio estado, salario alto convive con competencia binacional permanente y presión constante sobre los costos empresariales.
Las condiciones que hicieron viable el diferencial salarial en Reynosa, Matamoros y Nuevo Laredo no se replican de manera automática en el resto del territorio tamaulipeco.

En el centro y sur del estado el efecto es más gradual, mayor ingreso fortalece el consumo cotidiano en Ciudad Victoria, Tampico y los municipios de menor tamaño.
Pero no sustituye la necesidad de inversión productiva ni de infraestructura que genere crecimiento desde adentro en zonas donde la dependencia del gasto público sigue siendo estructural.
En doce años el salario mínimo recorrió en Tamaulipas una distancia que ningún periodo anterior había transitado en tan poco tiempo.

De 62.33 pesos en 2012 a 278.80 en 2025 en el esquema general y a 419.88 en la franja fronteriza, en un estado donde cientos de miles de familias dependen de ese ingreso base.
La variación no es marginal, es una modificación que atraviesa nóminas, consumo, empleo formal y debate empresarial en todo el territorio tamaulipeco.

El equilibrio entre recuperación salarial y sostenibilidad empresarial marcará la siguiente etapa, su consolidación dependerá de si productividad, inversión y crecimiento real acompañan el ritmo que la política salarial estableció desde 2019.

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