Por Nora García
EXPRESO-LA RAZON
Las maquiladoras de Tamaulipas llevan cuatro años perdiendo empleos mientras las plantas incorporan sistemas automatizados. El perfil técnico que una generación de jóvenes estudió para trabajar en el corredor fronterizo ya no es el que el mercado requiere, y ninguna institución educativa ni gubernamental lo ha abordado directamente.
Marco Antonio Vega terminó ingeniería en mecatrónica en el Instituto Tecnológico de Matamoros en diciembre de 2024; entró a la carrera en 2020, cuando los anuncios de inversión en el corredor fronterizo hablaban de miles de empleos técnicos por venir.
A los seis meses de egresado llevaba tres procesos de selección sin resultado en su área; los dos empleos que le ofrecieron eran operativos, sin relación con su formación, con salario de 8 mil pesos mensuales.
La planta que más le interesaba, dedicada al ensamble de componentes electrónicos en Matamoros, le respondió que el puesto que buscaba había sido automatizado el año anterior; su situación no es un caso aislado, sino el patrón que los datos del IMSS confirman municipio por municipio.
El desplome
Tamaulipas cerró 2025 con 280 mil empleos en el sector maquilador, por debajo del piso de 283 mil registrado durante la pandemia de 2020, según el IMSS; desde el pico de 320 mil plazas alcanzado entre 2021 y 2022, el corredor fronterizo perdió cerca de 40 mil empleos en cuatro años.
El primer trimestre de 2026 sumó entre 5 mil y 10 mil 800 despidos adicionales, equivalentes a 4% de la fuerza laboral maquiladora activa; la Secretaría del Trabajo estatal confirmó al menos 5 mil, mientras Milenio documentó hasta 10 mil 800.
Matamoros perdió 3 mil 588 empleos y 329 patrones en 2025; Reynosa, mil 103 empleos y 336 patrones, de acuerdo con registros del IMSS analizados por la Cámara Nacional de Comercio de Tampico.
El balance anual más reciente registra 11 mil 102 plazas eliminadas frente a 8 mil 236 creadas, un saldo neto negativo de casi 3 mil posiciones antes de contabilizar los recortes de 2026, según datos procesados con base en el IMSS.
Hoy, Tamaulipas cuenta con alrededor de 417 establecimientos IMMEX registrados, más de 86% manufactureros; el número de plantas se mantiene alto, pero el empleo no crece, la expansión se detuvo y el reemplazo tecnológico avanza, según Expreso de Tamaulipas en febrero de 2026.
La quiebra de First Brands Group, cuya bancarrota en Houston dejó sin empleo a los trabajadores de Tridonex y Trico en Matamoros, explica una parte; la contracción estructural de tres años y la automatización explican el resto.
Los 51 proyectos de inversión confirmados entre 2022 y 2023, con estimación de casi 5 mil millones de dólares y 9 mil 600 empleos prometidos, no compensaron las pérdidas; el saldo neto registra 11 mil 102 plazas eliminadas frente a 8 mil 236 creadas, un déficit de casi 3 mil posiciones.
Lo que sigue
La tendencia va a continuar, pero con menor capacidad de contratación; estamos frente a una reestructuración donde las plantas serán más tecnificadas y con perfiles laborales más especializados, señaló Cirila Quintero, investigadora de El Colegio de la Frontera Norte, en declaraciones publicadas por MexNoticias en mayo de 2026.
Quintero advirtió que el proceso no es nuevo, sino parte de ciclos presentes desde los años setenta; en la fase actual, lo que cambia es la velocidad y la escala con que los sistemas robotizados cubren funciones que antes ocupaban técnicos de nivel medio.
El mercado mexicano de robótica industrial registró ingresos proyectados por más de 834 millones de dólares en 2025, con una tasa de crecimiento anual de 13.7% hasta 2029, de acuerdo con Statista.
En 2023 se instalaron 5 mil 832 robots industriales en el país, concentrados en 69% en la industria automotriz, según la International Federation of Robotics; en 2024 la cifra bajó a 5 mil 600, pero el volumen acumulado en las plantas del corredor fronterizo no se redujo.
La CEPAL estima que 41.4% de los empleos en México están en ocupaciones de alto riesgo de automatización; el sector manufacturero concentra la mayor exposición, con 63% del empleo en riesgo de ser reemplazado, según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo procesados por investigadores del Banco de México.
El 91% de las empresas en México ya rediseña o desplaza funciones a causa de la IA, y 34% ha realizado reestructuraciones formales, de acuerdo con IDC México; además, 50% anticipa menos contrataciones de primer ingreso por ese mismo efecto, según la misma fuente de noviembre de 2025.
El aumento al salario mínimo aceleró ese proceso en la frontera; muchas empresas respondieron con automatización, menos turnos y contratos cada vez más frágiles, documentó Expreso de Tamaulipas en febrero de 2026.
Las plantas que llegaron al corredor fronterizo durante el periodo del nearshoring no llegaron con ese proceso pendiente; lo traían incorporado en sus líneas de producción desde las matrices, de modo que la automatización no fue una consecuencia imprevista sino parte del diseño operativo.
Lo que ya no funciona
En el Instituto Tecnológico de Matamoros, la carrera con mayor número de egresados en 2022 fue ingeniería industrial y manufactura, con 252 de 506 egresados totales, según Data México con base en ANUIES.
En la Universidad Tecnológica de Tamaulipas Norte, ingeniería, manufactura y construcción concentró 727 de los mil 72 egresados del mismo año; en la UAT, la Facultad de Ingeniería de Tampico forma ingenieros industriales y de sistemas orientados al sector maquilador.
Tres instituciones, tres perfiles convergentes, todos orientados al mismo mercado que lleva cuatro años contrayendo nóminas.
Los perfiles con mayor exposición a la automatización, ingeniería electrónica, mecatrónica, sistemas y manufactura estándar, son los primeros en ver reducidas sus funciones cuando una planta actualiza su proceso productivo.
Quienes tienen competencias en programación de robots o análisis de datos industrial sí mantienen demanda, pero esas especializaciones no están en los programas de licenciatura estándar de las universidades tecnológicas tamaulipecas.
Un estudio sobre egresados de ingeniería mecatrónica publicado en LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades en 2025 revela que 57% no tienen empleo fijo o trabajan en empleos temporales; el dato abarca 232 egresados de 14 generaciones entre 2009 y 2022, lo que descarta la pandemia como variable única.
La Encuesta Nacional de Egresados 2023 registra que el ingreso mensual en el primer empleo para egresados de ingeniería fue de 8 mil pesos; solo 5% percibió más de 15 mil pesos al salir, y 50.6% no fue seleccionado en sus primeros procesos por falta de experiencia práctica.
El 67% de los empleadores en México reporta dificultades para cubrir vacantes técnicas especializadas, de acuerdo con ManpowerGroup 2026; no escasea talento técnico genérico sino talento con dominio de automatización, robótica e IA aplicada a manufactura, perfiles que el sistema educativo tamaulipeco no produce en volumen suficiente.
La Secretaría de Educación de Tamaulipas reporta para el ciclo 2025-2026 más de 130 mil alumnos en universidades, tecnológicos y normales, con presupuesto educativo estatal superior a 30 mil millones de pesos; sin embargo, no publica seguimiento de inserción laboral por carrera y municipio.
La Secretaría de Economía estatal mide inversión comprometida, no empleo generado; de ahí que el déficit entre plazas prometidas y plazas creadas no active ninguna alerta en el sistema de información pública del estado.
El orden del caos
Desde los años noventa, la política educativa en Tamaulipas alineó su oferta universitaria a la demanda declarada por el sector maquilador; universidades tecnológicas federales, ingenierías de la UAT y programas técnicos de media superior se orientaron al perfil que las plantas decían necesitar.
El modelo funcionó mientras la maquila creció; dejó de funcionar cuando la maquila comenzó a automatizar.
Las universidades tecnológicas diseñan sus programas con horizontes de cinco a ocho años, alineados a necesidades del sector industrial en el momento del diseño; no tienen mecanismo para detectar cuándo esas necesidades cambian a mitad del ciclo.
Marco Antonio ingresó a la carrera con información de mercado de 2019; egresó en 2024 a un sector que en ese lapso había incorporado miles de unidades de automatización en los procesos que él iba a supervisar.
Los gobiernos anuncian proyectos de inversión como si el momento del anuncio y el de la contratación efectiva fueran el mismo día; el egresado toma decisiones de formación sobre promesas que el mercado ya no sostiene cuando llega el momento de cumplirlas.
Una investigación publicada en 2026 en Acta Universitaria sobre capacidades educativas de Tamaulipas para la industria de semiconductores identificó avances limitados en programas técnicos y evidenció que la capacitación docente requiere actualización en infraestructura y currículo; las propias universidades reconocen la necesidad de cambiar sin haber concretado esa transición.
Un joven que invierte cuatro años en una carrera del sistema tecnológico público sale al mercado con una deuda de tiempo y recursos construida sobre una promesa que ya no se sostiene; si no consigue empleo en su área, no hay mecanismo de compensación ni reorientación financiada por el estado que orientó su decisión.
Las familias que financiaron esas carreras, muchas de ellas en municipios donde el ingreso depende de la maquila y el comercio asociado, no tienen forma de calcular el retorno real porque el sistema educativo no publica datos de inserción; la decisión de qué carrera estudiar se toma con información de mercado que lleva años desactualizada.
La mitad de las empresas en México anticipa menos contrataciones de primer ingreso por efecto de la IA, según IDC México de noviembre de 2025; eso significa que los jóvenes que hoy egresan de carreras técnicas compiten en un mercado que, por diseño tecnológico, los contratará menos que a la generación anterior.
Las empresas instaladas en Tamaulipas con procesos automatizados redujeron su costo laboral por unidad producida sin que ningún mecanismo regulatorio les exigiera compromisos verificables de empleo local; los convenios de inversión suscritos con el gobierno estatal miden activos fijos, no nómina sostenida.
De ahí que una planta pueda cumplir el compromiso de inversión anunciado e instalar simultáneamente un sistema que reduce su plantilla técnica sin que eso aparezca como incumplimiento en ningún indicador oficial.
El capital registra la ganancia del proceso; el trabajador absorbe el riesgo del ajuste tecnológico.
Cuando un egresado de ingeniería no encuentra empleo en su área, el diagnóstico oficial es individual: eligió mal la carrera, no se actualizó, le faltó inglés o certificación adicional; la política educativa no aparece en ese diagnóstico, tampoco el modelo de atracción de inversión que orientó la formación hacia perfiles que el propio mercado ya estaba contrayendo.
El pronóstico
En mayo de 2026, la Secretaría de Desarrollo Económico reportó un crecimiento industrial de 11.8% entre enero y abril, con lo que Tamaulipas se colocó en el segundo lugar nacional en actividad industrial; la cartera de inversiones confirmadas supera los 22 mil millones de dólares, según cifras oficiales.
La contradicción es directa: el indicador de actividad industrial sube mientras el empleo maquilador cierra por debajo del piso pandémico; más producción, menos trabajadores, esa es la ecuación que el modelo de automatización genera y que ningún comunicado oficial del gobierno estatal ha explicado.
En marzo de 2026, el gobierno estatal presentó en el Foro de Semiconductores México-EUA, organizado por la CANIETI, una estrategia que incluye reconversión de ingenieros hacia especialidades de alta tecnología en colaboración con la Secretaría de Educación y el COTACYT.
Es la primera señal pública de que el perfil formado durante una década ya no es el que el mercado requiere; que los ingenieros de manufactura estándar necesitan reconvertirse hacia automatización avanzada y semiconductores para mantenerse empleables en el corredor fronterizo.
El problema es el tiempo; una reconversión curricular real toma entre tres y cinco años en implementarse, y los estudiantes que hoy cursan segundo o tercer semestre de ingeniería industrial en Matamoros o Reynosa saldrán al mercado antes de que esa transición se complete.
La inversión empresarial en IA en México crecerá de 32 mil millones de pesos en 2025 a más de 110 mil millones en 2028, según proyecciones del sector tecnológico; en el corredor fronterizo eso se traducirá en más automatización instalada, no en más contrataciones del perfil que las universidades tamaulipecas producen hoy.
Ciudad Juárez, en Chihuahua, pasó de 488 mil 346 empleos maquiladores en diciembre de 2024 a 478 mil 759 en diciembre de 2025, una caída de casi 10 mil plazas en un año, según el IMSS; la tendencia corre paralela a la de Matamoros y Reynosa, con la misma causa: plantas que operan con plantillas menores porque la automatización cubre procesos que antes requerían técnicos de nivel medio.
Los perfiles con mayor crecimiento de demanda en el mercado laboral mexicano en 2026 son ingenieros y analistas de IA y Machine Learning, con salarios que superan 2.7 veces el promedio nacional, según el IMCO en Compara Carreras 2025; técnicos en automatización industrial concentran vacantes sin cubrir en el corredor fronterizo, ninguna de esas especializaciones forma parte de los planes vigentes en las universidades tecnológicas de Matamoros, Reynosa o Nuevo Laredo.
En México, las ofertas de trabajo que requieren habilidades de IA mantuvieron una tasa de crecimiento compuesta anual de 33.6% entre 2021 y 2024, según el Barómetro Global de la IA en el Mundo Laboral de PwC 2025; desde 2021, los empleos con exposición a inteligencia artificial crecieron 88% en el país, mientras el sistema educativo tamaulipeco sigue produciendo en dirección contraria.
La respuesta institucional en Tamaulipas a ese ajuste es inexistente; no hay programa estatal de reconversión laboral para egresados técnicos sin empleo en su área, no hay convenio publicado entre la Secretaría de Educación y las universidades tecnológicas para actualizar curricula, no hay indicador oficial que mida inserción laboral por carrera y municipio.
El gobierno estatal invirtió más de 26 millones de pesos en infraestructura física de universidades tecnológicas en 2025, según el ITIFE; la construcción de aulas avanza mientras la brecha entre lo que esas instituciones producen y lo que el mercado absorbe crece sin que nadie la registre.
Lo que ningún foro de inversión en Tamaulipas ha puesto sobre la mesa es qué perfil laboral requieren esas plantas hoy, comparado con el de hace diez años, y si el sistema educativo estatal puede cerrar esa brecha antes de que otra generación de egresados la encuentre por su cuenta, seis meses después de graduarse, cuando el mercado ya tomó su decisión.




