Por Antonio H. Mandujano
Expreso-La Razón
En medio de una escalada de precios que ya golpea de lleno a los productos básicos, el costo de los combustibles en Ciudad Victoria se suma como otro factor de presión directa al bolsillo de las familias.
Lejos de ofrecer un respiro, la gasolina mantiene niveles elevados y, en la práctica, son pocas las estaciones que presentan precios realmente competitivos dentro de la capital tamaulipeca.
Durante abril de 2026, los monitoreos de precios reportados a la Comisión Reguladora de Energía y plataformas de seguimiento ciudadano muestran que el litro de gasolina Magna se comercializa en promedio cercano a los 23 a 24 pesos, mientras que la Premium y el diésel rondan o incluso superan los 28 pesos.
Este escenario ocurre en paralelo a un encarecimiento sostenido de alimentos esenciales como tomate, chile y cebolla, que ya han sido señalados por comerciantes locales como productos con incrementos significativos en las últimas semanas.
Así, el gasto diario se vuelve más pesado no solo al momento de surtir la despensa, sino también al cargar combustible, un insumo clave para la movilidad, el trabajo y la distribución de mercancías.
Aunque existen estaciones en Ciudad Victoria donde el precio de la Magna desciende a niveles cercanos a los 21.90 o 22 pesos por litro, estas opciones son limitadas y, en muchos casos, se ubican en zonas específicas como libramientos o áreas de alta competencia.
Para la mayoría de los automovilistas, acceder a estos precios implica recorrer mayores distancias, lo que en ocasiones termina por diluir el ahorro.
La situación genera un efecto en cadena: transportistas, comerciantes y prestadores de servicios enfrentan mayores costos operativos que, tarde o temprano, se trasladan al consumidor final.
Es decir, el impacto de la gasolina cara no se limita al tanque del vehículo, sino que permea en toda la economía cotidiana.
A nivel nacional, la política de precios de combustibles sigue sujeta a variables como el mercado internacional del petróleo, los estímulos fiscales y la logística de distribución.
No obstante, en el ámbito local, la percepción ciudadana apunta a una creciente dificultad para encontrar precios accesibles de manera constante, lo que incrementa la sensación de incertidumbre económica.
En este contexto, Ciudad Victoria refleja una realidad que se replica en distintas regiones del país: mientras el costo de vida continúa en ascenso, las opciones para amortiguar el gasto son cada vez más limitadas.
Y en el caso de los combustibles, aunque existen “islas” de precios bajos, para la mayoría de los consumidores la gasolina sigue siendo, hoy por hoy, un lujo necesario.




