21 mayo, 2026

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¡Por la corona!

Cruz Azul busca alcanzar su décima estrella y confirmar el resurgimiento competitivo que ha mantenido en los últimos torneos, mientras que Pumas intenta romper una sequía de 15 años sin título de Liga MX
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STAFF

La Ciudad de México volverá a paralizarse. Después de décadas de historia compartida, rivalidad universitaria y capítulos intensos en liguillas, Cruz Azul y Pumas UNAM disputarán la final del Clausura 2026 de la Liga MX en una serie que enfrenta tradición, actualidad y presión histórica.

El duelo no solo definirá al nuevo campeón del futbol mexicano; también pondrá frente a frente a dos instituciones que llegan con narrativas distintas. Cruz Azul busca alcanzar su décima estrella y confirmar el resurgimiento competitivo que ha mantenido en los últimos torneos, mientras que Pumas intenta romper una sequía de 15 años sin título de Liga MX.

La final también tendrá un ingrediente especial: será una edición completamente capitalina en la antesala de la Copa del Mundo 2026. El ambiente futbolero en la Ciudad de México ya comenzó a sentirse con intensidad alrededor de ambos clubes.
Pumas llega como líder general del torneo, luego de una campaña sólida en la que apenas sufrió una derrota durante la fase regular. El equipo universitario mostró regularidad, fortaleza defensiva y una identidad muy marcada bajo el mando de Efraín Juárez.

En contraste, Cruz Azul arribó a la liguilla como tercer lugar general, pero quizá como el equipo más equilibrado del campeonato en instancias definitivas. La Máquina eliminó a Atlas y posteriormente a Chivas mostrando contundencia ofensiva y experiencia en partidos de alta presión.

Uno de los aspectos que más llama la atención es el choque de estilos. Pumas ha construido una estructura intensa, agresiva en recuperación y con velocidad al frente. Cruz Azul, por su parte, apuesta más por el control del balón, la circulación y la paciencia para generar espacios.

La historia entre ambos clubes en finales es limitada, pero profundamente significativa. Cruz Azul derrotó a Pumas en la final de la temporada 1978-79 para conquistar el campeonato. Dos años después, los universitarios cobraron revancha en la temporada 1980-81 con una histórica goleada global de 4-2.
Aquella final de 1981 todavía permanece viva en la memoria auriazul. En el Olímpico Universitario, figuras como Hugo Sánchez y Ricardo Ferretti encabezaron una exhibición que frenó el intento de tricampeonato cementero.

Ahora, 45 años después, ambos clubes vuelven a encontrarse en una final de Liga MX.
En el papel, Pumas llega con una de las defensivas más sólidas del torneo. Mucho tiene que ver la presencia del arquero costarricense Keylor Navas, quien ha sido determinante durante la liguilla con atajadas clave, especialmente en la semifinal ante Pachuca.

Otro futbolista fundamental para los universitarios ha sido Jordan Carrillo. El atacante marcó el gol decisivo que eliminó a Pachuca y ha aportado desequilibrio constante por las bandas.

En mediocampo, Adalberto Carrasquilla aparece como el hombre encargado de darle equilibrio al conjunto auriazul. Su capacidad para recuperar y salir jugando será clave frente a la presión alta de Cruz Azul.

Del lado cementero, el uruguayo Gabriel “Toro” Fernández se mantiene como una de las principales armas ofensivas. El delantero ha sido importante durante el torneo y llega motivado tras recuperarse físicamente en la recta final de la liguilla.
También destaca Agustín Palavecino, mediocampista argentino que se ha convertido en uno de los motores creativos de La Máquina. Su visión y precisión en el último tercio han sido fundamentales en partidos cerrados.

En la portería, Kevin Mier representa seguridad absoluta para Cruz Azul. El arquero colombiano ha respondido en momentos críticos y ha sido pieza esencial en la estabilidad defensiva del equipo durante los últimos torneos.
Otro dato relevante es que Cruz Azul llega a esta final tras una etapa de cambios importantes en el banquillo. Nicolás Larcamón dejó el cargo semanas antes y Joel Huiqui asumió la dirección técnica, logrando mantener la inercia positiva del equipo.

La experiencia reciente también parece favorecer ligeramente a La Máquina. Cruz Azul perdió la final de 2024 ante América y desde entonces se mantuvo constantemente peleando en las fases finales.

Pumas, en cambio, no disputaba una final desde el Guardianes 2020, cuando cayó frente a León. Desde entonces, el club universitario atravesó procesos irregulares hasta recuperar protagonismo en este Clausura 2026.

En cuanto al historial reciente entre ambos, los partidos suelen ofrecer goles y dramatismo. De los últimos 11 encuentros oficiales entre Cruz Azul y Pumas, solamente uno terminó sin anotaciones.

Otro patrón interesante es que la localía no ha pesado demasiado en esta rivalidad. Tanto universitarios como cementeros han conseguido victorias importantes jugando como visitantes.

La ida se disputará en el Estadio Ciudad de los Deportes, mientras que la vuelta se jugará en el Estadio Olímpico Universitario. La serie cerrará en CU debido a que Pumas terminó mejor ubicado en la tabla general.
El entorno también agrega presión. Cruz Azul busca terminar con las críticas históricas sobre finales perdidas en torneos cortos, donde apenas ha logrado dos títulos desde 1996.

Pumas, por su parte, intenta reconectar con una generación de aficionados que no ha visto campeón al club desde 2011. La ilusión universitaria volvió a encenderse después de eliminar a rivales como América y Pachuca en esta liguilla.
Tácticamente, el duelo entre Palavecino y Carrasquilla en medio campo puede marcar la diferencia. Ambos son los futbolistas encargados de darle ritmo y claridad a sus equipos.

En ataque, la contundencia será determinante. Pumas suele generar menos oportunidades, pero aprovecha mejor los espacios. Cruz Azul, en cambio, produce mayor volumen ofensivo y presión constante.

La serie también enfrentará dos formas distintas de manejar la presión. Pumas llega impulsado por el entusiasmo de regresar a una final después de años complicados. Cruz Azul carga con la obligación histórica de convertir proyectos sólidos en campeonatos.

La final del Clausura 2026 promete intensidad, estadios llenos y un ambiente completamente capitalino. Más allá del trofeo, ambos equipos pondrán en juego parte de su historia reciente en una rivalidad que vuelve a instalarse en el centro del futbol mexicano.

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