Por. Daniela Plata Flores
Inició marzo y con él la conmemoración del Día Internacional de la Mujer. Entre cifras de desigualdad, brechas salariales y violencias persistentes, vale la pena empezar por lo más básico: el derecho a una menstruación digna.
Durante generaciones se mantuvo escondido como un tema ‘incómodo’ entre susurros, estigmas y silencios sigue provocando ausencias escolares, vergüenza y desigualdad estructural.
En México, 4 de cada 10 mujeres sufren pobreza menstrual por falta de acceso a productos sanitarios, agua potable o instalaciones privadas. El 43 por ciento de las estudiantes prefiere no ir a la escuela durante su periodo, y al menos el 20 por ciento se ha ausentado en alguna ocasión por la falta de condiciones dignas.
La senadora tamaulipeca Olga Patricia Sosa Ruiz impulsa una reforma para incorporar de manera explícita la educación menstrual dentro de la Ley General de Educación. La propuesta habla de información y de condiciones reales: orientación, higiene, acompañamiento y apoyos básicos para que niñas y adolescentes puedan vivir su menstruación sin discriminación ni obstáculos en las aulas.
La falta de acceso a productos de higiene íntima obliga a mujeres y niñas a recurrir a trapos, papel periódico o ropa vieja. Una realidad que refleja una brecha que limita sus oportunidades desde la infancia. El estigma, el costo elevado de los productos menstruales y la ausencia de instalaciones con agua y saneamiento son las causas estructurales de esta pobreza que persiste en todo el mundo.
La menstruación no debe de ser un tema menor y menos incómodo. Es necesario fomentar la educación, la salud, la dignidad y la igualdad de oportunidades. Una niña que no puede ir a la escuela porque menstrúa no es un simple dato estadístico.
Es necesario romper los estigmas y abrir oportunidades para que todas las mujeres tengamos una menstruación digna es un derecho de cada una de nosotras. Mientras la menstruación siga siendo un tabú, la igualdad seguirá siendo una promesa incompleta.
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