13 mayo, 2026

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Costalazos en la lucha libre que es la vida 

Crónicas de la calle/ Rigoberto Hernández Guevara 
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Caminar es el proceso físico más importante del homo sapiens y lo sigue siendo para el hombre moderno. Si existen vehículos motorizados tierra y aire es cosa de los que llevan prisa, yo voy temprano, a tiempo y a buen paso no a paso lento, no a trote que canse, aún cuando puedo ir en chinga. 

El descubrimiento arqueológico de «Lucy» es la prueba de que caminamos erguidos desde hace tres millones de años y desde entonces no paramos. Lo que en principio fue por necesidad hoy lo hacemos igual, para ir por un vaso de agua, para abrir la puerta, para cerrarla, para llegar muy a fuerza a la cama y descansar de un largo fin de semana, para cruzar la calle, para dar vueltas a la manzana por recomendación médica, para competir en las olimpiadas, etc. 

La experiencia por las banquetas del planeta es irregular, tienes que subir y bajar, aunque me estoy yendo por la banqueta, hay una que otra cochera como resbaladilla y banquetas angostas donde ensayo como equilibrista de un circo callejero. 

Por cierto, de la ciudad conozco los atajos para llegar pronto a cualquier sitio, a donde quiera, no obstante reconozco que a veces a propósito tomo por calles por donde no he pasado, nada más para ver quién vive, quién camina, quién hace su vida por ahí, como yo hago la mía. Muy solitaria. 

Casi a todas partes voy a pata, veo que sin rubores ni dramas hay personas que van en coche da la casa a la tienda de la esquina. Caminar para otras personas se volvió una liturgia, un parque para darle vueltas los jueves o un fin de semana, envueltos en mallas, bajo la sombra de un sombrero de ala ellas y una gorra de marca los señores que hacen juego con su pants negro o las pijamas. 

Ha pasado el tiempo y ahora nadie podría creer que pasé un año consumiendo prana y recolectando frutas de temporada en la ciudad únicamente. Fue todo un experimento que estímulo mi supervivencia. En ese año recorrí gran parte de la ciudad de ida y vuelta. Hice la ruta del colector de fruta y de hierbas que se guisan como quelites y no hacen daño. En ciertas colonias todavía hay nopales en los patios. Por la orilla de la vía rumbo a Cruz y Cruz encontré jacubos.

Camino a veces a paso redoblado como un soldado bajo mis estrictas órdenes de no llegar nunca. Camino como un leñador que baja de la montaña y mañana camino. 

Por un caminito yo te fui a buscar, por el caminito que el tiempo a borrado que juntos un día nos vio pasar con Carlos Gardel. Uno camina y camina. Caminante no hay camino sino tampoco hay poeta. Somos arrieros que en el camino se encuentran. 

Camino sobre el instante de este paso, sobre el Instituto de un paseo sin meta, por instinto ahorita vuelvo, no me tardo. Voy saludado en silencio a quines me encuentro y trato de adivinar qué van pensando mientras pienso y corrijo pensamientos propios, ignoro a dónde va tanta gente por la calle, de dónde viene y qué sentido tiene. Supongo que así es la vida, un ir y venir hasta agotar existencias, hasta quedar, caer, reunir fuerzas para marchar al lugar que nos corresponde.

Camino descalzo a veces, con botas, con huaraches, con tenis, con zapatos, tengo zapatos adecuados para el camino. Entre las piedras o entre el pasto camino distinto, camino solo aun cuando suelo caminar con otros personajes de la farándula conversando de cosas intrasendentes, intransigentes, y rebeldes y eso es lo bonito e importante.

Confieso que me he caído y no de maduro, me caí de niño y lo sigo haciendo en un descuido de la noche, por un mal paso, por un tropezón sino para qué otra cosa sirven las piedras. Y sin embargo me he levantado cada vez más fuerte y listo para la siguiente caída, sin vergüenza, en los costalazos de lucha libre que es la vida. 

HASTA PRONTO 

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